Una coalición democrática para la pedagogía de la paz

 
  Antonio Madariaga Reales
  Director Ejecutivo Corporación Viva la Ciudadanía
 
   
 

Los pasados 22 y 23 de julio se dieron cita en Bogotá más de 600 personas, delegados y delegadas de 123 organizaciones, redes e instituciones del orden nacional, incluidos partidos políticos, miembros de Consejos Nacionales y Territoriales de Paz, plataformas o alianzas impulsoras de la paz, movimientos campesinos y comisiones de paz del Senado y de la Cámara de representantes, organizaciones religiosas o de fe, personas en situación de discapacidad, gremiales, sindicales, étnicas, académicas, de víctimas, de mujeres y jóvenes, movimientos sociales y políticas artistas e intelectuales, entidades del gobierno nacional y del Distrito Capital. Un lugar destacado tuvo la presencia de la delegación de la ONIC y del Espacio Regional de Paz del Cauca, encabezados por la Guardia Indígena del CRIC, así como delegaciones de Santander, Guaviare, Tolima, Valle, Meta, Caldas, Atlántico y de las localidades de Bogotá.

Fue una clara muestra de confluencia civilista en condiciones de diversidad, respeto y tolerancia lo que permite garantizar comprensiones y acciones articuladas en respaldo al proceso de paz, en la búsqueda del cese bilateral y definitivo de fuego y en el paso de diálogos exploratorios a negociaciones formales entre el Gobierno y el ELN. Para el logro de este cometido fue fundamental el papel del Comité de impulso al Consejo Nacional de Paz.

La preocupación, reiteradamente manifestada por muchas de las y los asistentes sobre la poca difusión, comprensión y respaldo consciente a los acuerdos logrados en la Habana, estuvo acompañada de un conjunto de propuestas para superar esa debilidad del proceso.

Destacamos dos de ellas por su magnitud y sencillez y por el compromiso de los y las delegadas para ponerlas en práctica.

La primera de ellas hace referencia a desatar un amplio proceso de pedagogía de los acuerdos que fortalezca y utilice las redes de comunicación ciudadana, comunitaria y alternativa para que difundan con los lenguajes adecuados a sus públicos lo que está pasando en el proceso de paz. Debe incluir un proceso de formación de formadores para que tengan herramientas comunicativas y pedagógicas que puedan usar con las comunidades y en sus territorios. Cada uno y una de ellas se comprometieron a ser parte de ese gran esfuerzo y trabajar en todo el país para lograr ese objetivo.

La segunda es de gran trascendencia política y resulta de la comprensión de que la magnitud del desafío que representa llegar a la mayor parte de los colombianos y colombianas con una efectiva pedagogía de la paz requiere de una gran coalición democrática, entre el Estado y la Sociedad Civil, con el acompañamiento de la comunidad internacional.

Hay que resaltar la coincidencia entre este planteamiento del Encuentro y el lugar que progresivamente se ha venido construyendo para que por primera vez en la historia desde su creación, el Consejo Nacional de Paz tenga el papel protagónico que se deriva de su naturaleza plural y de las posibilidades de acción que la ley le otorga.

Resulta clave que rápidamente se puedan poner en marcha las acciones necesarias para concretar estas dos propuestas que mucho bien le harían al propósito compartido de “volcar la sociedad a la paz”.

Edición 456 – Semana del 24 al 30 de julio de 2015
 
 
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