Rebeldía y éxodo en el mango… ¡parar la guerra en Colombia!

 
  Miguel Ángel Herrera Zgaib
  Director Grupo Presidencialismo y participación
 
   
 

“Aquí, la policía no está brindando ninguna seguridad”.
Habitante del corregimiento de El Mango.

Un testimonio directo

“No incendiamos una estación de policías, sino unas camisetas y basura”.
Dagoberto, presidente de la Acción comunal, El Mango (Cauca)

Dagoberto Muñoz, habitante del corregimiento de El Mango, y activista de la causa de la vida en ese pueblo azotado por la guerra, destruido en una tercera parte por ataques y combates entre las Farc-EP y la Policía Nacional, ha puesto en riesgo su vida, cuando comentó el pasado día lunes que este pueblo decidió darle cumplimiento a lo dispuesto por la asamblea ciudadana de esta población de 2.000 habitantes, azotada por la guerra de manera ininterrumpida.

El hecho, que produjo la salida de 60 policías que tuvieron que marcharse hacia la cabecera municipal de Argelia, coincidió con lo dispuesto por el poder judicial nacional, que ya sentenció en un caso similar en Arauca, que no se pueden instalar cuarteles ni puestos de policía en zonas aledañas a poblaciones que son teatro de combates regulares.

El emplazamiento policial puesto en el centro de humilde Villorio fue desmantelado con el uso de un bulldozer/retro-excavador, tal y como aparece en una de las fotografías difundida en la prensa, donde se muestra cómo son removidos los sacos de arena que servían de trinchera a los uniformados en peligro de muerte junto a los parroquianos que pretendían proteger.

Dago, líder y jefe de la acción comunal, desmintió el comunicado del general Palomino, quien no estuvo en el escenario de la acción común, cuando la población reunida decidió que la Policía tiene que salir del centro del casco urbano, se anticipó a hacer señalamientos, y a sugerir participación de la insurgencia en esta acción drástica de la ciudadanía deliberante contra la guerra civil que continua al mismo tiempo que se desarrollan las negociaciones de paz en La Habana.

La voz de un policía

Un policía enfrentando a la censura del general Palomino, quien los llamó cobardes; por el contrario, señaló que el gobierno nacional los abandonó. Además, los pobladores denuncian que los policías, metidos en funciones que no le corresponden, viven en unas condiciones deplorables. Más aún, por vía de tutelas no le permiten a la fuerza pública ocupar inmuebles dentro del casco urbano de El Mango.

Porque son preventivas las funciones que caracterizan a este cuerpo, que existió desde la antigua Grecia. La denominaban politia/politeia, y sus integrantes eran destinados a tareas de cuidado de la kinonia politike (la comunidad política).

Hoy en esta zona caliente, los policías de hoy están ateridos, apeñuscados, viviendo 60 de sus efectivos en una casa improvisada en el centro del corregimiento; en una situación miserable, sin garantía de poderle ofrece seguridad a los residentes en el corregimiento, porque no tienen la dotación requerida para repeler un ataque que le lance la insurgencia subalterna de las Farc-EP, de cualquiera de los dos cerros que enmarcan a El Mango que está en medio.

Recordando un episodio de la historia española, que inspiró un celebrado drama de Lope de Vega, cuando la población de Fuenteovejuna se subleva contra el Comendador y pone orden en medio del desorden institucional, los habitantes de El Mango ponen el dedo en la llaga como colectividad, y no aceptan ser títeres estratégicos en una guerra sin sentido, que se prolonga sin ton ni son.

La paz subalterna

La población en rebeldía, porque sabe y le comenta a las autoridades que se prepara un ataque con cilindros por las Farc-EP, realizó el primer acto significativo, autónomo que reclama otro tipo de paz, distinto a los bombardeos, a la respuesta con tatucos y minas; y mucho menos utilizar a la gente como escudos en una guerra fratricida, pretextando que se puede seguir negociando en medio de la guerra.

La gente de El Mango pone el grito en el cielo, para evitar luego de dos años, cuando menos, a raíz de lo escrito por la periodista Salud Hernández, protesta y rechaza que siga siendo utilizada como rehén, por la burocracia civil y policial que se apoltrona “cómoda y segura” en Bogotá. Ahí está la prueba de esta absurda guerra, y de una prometida y jamás cumplida seguridad: 75 casas destruidas, y abandono.

No pueden seguir “chupando”, politiqueros y fuerzas del orden, El Mango impunemente. El general Palomino tendrá que rectificar, más temprano que tarde, la valentudinaria acusación que lanzó contra toda una comunidad.

Es el tiempo que la gente de Colombia, que no está inoculada con el virus de la muerte porque la sufre en carne propia, salga a la calle, y fuerce una fórmula sensata, inmediata.

Sin embargo, el gobierno central, para aumentar la insensatez en que incurre de modo recurrente, decidió enviar ahora 600 efectivos entre militares y policías, dizque para brindarle seguridad y buen vivir a la colectividad en trance de volver a ser atacada.

La comunidad misma, ante el desconocimiento de su voluntad común, anunció ya que su defensa siguiente es el éxodo. Se trasladará toda a la cabecera municipal, Argelia, y le dejaré el pueblo abandonado a los dizque garantes de “la vida, honra y bienes de los colombianos”.

Al preparar la marcha fuera de su terruño hacen uso de la condición soberana, mejor, constituyente que se le reconoce en el artículo 3 de la Constitución, y al mismo tiempo esgrimen y aplican la sentencia que la Corte Constitucional ya falló en una situación equivalente en Arauca, otro departamento en guerra.

Para la ciudadanía, y para la historia de las negociaciones de paz, este gesto colectivo ha producido una inflexión definitiva en el curso de las hostilidades impuestas de modo simultáneo a la negociación de La Habana.

Lo que sigue con la acción decidida de estos habitantes del Cauca profundo es el apoyo decidido de la sociedad civil de los de abajo, a quienes le duele la guerra padecida en la propia carne, porque están sufriéndola en los tres bandos: las fuerzas armadas y de policía, la insurgencia subalterna y la sociedad civil. Su rebeldía es definitiva, su ejemplo y su coraje imborrables.

Con este pueblo de El Mango en rebeldía contra la supuesta “ética de la muerte,” como vanguardia de la desobediencia civil ciudadana tenemos que:

Parar la guerra. Y convertir las elecciones de octubre en una movilización general que le dé una lección definitiva al partido de la guerra, construyendo un frente común para resolver el conflicto y construir el posconflicto mediante una constituyente social. ¡Vamos!

Email: presid.y.partic@gmail.com

Edición 452 – Semana del 26 de junio al 2 de julio de 2015
 
 
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