Álvaro González Uribe
  Abogado, escritor y columnista – @alvarogonzalezu
 
   
 

Desde hace mucho llueven las críticas sobre la falta de una pedagogía masiva y eficaz sobre el proceso de paz. El Gobierno ha intentado hacerla de diversas maneras pero aún no encuentra la estrategia adecuada.

El proceso de paz no se debió haber iniciado sin un plan de comunicaciones pertinente. Nunca se debe comenzar un proyecto sin definir la forma de comunicar su desarrollo de principio a fin. Dicha estrategia no tenía ni tiene por qué chocar con la necesaria confidencialidad que desde un principio se anunció sobre ciertos avances de los diálogos. Se trata de explicar la importancia de esos diálogos para cada ciudadano. Explicar suficiente y permanentemente que pasar de la guerra a la paz con las Farc podía –puede- cambiar la vida cotidiana de las personas.

El proceso de paz no iba a ser fácil, pero hubo un mal cálculo. El Gobierno pensó que el problema principal serían las propias negociaciones, pero no, por mucho que existan posiciones encontradas entre las partes que hasta parecieran irreconciliables, la lucha más difícil se ha librado dentro de la institucionalidad con la oposición. Los opositores han sabido aprovechar las dificultades del proceso con una comunicación más efectiva, entre otras cosas porque es más fácil.

Cuando el Gobierno se dio cuenta ya tarde de esa falencia ha intentado corregirla: discursos, correrías del comisionado de paz y hasta una maratónica sesión de Twitter del presidente con los ciudadanos. Sin embargo, sigue faltando, en especial porque nuevos hechos van creando otras necesidades de comunicación como sucedió con el accidente del helicóptero en Urabá.

No es con palomas ni frases efectistas, no, hay que llegar de otra manera al pueblo raso explicándole cómo cambiará su vida si las Farc dejan las armas; crear en la imaginación de los ciudadanos cómo es un país sin guerra.

Muchos colombianos, quizás los más en vida, no saben lo que es un país en paz, y piensan que lo natural es que haya guerra. Así se han acostumbrado a vivir y por tanto, como tienen incorporado al paisaje y a la cultura esa situación, no ven necesario un cambio porque así han vivido, ya sea como espectadores, como testigos y hasta como víctimas: “así nos tocó Colombia”.

Y entre tantos colombianos que no saben lo que es un país en paz, que ni se lo imaginan y no conocen las ventajas de tenerlo, están los jóvenes. Los jóvenes, en especial los urbanos, son un sector que requiere de una mayor explicación, no solo de país, sino de la paz de ese país.

Nuestra juventud -la que no está en la guerra, por supuesto- necesita entender su tierra, su nación y su paz. Necesita saber que hay algo más allá de las bandas de música, de los equipos de fútbol, de sus estudios, de las esquinas donde se paran, de sus diversiones y hasta de los sufrimientos de sus hogares.

Esa juventud tiene que saber que Rock al Parque, partidos de fútbol, parches, rumbas, universidades, colegios y trabajos tempranos, requieren de un sustento llamado sociedad organizada que la mayoría de jóvenes no alcanza o no quiere percibir. Por desconocimiento, por desesperanza o por resignación ven solo lo que está a pocos días, nunca el pasado, nunca pasado mañana.

Colombia debe saldar una gran deuda que tiene con sus jóvenes involucrándolos al proyecto de nación, metiéndolos en el país, demostrándoles que Colombia no es solo una selección de fútbol, enseñándoles sociedad y ciudadanía, convirtiéndolos en actores claves de la paz.

Al común de nuestros jóvenes no los seducen los “grandes” temas de los adultos. No les importan unas elecciones, ni saben a quién se elige ni para qué y menos qué se juega hoy en La Habana. Ellos presienten ese país, saben que existe, pero que de él se encarguen otros si es que hay solución. Mientras tanto, vivir el día a día. Unos en pésimas condiciones económicas, otros en mejores y algunos con mayor suerte, pero todos descolombianizados.

El reto es lograr que los jóvenes se apasionen por la paz como sustento para mejorar lo que tienen y como manera de tener un futuro.

Edición 460 – Semana del 21 al 27 de agosto de 2015
   
 
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