Álvaro Villarraga Sarmiento
  Directivo CNMH, integrante FUCUDE, catedrático
 
   
 

Muchos opinan con razón que es prácticamente inevitable que existan oposiciones o disidencias armadas desde un grupo insurgente cuando este pacta la paz. Corresponde entonces contrarrestar al máximo todos los riesgos de que esto suceda. Las guerrillas nacionales que han pactado la paz M19 y EPL tuvieron expresiones bastante minoritarias de disidencias y rearmes que causaron efectos negativos de distinto orden frente al proceso de paz, los territorios y las poblaciones. “Megateo” fue un caso muy diciente de ello, tras ser reclutado siendo menor de edad por una facción armada disidente al pacto de paz del EPL en Norte de Santander, llegó con el correr de los años, ante la degradación delincuencial de dicha agrupación, a convertirse en uno de los más reconocidos narcotraficantes y líder de las redes mafiosas ligadas con los rezagos paramilitares. Experiencia que entrega alertas y lecciones ahora a las FARC y al ELN, tanto por los riesgos que tienen sus procesos de paz como por la cercanía y relación histórica que tuvieron con esta experiencia.

Firmada la paz con el M19 en 1990 quedó entre Cauca y el Valle una pequeña disidencia armada, el “Jaime Bateman Cayón”, grupo que unos años luego intentó desarrollar diálogos de paz con el gobierno Samper, los cuales fracasaron ante la debilidad de este grupo, hecho que lo llevó a su pronta desaparición, en medio de la falta de respaldo social y producto de la presión militar del Ejército, de una parte, y del VI Frente de las FARC-EP, de otra. Curiosamente este gobierno ante la imposibilidad de desarrollar un proceso de paz con las guerrillas que persistían, FARC y ELN, en medio de su elección contaminada por dineros de origen ilícitos del narcotráfico, le dio estatus de movimiento insurgente a este grupo disidente y adoptó algunos acuerdos iniciales, recurriendo a asesoría interna e internacional, pero al llegar al terreno el propio Ministro del Interior de la época, Horacio Serpa, se encontró que en el norte del Cauca donde actuaba tal agrupación, las comunidades indígenas rechazaron con movilización masiva el que tuviera cualquier tipo de representatividad o legitimidad en sus territorios. Allí empezó el repliegue y la disolución de esta agrupación.

Suscritos los acuerdos finales de paz con el EPL, en el contexto de la convocatoria e inicio de los trabajos de la Asamblea Nacional Constituyente, en 1991, esta guerrilla que era la de mayores presencias regionales y territoriales y en número de efectivos de las que se han acogido a la paz, tuvo varias expresiones disidentes armadas, las cuales aunque bastante reducidas se registraron en la mayoría de las regiones donde habían actuado con anterioridad sus frentes guerrilleros rurales. Al inicio algunos pocos líderes históricos de esta insurgencia intentaron sin éxito reorganizar el proyecto guerrillero, pero ni las condiciones ni sus capacidad y el alejamiento por lo regular por una o dos décadas de la actuación guerrillera les permitió hacerlo. En tales circunstancias, tales grupos disidentes conformados por guerreros muy jóvenes y sin participación de cuadros políticos ni mandos militares, progresivamente se degradaron, desaparecieron o fueron destruidos, bien producto de la presión militar oficial o de ataques de las FARC, en reacción a su descomposición delincuencial. Parte de estas agrupaciones terminó asimilada a las estructuras paramilitares.

De los 18 frentes rurales que tuvo el EPL y que se desmovilizaron en el pacto de paz, quedaron o se rearmaron inicialmente 13 pequeñas disidencias o rearmes ubicadas principalmente en Urabá, parte de Córdoba, occidente de Antioquia, Risaralda, Putumayo, Magdalena Medio, Catatumbo y Sierra Nevada, de forma que en el curso de los años 90 casi todas desaparecieron en tales circunstancias. Pero sobrevive hasta la actualidad solo uno de tales grupos ubicado en el Catatumbo, precisamente el que había liderado en la última década Víctor Ramón Navarro, conocido como alias “Megateo”.

En Norte de Santander con arraigo campesino, estudiantil y de sectores de trabajadores rurales y urbanos, actuó históricamente, entre 1976 y 1991 el Frente Libardo Mora Toro, el cual consiguió desplegarse hacia Santander y el Magdalena Medio, dando lugar al desdoblamiento en otros tres frentes guerrilleros. Después del retorno a la vida civil y la participación en confluencia con otras vertientes políticas de izquierda, el EPL en la legalidad de llamarse por unos meses “Esperanza Paz y Libertad” engrosó la Alianza Democrática, luego se proyectó al Polo Democrático Independiente y parte de sus ex miembros han nutrido hasta la actualidad proyectos políticos como el PDA, el Partido Alianza Verde, el Movimiento Progresistas, en algunas regiones vertientes progresistas del Partido Liberal y numerosas dinámicas de los movimientos sociales, en especial en exigencia de derechos, en derechos humanos y en lo que se configuró como el movimiento social y ciudadano por la paz entre los años noventa y dos mil.

Entre tanto, las disidencias al pacto de paz del EPL, lamentablemente en parte alentadas al momento por las guerrillas no acogidas a pactos de paz que tuvieron en el contexto de la reforma constitucional más importante que ha tenido el país en su historia, quienes señalaron los acuerdos de paz como una “traición a la revolución”. En varias regiones sobrevinieron ataques de estos grupos disidentes contra líderes políticos, dirigencias sociales y ex integrantes del EPL amnistiados y acogidos a la paz, tras estigmatizarlos como “contrarrevolucionarios” al servicio del Estado. Especialmente en Urabá se acentuaron tales ataques, los cuales fueron rechazados inicialmente mediante la movilización política y la denuncia, pero luego en una actitud que podría explicarse pero no compartirse, desde algunos sectores acogidos a este pacto de paz se produjo un rearme, los Comandos Populares, que de pretender actuar como autodefensa en coordinación con las fuerzas militares en la región, derivó con parte de sus integrantes en una expresión paramilitar. Paradójicamente, la disidencia del EPL entre Urabá y Córdoba, tras ejercer tal ola de violencia degradada, en buena parte en acción coordinada con las FARC, se replegó hacia Córdoba, se entregó al Ejército Nacional y terminó buena parte de sus integrantes también en las filas paramilitares.

Entre tanto, en Norte de Santander ex combatientes amnistiados del EPL sobresalieron en el liderazgo político social y ciudadano, convergiendo con otros amnistiados del M19 y la CRS. Sin embargo, también sufrieron ataques que ocasionaron muertes, atentados y desplazamientos por parte del grupo disidente del EPL y luego de forma sostenida por el paramilitarismo desde su fuerte incursión entre 1999 y 2004. A la vez, desde estas décadas hasta la actualidad se prolongaría como único caso nacional hasta la actualidad la disidencia del EPL, que retomó el nombre histórico del Frente Libardo Mora Toro del EPL básicamente por los siguientes factores:

- La dinámica de positiva de unidad guerrillera existente en Catatumbo durante varias décadas. El ELN y el EPL tenían tradición de entendimiento, unidad y experiencias de actuación conjunta en décadas anteriores, siendo además de mayor presencia y potencial militar que las FARC-EP, de presencia más tardía. Ante la cruenta incursión paramilitar de las AUC en medio de la militarización oficial, las guerrillas no fueron derrotadas. La disidencia del EPL se ha situado en un nicho histórico de décadas del EPL entre Hacarí, San Calixto, la Playa y parte de Ocaña, teniendo límites con frentes de las FARC hacia municipios del oriente y del ELN del occidente. Tras la parcial desmovilización paramilitar esta disidencia se ligó a fondo con negocios del narcotráfico, de forma que según reportes de distintas fuentes e investigaciones y sentencias judiciales, ha derivado en una estructura con control armado territorial pero como red armada mafiosa, articulada con rezagos paramilitares en la región, los cuales en los años recientes hacen parte de los Rastrojos y mantienen acuerdos y negocios con los Urabeños.

- La disidencia del EPL, entre el Catatumbo y la Provincia de Ocaña, ha actuado en unos municipios, en zonas colindantes con frentes del ELN y las FARC-EP, a la vez que ante la incursión paramilitar de finales de los años 90, en esa región, las guerrillas reaccionaron unidas en su contra. En tal sentido, el entorno le fue favorable a esta fracción guerrillera, que se prologó en el tiempo, a pesar de no contar con dirigencias políticas ni militares del perfil necesario, con referencia a lo que fue históricamente este movimiento insurgente. Sin embargo, información procedente de la región desde hace más de una década, de fuentes sociales, institucionales y estatales, dan cuenta del fuerte nexo este Frente Libardo Mora Toro del EPL y la economía del narcotráfico y sus actores, relevante en la actualidad con la estructura narco-paramilitar denominada Los Rastrojos. Información actual de fuentes regionales expresa esa articulación, al punto de afirmar que existe una estructura proveniente de lo que fue la disidencia del EPL, más reducida, y otra estructura de despliegue armado articulada con Los Rastrojos, para un centenar de personas armadas que conforman esta expresión particular, que a la vez está desarticulada de cualquier otra expresión insurgente en el contexto nacional.

- El dirigente de este grupo, Megateo, antes que un líder insurgente por sus declaraciones, expresiones, vestimentas y actuaciones, se revela como jefe de un grupo asimilable a las mafias articuladas a las economías ilegales. Informes oficiales e infiltraciones del CTI, que llevaron a infiltraciones dobles por vía de la corrupción, implicaron la captura y procesamiento de un importante funcionario regional de esta institución, Javier Francisco Bermúdez, en medio de la revelación de fuertes negocios relacionados con el narcotráfico. Un fallo de la Corte Suprema de Justicia de 2014 impuso condena a esta persona y reveló lo que denominó “una alianza macabra entre Bermúdez y alias Megateo”. El caso incluye el asesinato de personas que colaboraron con la justicia al denunciar delitos de narcotráfico por parte de la alianza entre el grupo de Megateo, los narcotraficantes y agentes oficiales corruptos; sobrevinieron vendettas con asesinatos entre participantes en las exportaciones de cocaína, la cual calculan las autoridades en al menos diez toneladas solo en 2010, en medio de otra serie de hechos delictivos propios de las redes mafiosas.

En consecuencia, resulta incoherente y sin sentido de realidad lo que se pretendió desde algunos sectores no suficientemente informados de la complejidad y profundidad de lo sucedido, cuando propusieron dar estatus de movimiento insurgente nacional a esta última fracción de las disidencias del proceso de paz del EPL.

Se trata de un grupo que opera solo en un ámbito regional y que está por esclarecer si todavía podría considerarse como una expresión de insurgencia que haría viable su adhesión, en tal ámbito regional, a los compromisos derivados del proceso de paz con las actuales insurgencias, o si se trata de un grupo definitivamente descompuesto y asimilado a los rezagos narco-paramilitares. La experiencia del conflicto armado y los procesos de paz en Colombia y en el mundo registra que existen altas posibilidades de riesgo de disidencias armadas tras los pactos de paz con los movimientos insurgentes, hecho necesario de prevenir en los actuales procesos. Pero ante tal eventualidad no resultaría nada justo históricamente que si se logra firmar la paz con las FARC-EP y el ELN, al cabo de unos años, ante la pervivencia o surgimiento de cualquier fracción disidente armada, se menoscabara tal logro de la paz y se pretendiera reabrir nuevas negociaciones de paz supuestamente en nombre de lo que fueron respectivamente las FARC-EP y el ELN como movimientos insurgentes.

Quedaría sí la difícil posibilidad —de verificarse la existencia alguna expresión de fracción guerrillera de base en esta zona— a la cual si asume un deslinde con la estructura mafiosa y de rezago paramilitar, se le podría facilitar un proceso de adhesión a las dinámicas y compromisos derivados de los procesos de paz en curso con las FARC y el ELN. Situación que, en positivo, puede recuperarse de lo ocurrido con el ADO en 1984 y con algunas de las fracciones disidentes también del EPL que como el llamado “Frente Francisco Garnica” pactaron con el gobierno su posterior adhesión al pacto de paz. O en otro sentido, también positivo, fracciones guerrilleras disidentes del ELN como el Ejército Revolucionario Guevarista y Ejército Revolucionario del Pueblo, pactaron con el gobierno en los 2000 su acogimiento a la legalidad y su inclusión en programas de reintegración.

Muerto “Megateo”, según información que hoy confirmó la Presidencia de la República, queda esta experiencia para ser revisada en el contexto del proceso de paz y con especial atención por las FARC y el ELN, para prevenir y contrarrestar las posibles olas de expresiones armadas marginadas, contrarias o con actuación de sabotaje mortal contra los pactos de paz. Más aún, al saber que no es caso único, no sólo porque aún persiste tal grupo armado degradado sino porque en expresiones del paramilitarismo y de los grupos armados y rearmados posteriores a las AUC, existen en sus liderazgos otros personajes de iguales características, lamentablemente procedentes en varios casos del EPL y de las otras guerrillas, producto de los reciclajes que se han hecho posibles en medio de la prolongación degradada de la guerra y de sus efectos ilegales, arbitrarios y de consecuencias perversas contra la población.

Edición 466 – Semana del 2 al 8 de octubre de 2015
   
 
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