Alonso Ojeda Awad
  Ex Embajador de Colombia en Europa
 
   
 

Son excepcionales las ocasiones en que estas tres respetables instituciones aparecen comprometidas con un propósito nacional de la importancia histórica de la Paz en Colombia. Con toda seguridad sienten la urgente necesidad de ayudar a nuestra nación a dar el salto definitivo que le facilite a la sociedad ganar los nuevos espacios, donde la reconciliación, el respeto y la solidaridad sean los renovados alientos que la impulsen para el logro supremo de sus máximas realizaciones.

El Secretario General de las Naciones Unidas Ban Ki-Moon nombró al francés Jean Arnault como el delegado de la ONU en la subcomisión para el fin del conflicto armado en Colombia. Este nombramiento es el resultado de la petición que el gobierno del Presidente Santos y los delegados de las Farc hicieron protocolariamente a la ONU para llevar a cabo el proceso de verificación en la terminación del conflicto armado. Jean Arnault es licenciado en Filosofía de la Universidad de la Sorbona en Francia y ha sido en varias ocasiones profesor en la Universidad Sciences de Paris. Es un importante investigador social del Centro sobre Cooperación Internacional en la Universidad de Nueva York de los Estados Unidos. Trabajará junto al delegado de Uruguay, país que está también, seriamente comprometido en lograr la Paz en Colombia, según lo han manifestado en varias ocasiones el ex Presidente José Mujica y el actual mandatario Tabaré Vásquez.

La Corte Suprema de Justicia a través de su Presidente, magistrado Leónidas Bustos fue claro en el mensaje al Presidente Santos. Con generosidad y profundo sentido de nación le dijo: “La Justicia lo acompaña en la Paz”. No hay ninguna duda que esta frase se convertirá en guía centinela para los complejos momentos que aún faltan para la firma de los Acuerdos finales. Y remató el Presidente de la Corte con estas frases de profunda convicción democrática: “La Corte Suprema de Justicia y la justicia en Colombia creen en la Paz y confían en su prudente juicio, en su ponderación”. Y terminó diciendo, “las formas jurídicas no pueden ser un obstáculo para la definición soberana del destino de la nación”, y, que, en cambio, “el derecho ha de servir al fin máximo de conseguir y mantener la convivencia pacífica del país”. Sin duda, esta altruista reflexión revela la profunda identificación con el artículo de la Constitución colombiana que expresa “La Paz es un derecho y un deber de irrenunciable cumplimiento”.

La iglesia católica a través de monseñor Augusto Castro quien viajó a La Habana para entrevistarse con los delegados de las Farc y conversar directamente con ellos acerca de la posibilidad real de la firma de los acuerdos de terminación del conflicto armado y del inicio del periodo llamado pos-acuerdo o posconflicto. Todos estos importantes movimientos de la Iglesia están coordinados prudencialmente con las nobles reflexiones y compromisos de su Santidad el Papa Francisco quien le manifestó personalmente al Presidente Santos, en el último encuentro ocurrido en el Vaticano, su férreo compromiso por ayudar, tanto él en su dignidad personal como la Iglesia, en lo institucional, a los nobles propósitos de poner fin a la violencia y poder iniciar un periodo de construcción de inclusión, equidad y verdadera justicia social. Es gratificante saber que la delegación de las FARC en La Habana, Cuba - está gestionando a través de finos y eficaces hilos diplomáticos la posibilidad de tener una audiencia personal con el Papa Francisco, cuando su Santidad visite la isla. Y esta posibilidad se ve cada vez más cercana dado el deseo manifiesto de su Santidad por ayudar decididamente a lograr la Paz en nuestra nación.

Estas demostraciones de compromiso real y concreto con los esfuerzos por alcanzar la Paz deben tener dos repercusiones inmediatas en nuestra sociedad. La primera, debe servir para que quienes estamos trabajando al unísono de estos desafíos sigamos redoblando esfuerzos, multiplicando las actividades de todo orden que ayuden avanzar, lo más pronto posible, a la concreción por la Paz y la convivencia. La segunda, debe señalar a los escépticos y contrarios a la Paz, que ya es hora de abandonar las actitudes agresivas y belicosas contra el proceso y más bien disponer sus corazones y sus espíritus a escuchar las sabias recomendaciones de la Iglesia, que ellos dicen tanto aceptar y seguir, como verdaderos hijos de Dios. Como les serviría escuchar y poner en práctica las enseñanzas de San Francisco de Asís en sus significativos aportes, cuando escribió “Oración de la Paz: ¡¡¡Señor, haced de mí un instrumento de vuestra Paz!!! Que ahí donde haya odio ponga yo amor; Que ahí donde haya ofensa ponga yo perdón; Que ahí donde haya discordia ponga yo armonía; Que ahí donde haya error ponga yo verdad; Que ahí donde haya duda ponga yo la fe; Que ahí donde haya desesperación, ponga yo esperanza; Que ahí donde haya tinieblas, ponga yo la luz; Que ahí donde haya tristeza, ponga yo alegría. ¡Oh, Divino Maestro! Que no me empeñe tanto en ser consolado, como en consolar. En ser comprendido, como comprender. En ser amado, como en amar, pues dando es como se recibe, perdonando se es perdonado y muriendo se resucita a la vida eterna”. Esperamos que los sectores políticos de derecha hagan realidad estos postulados nacidos desde lo más profundo de la fe cristiana y así nos ayuden a firmar la Paz.

Edición 460 – Semana del 21 al 27 de agosto de 2015
   
 
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