La otra paz

 
  Álvaro González Uribe
  Columnista y abogado – @alvarogonzalezu
 
   
 

No por difícil deja de ser cada vez más urgente la tarea de que el Gobierno tienda puentes de manera inteligente con quienes dentro de la legalidad tienen diferencias con el proceso de paz.

Es labor del Gobierno debido a que por obvias razones lleva la iniciativa en todo este proceso, pero también los opositores -que los hay de diversas formas, intensidades y razones- deben tener más generosidad hacia Colombia, al menos bajando la guardia en la intransigencia para escuchar y luego dialogar que no implica en principio conceder nada. Solo disposición.

Lo afirmé en una columna hace seis meses y lo han dicho de mejor manera otros. Y hoy el escalamiento del conflicto hace más imperiosa esa necesidad. Paradójico, pero mientras fue avanzando más el proceso de paz, fueron arreciando sus críticos de todos los lados: con hechos terroristas y vociferaciones vehementes las Farc y con duras manifestaciones los opositores legales.

Es paradójico, pero tiene mucho sentido y va más allá del asesinato de los 11 soldados que se supone fue el inicio de este nuevo infierno que hoy vivimos: el asunto iba en serio y quienes no creían en el proceso advirtieron que este sí puede acabar la guerra aunque, obvio, no gratuitamente. Era una negociación, siempre se ha planteado así y ello implica concesiones bilaterales costosas. Pero eso sí: nunca más costosas que la guerra pasada, presente y quizá futura.

Para muchos es ser muy optimista creer en la paz hoy cuando las Farc con sus actos terroristas dejan sin energía y agua a cientos de ciudadanos y destruyen el medioambiente, pero también fuimos muy optimistas cuando luego de 50 años de guerra pensamos que era posible buscar y encontrar la paz. Es más: también fuimos muy optimistas cuando creímos hace tres lustros que a las Farc se las podía debilitar en ocho años luego del inmenso fortalecimiento que tuvieron durante su permanencia en El Caguán, pero se logró gracias a decisión política y a la gran labor de la fuerza pública.

El optimismo no es una equivocación. Es creer con razonadas bases en un mejor futuro. Pero no se puede quedar en creer: requiere mucho apoyo para lograr ese futuro.

Soy de quienes creen que ya todos estamos cansados de guerra y que todos queremos la paz. Pues bien, ya tenemos un fin común, ahora busquemos que el medio sea lo más consensuado posible. El medio está dado y marchando: las conversaciones de La Habana. Son una política legítima de un gobierno legítimo y democrático, una de cuyas obligaciones constitucionales es la paz. Sin embargo, el tema crucial en estos momentos duros es buscar y encontrar unos mínimos para lograr ese fin, buscar que el camino escogido por ese gobierno legítimo tenga una mayor participación para que el fin sea de igual tenor.

Me niego a creer que haya más diferencias entre quienes estamos en la legalidad que entre las partes del proceso de La Habana. Y no acepto bajo ninguna interpretación aquello de que el Gobierno adoptó las ideas de las Farc con el objeto de mostrarlo maquiavélicamente del lado del grupo insurgente. Para algunos es sonoro pero es completamente absurdo. Esa frase de cajón de que Santos es “castrochavista” no se la creen quienes la lanzan. Es una diatriba efectista para atraer incautos.

Sin duda, la paz con las Farc no ha sido ni será fácil. Pero en este momento parece mucho más difícil la paz entre quienes están del lado de la legalidad. Por razones históricas e ideológicas esta otra paz tiene que ser más fácil. Además, es requisito indispensable para lograr la primera y también para mantenerla.

Hubo un momento para la guerra –por desgracia- y hay un momento para la paz que ya llegó. Lo que requerimos es que toda Colombia trabaje unida para lograrlo pese a diferencias políticas o ideológicas, pese a las encuestas entendibles pero emocionales, y, por qué no decirlo, pese a las Farc. La guerra es la negación de la inteligencia y de los argumentos. Me niego a creer también que el problema de Colombia sea falta de inteligencia.

Edición 453 – Semana del 3 al 9 de julio de 2015
 
 
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