Álvaro González Uribe
  Abogado, escritor y columnista – @alvarogonzalezu
 
   
 

El gobierno sigue sin saber cómo enseñar y comunicar la importancia que para todos los colombianos tiene el proceso de paz. No de otra forma se entiende que un acuerdo de tanta trascendencia como el logrado la semana pasada sea visto con rechazo o con indiferencia por un considerable número de ciudadanos, al margen de los opositores políticos y por convicción ya reconocidos, que requieren de un ejercicio de acercamiento respetuoso e inteligente.

En un mundo donde abundan tecnologías y estrategias de comunicación, es incomprensible que el gobierno no haya podido encontrar la manera efectiva de dar a conocer claramente al pueblo un producto tan valioso. Las encuestas dan cuenta de ello.

Y que no se hable de falta de recursos o de que sería un despilfarro. Se invierten grandes sumas en publicidad sobre numerosas obras del gobierno, lo cual está bien porque es una forma de rendir cuentas. Pero es imperdonable que lo mismo no ocurra con el proceso de paz, que al fin y al cabo es la mejor obra que este gobierno tiene para mostrar.

Y no sería un despilfarro porque la paz no es un capricho del actual gobierno. La paz es un “capricho” de nuestra Constitución, consagrada en su artículo 22: “La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”. Por tanto, se trata de un mandato constitucional, y los primeros llamados a cumplirlo son los gobiernos que no deben escatimar esfuerzos en ello.

Pero no se ve una estrategia clara, contundente y unificada para explicar a los colombianos la bondad del proceso. Explicar, por ejemplo, cómo sería un país en paz, cómo sería la vida de cada colombiano sin conflicto armado, cómo incidiría la paz en cada uno aunque no le toque enfrentar directamente la cara de la guerra. Porque cada uno de los 45 millones de colombianos, aunque no hayan escuchado un disparo ni hayan visto un muerto, de una u otra manera somos afectados por el conflicto.

Solo se ven esfuerzos aislados, no concatenados, sin lenguajes unificados y con ritmos y actores diferentes. El gobierno solo hace pedagogía del proceso al ritmo que le marcan las encuestas, los opositores y las Farc. Son explicaciones reactivas y no un plan integral y permanente como debe ser.

Se ha logrado lo más importante: avanzar en el camino hacia la paz, incluso hasta un punto de no retorno, pero no se ha sabido mostrar adecuadamente ese logro; no llega a los ciudadanos del común. Porque opositores siempre habrá y ese es un tema de manejo político que de una u otra manera se debe ir trabajando, pero, al margen de ello, el principal problema que afronta el proceso es que muchos, muchísimos colombianos no lo entienden, unos porque prefieren que la oposición piense por ellos y otros, los más, porque no es fácil de entender.

Ese es el reto. Se requiere una estrategia inteligente, agresiva y masiva, diferenciada según los públicos a llegar pero unificada en cuanto a la esencia y a ciertos elementos formales.

El proceso en general, y todos sus componentes, no son fáciles de comprender por el común de los ciudadanos y tampoco por muchos expertos, pues trae figuras inéditas no solo en Colombia, sino en el mundo.

Sobre el componente justicia transicional, por ejemplo, dice el connotado abogado y profesor Francisco Barbosa que “el reciente acuerdo de justicia debe ser explicado hasta la saciedad por el gobierno. En ese sentido, no puede ser posible que sea el presidente el único que intente hacer pedagogía. El presidente requiere apoyo para lograr las mayorías en la refrendación, plebiscito o constituyente. La legitimación democrática implicará votos y estos no aparecen por ahora en el horizonte. […] El presidente Santos debe recomponer sus cuadros y poner a su gobierno a hablar el mismo lenguaje”. (El Tiempo 20-09-15).

Para lograr que el proceso de paz sea el nuevo mejor amigo de los colombianos, el gobierno tiene que explicarlo a todos los sectores poblacionales desde sus detalles mínimos hasta sus honduras, usando la totalidad de medios posibles.

Edición 466 – Semana del 2 al 8 de octubre de 2015
   
 
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