Su santidad papa francisco, gracias

 
  Alonso Ojeda Awad
  Ex Embajador de Colombia en Europa
 
   
 

Produce un verdadero dolor de nación ver como se incrementan las muertes de soldados, policías, guerrilleros y población civil en medio de este irracional y esquizofrénico torbellino de violencia. Se han olvidado las más mínimas consideraciones que nos debemos todos los colombianos y una sin razón, atropella lo poco que en defensa de los Derechos Humanos, nos queda todavía. Los inmensos daños ecológicos que contaminan las fuentes de agua que surten los acueductos veredales y de poblaciones pequeñas, así como los daños generados sobre la infraestructura productiva, deben llevar los más rápido posible a planear un ¡detente!!!, antes de que sea demasiado tarde para corregir este errático rumbo de agresiones mutuas y sistemáticas entre los actores armados.

Por estas razones aparece como bálsamo milagroso, en medio de los oscuros nubarrones de bombardeos, emboscadas y ataques, el compromiso, las oraciones, palabras y gestos con los que su Santidad Papa Francisco ha decidido asumir su tarea apostólica, expresándole al Presidente Santos, en su último encuentro en el Vaticano, su decidido compromiso de vincularse la Iglesia y él personalmente, para ayudar en lo que Colombia considere útil y necesario en los inaplazables compromisos por la Paz. Y no es de cualquier monta este significativo apoyo y compromiso que expresa el líder más carismático de toda la cristiandad, cuando le aconseja al Presidente “perseverar en la búsqueda de la Paz”. Con toda seguridad de este tenor fueron las sabias recomendaciones que le hizo su Santidad a los Presidentes Barak Obama de los EE.UU y Raúl Castro de Cuba, que permitieron a estas dos naciones americanas cerrar el ciclo de más de cincuenta años de agravios mutuos y encontrar, por fin, la senda del mejoramiento diplomático y humanitario que mucho alivio reportara a las familias de estas dos sociedades envueltas en medio de situaciones agresivas que pusieron en riesgo la Paz mundial. Y qué decir de ese descomunal esfuerzo del Papa Francisco en las determinaciones y orientaciones que los EE.UU. Y sus aliados de Europa han desarrollado buscando el mejoramiento de la difícil situación en Siria y sus vecinos árabes.

Será muy importante que el Santo Padre acepte por petición de las partes (gobierno y Farc) jugar un papel determinante como mediador, pues esto se considerara como una tabla de salvación frente al agotamiento que pareciera acompañar a los integrantes de la mesa de dialogo. La reconocida autoridad de la Iglesia será garante vital para que los acuerdos logrados y firmados se cumplan en toda la extensión de la palabra. Para el gobierno del presidente Santos será el camino de hacerle llegar a la insurgencia, su palabra de compromiso por lograr una sociedad más justa y equitativa a través de los múltiples esfuerzos políticos y eleccionarios que se desarrollaran después de la firma del Acuerdo Final y sobre todo, la reafirmación que los nuevos movimientos políticos que nazcan, serán sagradamente respetados y protegidos por el Estado, alejando de las insurgencias ese recuerdo espantoso y doloroso que se vivió en los tiempos de la Unión Patriótica, donde más de tres mil miembros fueron impunemente masacrados por los “enemigos agazapados de la Paz”, que no permitieron el desarrollo y crecimiento de esa organización política alternativa. Y en igual sentido, las Farc podrán enviar a través del conducto papal su indeclinable compromiso de dejar atrás “la política de los fusiles” y acogerse, en toda su dimensión, a la lucha política estimulada y amparada por la Constitución Nacional.

En esta forma no tendrá ningún sentido ni respaldo alguno el hecho que se le dispare al proceso de Paz de La Habana, desde las agrupaciones políticas que siempre han estado en íntima relación con las jerarquías eclesiásticas, como son el partido conservador y el Centro Democrático. Si efectivamente los diálogos se plantean como el camino más corto y rápido para superar el odio, la violencia y las desigualdades, que mejor momento para apoyar al Santo Padre en este esperanzador compromiso.

La presencia del Vaticano, así como la de La Unión Europea, el gobierno de los EE.UU. Alemania, Noruega, Suecia, Cuba, todos los países hermanos de América, UNASUR, etc. deben convertirse en los portadores de todo el optimismo y los verdaderos garantes de no levantarse de la mesa y dar por concluida la agenda de los cinco puntos que fue la que facilitó el comienzo de los diálogos en Cuba.

Los colombianos tenemos el derecho y el deber de terminar esta guerra absurda y comenzar pronto la reconstrucción de todo nuestro tejido social, hoy seriamente afectado, sobre todo con el drama humanitario de más de seis millones de víctimas. La Iglesia colombiana conoce a profundidad esta dolorosa situación.

Por estas razones expuestas y con el respeto de usanza queremos expresar nuestros profundos agradecimientos a su Santidad Papa Francisco por ofrecer su autorizado acompañamiento a la altura que lo considere necesario el Presidente Santos y los delegados de las Farc. En los Diálogos de La Habana.

Edición 452 – Semana del 26 de junio al 2 de julio de 2015
 
 
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