Adolfo Pérez Esquivel
  Activista argentino defensor de Derechos Humanos – Tomado de www.alainet.org
 
   
 

Hiroshima, es la memoria trágica de ese 6 de agosto de 1945, a las 8.15 hs. cuando el mundo fue sacudido por la violencia extrema de la guerra e inaugura la época nuclear, cambiando el pensamiento y vida de la humanidad.

Pasaron 70 años del horror de miles de víctimas inocentes, pero aún hay quienes buscan justificar lo injustificable de las razones, de la “razón armada” cuando Henry Truman, ordena arrojar la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki y sus consecuencias perduran en el presente.

Cada vez que llego a Japón necesito ir a Hiroshima, recorrer sus calles, ver los miles de rostros que llegan de diversas partes del mundo en el Parque Monumento de la Paz, que se levanta como testimonio que el mundo no puede volver a caer en tanta crueldad y degradación; es una necesidad interior de unirnos en la oración junto a otras creencias, con otros pensamientos y corazones que buscan la Paz.

Tengo presente en el tiempo al encuentro con el Padre Estanislao, ermitaño de la Abadía de Monserrat, que sintió el llamado de Dios en el desierto de Jerusalén y partió rumbo a Hiroshima y dedicó su vida orando por el pueblo japonés y la humanidad.

Necesitamos el silencio interior, y la oración compartida en comunidad, ese momento de unidad espiritual con el hermano ermitaño Estanislao, de hermanos y hermanas, budistas, cristianos, judíos, islámicos que oran y unen sus espíritus en bien de la Paz.

Necesitamos escuchar las voces de los profetas y trabajadores por la Paz que construyen día a día la esperanza de un nuevo amanecer y saber que no todo está perdido.

El horror desatado sobre Hiroshima y Nagasaki se extendió en el mundo dejando sus heridas abiertas. Los gobiernos, las ambiciones del poder dominación marcan el olvido y la indiferencia, ignoran lo vivido y vuelven a generar nuevos conflictos y guerras; provocan genocidios en distintas regiones de la tierra incrementando otras guerras silenciosas, como el hambre, la pobreza, la violencia desatada contra la Madre Tierra que daña la Casa Común del planeta.

No podemos olvidar, debemos ser testigos de la memoria y creo que esta nota escrita en el año 2010, tiene vigencia y es un aporte a la reflexión sobre el camino a seguir. Saber que, somos responsables de nuestro propio destino, lo que sembramos recogemos.

¡Un abrazo de Paz y Bien…!

Edición 461 – Semana del 28 de agosto al 3 de septiembre de 2015
   
 
Importante: Cada autor es responsable de sus ideas y no compromete el pensamiento de Viva la Ciudadanía. Se permite la reproducción de nuestros artículos siempre y cuando se cite la fuente.
 
 
 
 
comentarios suministrados por Disqus