Miguel Ángel Herrera Zgaib1
 
   
 

Los entretelones de una tragicomedia

“No es momento de hacer sonar las trompetas de guerra…”
J.M. Santos, presidente de Colombia.

“Presidente Santos, con todo respeto, a Ud. lo están engañando, en todos estos  años han entrado a Venezuela más de 800.000 compatriotas colombianos, y ¿dónde están esos patriotas y quiénes entran de Colombia para acá?”
Nicolás Maduro, presidente de Venezuela.

Hace más de dos semanas que se inició la crisis fronteriza binacional, que pone en confrontación los liderazgos políticos y económicos de  Venezuela y Colombia, dos naciones “hermanas”, pero distantes, desde los tiempos del proyecto Bolivariano de la Gran Colombia, el cual, por lo visto y dicho por los adversarios de nuevo tipo, dos siglos después continúa “en pañales”.

La crisis coyuntural partió del ataque a tres miembros de la Guardia Nacional de Venezuela, que impactó también a un ciudadano de esa república. La respuesta del presidente Nicolás Maduro no se hizo esperar, y al poco tiempo se cerraron los pasos de frontera, los dos dotados de puentes que son las vías de acceso normales, así como las 67 trochas reconocidas, de las más de 150 que inventarían los baquianos que se mueven entre un país y otro; atraídos todo estos años por las ventajas comparativas, legales e ilegales, que les ofrecía de cuando en vez el rumbo opulento o deprimido de cada uno de los países, en particular, Venezuela, cuando los precios de su petróleo eran boyantes.

Los dos escenarios más socorridos para esta crisis son, de un lado, Cúcuta, y de otro, San Cristóbal. Las dos capitales del deprimido departamento de Norte de Santander y el otro del estado Táchira. La tierra de “los gochos”, donde la derecha venezolana es una fortaleza, pese a que perdiera recientemente la gobernación de este estado que está en cabeza de un chavista.

Contrabando y Paramilitares

Hasta cuando hubo el colapso neoliberal, que protagonizó como líder gobernante, el fallecido Carlos Andrés Pérez, que catapultó a los pocos años a su enconado rival, el comandante Hugo Chávez para convertirlo en el sepulturero del Acuerdo de Punto Fijo, y primer autoridad de la República Bolivariana, el mal, soportable, con buenos precios del oro negro, era el contrabando, de petróleo de un lado, y de toda clase de productos baratos traídos de Estados Unidos y otros destinos; y por otro, la compra de mercancías diversas, y el tránsito de capitales colombianos para establecer industrias y surtir los entusiasmos consumistas de la amplia clase media venezolana.

Después, y habiendo salvado la encrucijada del golpe de estado de 2004, la cosa se agrió, porque el principal golpista vino a refugiarse en Colombia, bajo el cobijo del derecho de asilo, y el brazo protector del presidente Álvaro Uribe Vélez, el más enconado contradictor y rival del que llama Castro-Chavismo, y quien fallecido el Cdte Chávez mantiene un cerrado duelo de improperios y descalificaciones con su homólogo del otro lado de la frontera.

Y el clima se dañó, de una parte, porque el socialismo del siglo XXI atrajo, en palabras de Maduro, a más de 800.000 colombianos, no solo para votar en elecciones, sino para disfrutar de la derrama del petróleo, que sacó de la pobreza a millones, dotándolos de vivienda, alimentación, educación, salud y recreación; cosas jamás soñadas por la pobrería, las multitudes a lado y lado de la frontera.

Pero, en esos focos de miseria, del lado colombiano en particular, estaba la cercanía de las explotaciones de petróleo, y con ello la presencia guerrillera de años atrás, del Eln y las Farc, y algunos reductos del Epl, que tienen como cabeza visible a Megateo, objeto de cerrada persecución por estos días.

En la frontera se han creado comunidades proclives a las insurgencias subalternas, desde antaño. Pero luego con los dos gobiernos de Uribe, el paramilitarismo, las Auc, se dedicó desde el Magdalena Medio, primero, y luego, asentándose en el Catatumbo, con la comandancia del extraditado Salvador Mancuso, a limpiar la extensa zona fronteriza de narco-terroristas y sus bases de apoyo natural.

La intervención del expresidente Pastrana, primero, y la de Uribe después, brillaron por su ausencia, uno, en cuanto a persecución del mal del contrabando; y dos, del paramilitarismo que se paseó orondo haciendo todo tipo de bestialidades, hasta extender sus incursiones, también del otro lado de la frontera, para intimidar y perseguir a los asentamientos de invasión, o algunos vecindarios más consolidados, donde existe simpatía y eventuales apoyos con la causa de la insurgencia.

Uno de aquellos momentos sintomáticos ocurrió, cuando el expresidente Uribe y sus cuerpos de seguridad realizaron una operación comando en Caracas, dándole captura al guerrillero Granda, parte del frente internacional de las Farc-ep, sustrayéndolo de modo clandestino, y con apoyo de las fuerzas policiales y la guardia fronteriza del hermano país, para trasladarlo a Cúcuta, y ponerlo a resguardo de las autoridades colombianas.

Fue esta una operación similar a la hecha en Quito, para hacer prisionero a Simón Trinidad, trasladarlo a Colombia, y extraditarlo luego a los Estados Unidos, bajo cargos de narcotráfico. Estas acciones produjeron un ejercicio de belicosidad y peligrosidad en las fronteras binacionales, y convirtieron a Álvaro en una especie de pequeño César cruzando el Rubicón a voluntad para darle satisfacción a su programa de “seguridad democrática”.

El presente oscuro y los vociferantes

La elección de Santos como presidente, luego de haber sido centurión “de la noche” de la seguridad de Álvaro Uribe, para sorpresa de su mentor, y rencor manifiesto, cambió el rumbo de la inseguridad fronteriza ya conocida, porque se dispuso de nuevo a negociar la paz con la insurgencia de las Farc-Ep, interrumpida por una década; y entonces el presidente Chávez se convirtió el nuevo “mejor amigo”, y la canciller María Ángela Holguín, y su homólogo Nicolás, hoy convertido en presidente, por muerte del Cdte Bolivariano, desarrollaron una ejemplar relación, de la que el encuentro en Santa Marta fue un episodio ejemplar, casi de postal.

Pero, esta luna de miel, que se tradujo en tener a Venezuela como acompañante, junto con Cuba y Noruega, de la negociación de paz de La Habana se fue llenado de cardos y espinas, en buena parte, debido a la campaña de desprestigio y señalamientos desarrollado por el ex Uribe, y su guardia política del Centro Democrático.  Y este problema se hizo mayúsculo cuando hace algo así como un año la renta petrolera de ambos países empezó a achicarse, y las posibilidades de asistencia popular, y reparto de la misma en Venezuela se hizo menos viable.

Sin embargo, el subsidio a la demanda popular, y fronteriza se mantuvo hasta hace 2 semanas; y entonces vino el intempestivo cierre del grifo, que en cifras reales señala que la venta y compra de gasolina venezolana se favorece en una proporción de 1 a 70, a favor de Colombia. Así que el odiado “socialismo del siglo XXI” es la riqueza de los avivatos colombianos que realizan la acumulación originaria del capital de las hormiguitas que mueven el negocio en pimpinas, mientras otros lo hacen en carro tanques con la corruptela de venezolanos civiles y militares que los auxiliaban, a cambio de hacerse ricos a costillas de este ensayo de revolución a medias, en medio de la voracidad capitalista.

El desenlace de los últimos días

Con el cierre de los pasos de frontera vino el éxodo de los más débiles, y el refugio de las cabezas de las Bacrim y los paramilitares de viejo tipo (Auc y herederos), a uno y otro lado de la espinosa y mísera frontera nacional. Los colombianos pobres con sus familias llevando sus corotos al hombro, y a como diera lugar es un paisaje humano desolador, de lo cual los medios de comunicación colombiano han hecho su agosto sin escrúpulo alguno.

Al respecto, el presidente Maduro, su canciller, y la cabeza de la Asamblea han respondido, tratando de disminuir el drama humano, y la destrucción de los barrios de invasión construidos del lado venezolano, en la franja de 16 kms., que es sitio de protección que los países tienen en defensa de su soberanía. Lo cual no se respeta por la pobrería y la delincuencia en ninguna de las fronteras olvidadas y abandonadas que tiene Colombia, y cuyas desgracias hoy, más que nunca se hicieron visibles ante todos.

Hace prácticamente dos días desfilaron las comitivas oficiales, presididas por las cancilleres, Holguín y Rodríguez sin sus presidentes respectivos, y no llegaron a acuerdos definitivos, pero sí se sacaron los cueros al sol. Se quedó por parte de los defensores del pueblo binacionales que se reunirían para que el de Colombia pudiera acompañar el éxodo de colombianos deportados, y que pudieran transportar sus muebles y enseres de una forma humana, y sin más sobresaltos y humillaciones. La respuesta del lado venezolano no ocurrió, y la consecuencia ha sido, que el presidente Santos llamó a consultas al Embajador Lozano, y otro tanto hará el de Venezuela.

A lado y lado de las fronteras, los antes amigos hoy se muestran los dientes como adversarios, y los extremistas de derechas de ambos lados, los incitan a que de la noche a la mañana se conviertan en enemigos. Y las voces liberales de Colombia como Serpa y Gaviria, han llegado hasta el punto de llamar a seguir con la negociación de paz con o sin Venezuela, y el otro a calificar a Maduro de dictador y tirano, repleto de iracundia en sus gesticulaciones.

Maduro, por supuesto, ha descalificado a Uribe, recordándolo como cabeza paramilitar, y criminal internacional en excesos retóricos cuyas pruebas jurídicas, a lado y lado de la frontera, hasta hoy son inexistentes.

Que queda, que los colombianos y venezolanos pongamos en su sitio a las dirigencias de los dos países, reconstruyamos las relaciones y transformemos para bien las fronteras abandonadas donde la vida ilegal y la miseria más abyecta campean con las riquezas de los delincuentes que se sirven de los trabajadores, pobres y necesitados, que en su gran mayoría provienen de Colombia. Dura y urgente tarea, a la que esta confrontación y éxodo inhumano le han puesto el colofón y el cascabel al gato. Y no es posible apachurran verdades con detonantes demagógicos y retóricas de guerra y ofensa  ofrecidas a granel, por equivocadas direcciones políticas de lado y lado de la fementida patria de Bolívar, ayer como hoy.

1 Director Grupo Presidencialismo y participación, y del Proyecto Seminario Internacional A. Gramsci. Autor: Antonio Gramsci y Pensamiento de Ruptura. Email: presid.y.partic@gmail.com

Edición 461 – Semana del 28 de agosto al 3 de septiembre de 2015
   
 
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