Antonio Madariaga Reales
  Director Ejecutivo Corporación Viva la Ciudadanía
 
   
 

La noche del miércoles 23 de septiembre lejos de Colombia y mientras veía las imágenes que desde La Habana transmitían el momento histórico de la firma del acuerdo del sistema integral de verdad, justicia y reparación y consecuentemente con ello, llegaba a la certeza de que el sonido que se oye no es el de los fusiles es por el contrario el del fin del conflicto que toca las puertas de Colombia, acompañado del ruido atronador del silencio de los fusiles, cuya cuota inicial, el desescalamiento, según CERAC nos ha llevado a niveles del conflicto armado similares a los de 1975, sentí que la Colombia que quiero, que queremos la mayoría de las y los colombianos, es la que simboliza ese apretón de manos entre Timochenko y Santos, la Colombia de la reconciliación.

Y es la de la reconciliación, no porque hayamos eliminado nuestras diferencias, es porque estamos escogiendo no eliminarnos por ellas.

De hecho lo que se conoce del acuerdo sobre justicia aun nos genera dudas porque pudiera por lo sofisticado ser eventualmente engorroso en los procedimientos, o la no mención del tema de la extradición; como nos la generan aspectos diversos de todos los puntos acordados hasta ahora; la alimentación y operación del Fondo de Tierras o la construcción del Estatuto de la Oposición o la necesidad de acabar la Guerra contra las Drogas, o los pocos dientes de la Comisión de la Verdad sólo por mencionar algunos.

Pero la certeza de la firma de un acuerdo de fin del conflicto con las FARC aumenta nuestra expectativa de un prontísimo inicio de las negociaciones formales públicas con el ELN.

En general hemos avanzado mucho y mucho se conoce de lo avanzado.

Podemos constatar entonces que existen definidas públicamente las siguientes rutas:

- Una ruta centrada en los derechos de las víctimas que contiene un Sistema Integral de Verdad, Justicia y Reparación que crea la jurisdicción especial de Paz, y la Comisión de esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No-Repetición.

- Una ruta que pretende desarrollar y dar satisfacción a los largamente aplazados derechos de la población rural en el acuerdo de desarrollo rural integral.

- Una ruta que busca incorporar el enfoque de género a través de la subcomisión correspondiente.

- Una ruta para abrir el espacio político y de acción comunitaria a través del acuerdo de participación.

- Una ruta para abordar la problemática de la producción de drogas de uso ilícito.

Lo que definitivamente no existe es la Ruta Ciudadana para la Paz que desarrolle la necesaria pedagogía y movilización social para la comprensión, Refrendación e implementación de los acuerdos de la Habana.

Existen múltiples, tal vez cientos de iniciativas parciales y limitadas, desarticuladas y por tanto insuficientes para el tamaño del desafío que en lo concreto puede tasarse en la refrendación en al menos diez millones de votos por el sí.

Como lo ha reconocido el propio Comisionado de Paz Sergio Jaramillo ante el Consejo Nacional de Paz, en pedagogía y comunicación para la paz el gobierno ha hecho poco y para ser generosos diremos que no lo ha hecho lo bien que se requiere.

Ahora nos surge una gran preocupación. Sin debate en la sociedad, el Consejo Nacional de Paz tiene funciones para ello y no ha sido consultado para ejercerlas, sin debate con las autoridades regionales y locales que serán las principalmente involucradas, el gobierno prepara misteriosamente un Plan Marco de Construcción de Paz (PECP) y en él un Plan de Respuesta Rápida (PRR), que atiende a los resultados que se juzgan indispensables para estabilizar la paz y crear confianza en que la implementación de los acuerdos en su primer año va a producir mejoras reales en la calidad de vida de la población de los municipios más afectados por el conflicto.

Si ese es efectivamente el criterio predominante en el Ministerio del Postconflicto la estupenda idea de la paz territorial puede darse por naufragada y tendremos más de lo mismo; decisiones centralistas y centralizadas de lo que debe ser parte de la ampliación de la democracia como otra expresión del fin del conflicto.

Seguimos insistiendo en la necesidad de construir un consenso básico con sectores organizados de sociedad civil y Comunidad Internacional sobre un Gran Programa Nacional de Reconstrucción de Colombia que parta de recuperar experiencias como el FOREC o el PNR, pero poniéndoles mucha, muchísima ciudadanía.

Hay muchas razones para la esperanza, seguimos convencidos de la conveniencia de la negociación y seguiremos trabajando en la comprensión y el apoyo a los acuerdos. Pero No estamos ciegos.

Edición 465 – Semana del 25 de septiembre al 1º de octubre de 2015

   
 
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