Alberto Ramos Garbiras1
 
   
 

La globalización de las comunicaciones nos está mostrando imágenes diarias de refugiados y migrantes no voluntarios que cruzan fronteras exponiendo la vida porque ya no pueden permanecer en su país de origen, recalan a otro estado y se exponen a la expulsión, a la xenofobia y a las humillaciones. Los rechazan porque no quieren verlos cerca a las barriadas de donde llegan, por un asunto de piel, por la disputa de los puestos de trabajo, por temor a brotes de violencia. Los países de donde más están saliendo son: Siria, Afganistán, Irak, Eritrea, Sudan, Nigeria, Pakistán.

Guerras y conflictos sociales graves en el Oriente Medio y África. De estos países en crisis están saliendo las poblaciones despavoridas en éxodos continuos que tienen la Unión Europea (UE) en alerta y a los sectores de derecha echando chispas. La solución debe encontrarse de manera multimodal: 1) con la aplicación de la tasa Tobin (el 1% de todas las transacciones de la banca mundial, serían destinadas a combatir la pobreza y a generar empleo); 2) con la autoridad de la ONU si funcionara el Consejo de Seguridad, frenando a los dictadores que causan genocidios; 3) controlando el calentamiento global para evitar desastres naturales que también desplazan población.

Y como lo expresa acertadamente Thomas L. Friedman, periodista del New York Times, cuando expone las tres razones a las que atribuye la inequidad mundial: “Eso se debe a que las tres mayores fuerzas sobre el planeta —Madre Naturaleza (cambio climático, pérdida de biodiversidad y crecimiento poblacional en países en desarrollo), la ley de Moore (la duplicación constante en el poder de microchips y, más ampliamente, de la tecnología) y el mercado (globalización enlazando al mundo cada vez más intrincadamente)— están en una rápida aceleración simultánea”. (Friedman, 2015)

Estos éxodos crean una presión a los países donde llegan los refugiados y migrantes, y evidencian el caos humanitario que padecen sus países de origen. Demuestran además que planetariamente el sistema multilateral no tiene procedimientos de respuesta, quedando claro el desorden mundial actual. Y de contera gran porcentaje de estos éxodos, por fuera del factor económico, están atravesados por la radicalidad religiosa que subyace entre los monoteísmos: el islamismo y el cristianismo.

Los éxodos masivos desequilibran el mercado laboral, pero hay que buscar las soluciones. La población que deambula por varios países aumenta el número del precariado en cada Estado y es un ingrediente de las verdaderas protestas sociales en doble vía. La Comisión Europea está recomendando la recepción de la población flotante con una fórmula que tiene en la cuenta la extensión de cada país, su número de habitantes y su economía. Alemania recibió en el año 2014 a 200.000 migrantes, en el 2015 autorizo un cupo de 800.000. Países como Suecia, Italia, también han recibido con desprendimiento, en cambio otros como Hungría, República Checa, y Eslovaquia, tajantemente han dicho que no. Por esta razón el Ministro alemán de R. Exteriores está promoviendo una votación de mayoría cualificada para que el 55% de los estados con el 65% de la población pueda decidir, porque de otra manera está asegurada la negativa.

Si hay “flujo migratorio ilegal” con los que quieren traspasar las fronteras sin llevar visas y sin portar pasaportes es porque en sus países hay desorden y no tienen oportunidades, y si no hay control en esos países ni desarrollo es porque existe un desorden mundial. Entonces buscan países donde hay más desarrollo. Ello quiere decir que el desarrollo asincrónico o desigual ha concentrado la riqueza en los países del Norte del mapamundi, por lo tanto, el desarrollo ha sido negado en otras partes y esas poblaciones están huyendo por guerras internas, por hambrunas, por desastres naturales incrementados por el calentamiento global, por las dictaduras no castigadas ya que la comunidad internacional no afina los procedimientos de sanción, o sea, la globalización del derecho penal no opera.

“Esta crisis es una manifestación de un problema más profundo y más difícil de resolver: el de un orden mundial diseñado a partir de Estados soberanos en medio de un planeta interdependiente. Es como tratar de gobernar un país con sus alcaldes. Hoy es evidente que problemas como el calentamiento global, los paraísos fiscales, los refugiados, la dispersión de armas nucleares, la deforestación y la extinción del mundo salvaje dependen de variables globales que ningún Estado, por fuerte que sea, es capaz de controlar”.

“La crisis ha traído consigo, paradójicamente, el fortalecimiento del nacionalismo. Eso está ocurriendo no solo en Europa y en los Estados Unidos, con el avance de los partidos de extrema derecha, sino también en el mundo árabe con el creciente fundamentalismo islámico. La crisis también ha puesto en claro la indolencia de buena parte de los países europeos frente a los refugiados que llegan de Siria, lo cual indica una especie de reblandecimiento moral de la dirigencia europea”. (García Villegas, 2015).

De cualquier manera los genocidios cometidos en Siria son la muestra palpable del defectuoso funcionamiento del derecho internacional, y de las falencias de la ONU que no puede evitarlo, limitándose a meras declaraciones, discursos, pronunciamientos y posturas de rechazo. Y de la justicia penal internacional que no puede capturar en flagrancia a los criminales de guerra, ni procesarlos oportunamente. Los EEUU tampoco han llevado a cabo una acción militar de corrección, por el largo trabajo diplomático de aprobación ante el Congreso. La ONU queda maniatada para organizar con celeridad una fuerza de ataque que contempla la Carta fundacional, porque el Consejo de Seguridad no autoriza debido a la influencia de Rusia, por razones geopolíticas y económicas. EEUU ha dudado en atacar dando margen a un eventual consenso, primero con el Congreso de su país y luego con la unión europea. La situación Siria debe frenarse, y seguramente de ser atacada degeneraría en otro Irak, manteniendo tropas de ocupación y sorteando el terrorismo que rebrote entre clanes religiosos, por fuera de las operaciones de Al Qaeda.

La Liga Árabe condeno el gaseamiento y crimen contra la población de Ghouta en cercanías de Damasco y solicitó el juzgamiento de los autores. Son dos años de vejaciones y asesinatos y hasta el momento ninguna acción efectiva de la Justicia Penal internacional para detener a los criminales. En Siria el aferramiento al poder que ha practicado Bachard el Assad, evitando ceder a la presión popular que pide apertura democrática, lo llevó al extremo dictatorial de utilizar al ejército contra el pueblo Sunita y en medio de la represión desatar una guerra religiosa. Siria vive una confrontación entre dos ramas del islam: Suníes y Chiítas. Al Assad es Chiíta de la vertiente Alaui, una minoría influyente hace 42 años en las instituciones.

Atacar a Siria es más complejo que cuando se intervino en Irak. Desde el punto de vista geopolítico se levantaría un polvorín en la región por las reacciones de Rusia e Irán. El terrorismo de todas las pelambres actuaría en la zona. Y los israelitas quedarían expuestos a un ataque misilístico.

Son migrantes a la fuerza por la situación interna de sus países, por la guerra o el hambre: miles se quedan como desplazados internos. Uno de los casos más dramáticos es el de Siria. Un gobernante ambicioso y contumaz, Bachar Al Assad, no le hizo caso a las protestas masivas de la primavera árabe e inició una brutal represión que desencadenó las matanzas. Los protestantes se convirtieron en rebeldes, desatándose la guerra civil. Y la correlación de fuerzas internacionales en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU impidió que se sancionará al gobernante déspota. Sobrevino el caos humanitario, muchas ciudades fueron destruidas, el terrorismo se expandió, llegaron mercenarios internacionales, gasearon los niños, los éxodos internos aumentaron, apareció el califato islámico, todo se caotizó. La indefinición de la ONU también tiene la culpa. Hasta que se ahogó el niño Alan Kurdi en Turquia al zafarse de los brazos de su padre, difícil de sostenerlo en un bote endeble y con sobrecupo. Y se desato otra vez el debate.

La larga alambrada que ha construido Hungría, cerrando el país, es una humillación para los migrantes y refugiados que se agolpan ante la cerca con miradas desconsoladas: quedan como en un campo de concentración, castigados sin haber cometido delitos. El Primer Ministro húngaro, Viktor Orbán, es decir, el jefe del Gobierno, ha tomado el tránsito masivo de refugiados como si fuera una invasión musulmana y la acentuación de un conflicto religioso que puede afectar a sus mayorías cristianas y a la economía del país. El nacionalismo es otro elemento que complementa a la xenofobia: repelen a los extranjeros porque no son de la misma nación, atizando el odio por los que consideran advenedizos.

Los refugiados y migrantes quedan como trashumantes sin destino final, como semovientes humanos con un tratamiento infame. Piensan llegar a un Estado pero en la ruta de búsqueda terminan en otra parte después de recorrer Jordania, El Líbano, Turquía, u otro Estado como Macedonia o Serbia. Son víctimas de los traficantes que los esquilman y transportan en balsas sin ninguna seguridad. La expulsión de personas por la razón que sea los arranca de su nación y los expone al infortunio. Otras seis vallas infames están instaladas para impedir el paso de los refugiados en: la frontera turca y griega, cerca de Erdine;en Lesovo y Kraynovo (Bulgaria-Turquía);otra Valla fronteriza entre Turquía y Bulgaria en la localidad de Kraynovo; una alambrada con cuchillas en la frontera entre Hungría y Serbia, cerca Röszke; otra en Ceuta y Melilla (España-Marruecos); y la de Calais (Francia-Inglaterra).

Entonces los muros y las alambradas para repeler a los miles de refugiados están en la práctica obstaculizando y acabando con la integración europea que buscaba la fácil transfronterización para cohesionar mercados y facilitar el tránsito múltiple. Una negación de la amplitud de transito que pretendían tener. Los cercos son una muestra innegable de la negación a la igualdad de todos para habitar el planeta tierra. Y la incapacidad de la ONU para resolver esta crisis humanitaria, da al traste con la proclamación de los derechos humanos como patrimonio de la humanidad porque niega el reconocimiento de esos derechos a muchos ocluidos por los pasos fronterizos.

La Unión Europea no ha encontrado aún la solución apropiada pese a los intentos de la Comisión Europea para distribuirlos proporcionalmente. Alemania ahora se muestra más aperturista para recibir cuotas de refugiados, pero los confina el LAGERS o centros de internación para extranjeros, aislándolos de la vida urbana común, o sea de la ciudadanía alemana, sin opciones de integración: otra cárcel simulada. Algo peor que los bidonvilles, los barrios pobrísimos construidos en las afueras de París donde buscaron rehacer sus vidas los expulsados de la décadas de los años 50s y 60s por los destrozos de la segunda guerra mundial y los expulsados ante las guerras anticoloniales que se vivieron en la época. José María Abad Tallada, en su bien concebida autobiografía novelada, “La fábrica de los juguetes prodigiosos”, describe así a los bidonvilles, “construidos aprovechando los basureros donde descargaban los camiones los desperdicios de las obras en construcción, restos de chapas, de uralita, cajas de cartón, madera, hierros, cristales rotos y otros restos procedentes de diversas obras. Eran poblaciones a veces de más de diez mil personas, de inmigrantes de origen diverso, turcos, magrebíes venidos de Argelia, Túnez y Marruecos, negros procedentes principalmente de las colonias francesas, Senegal o Costa de Marfil, italianos, normalmente del sur, portugueses y españoles. Eran el detritus que las grandes ciudades no podían ni querían absorber, gente muy pobre que no podía permitirse el lujo de alquilar ni una habitación en París. Los bidonvilles, en las afueras de París, crecían rápidamente como pueblos enteros con sus calles estrechas en cuesta, llenas de barro y excremento, repletas de familias que vivían y dormían miserablemente en esas chabolas. Había familias completas viviendo hacinadas en la miseria. La gente no hablaba de ello, los periódicos, salvo algún artículo esporádico en Le Monde, tampoco. En Francia se empezaba a vivir una época de prosperidad, y nadie quería saber nada de los miserables”.

Este caos humanitario es otro de los problemas creados por las inequidades de la economía capitalista y que paradójicamente no ha podido resolver la globalización de la economía que transfronteriza mercancías, comunicaciones, normas jurídicas, turistas, tecnologías, pero no puede manejar las migraciones masivas de expulsados que necesitan traspasar fronteras para sobrevivir. Son éxodos forzados de personas afectadas por las llagas de la economía y la guerra en países con Estados-fallidos.

La misma ONU se ve desbordada desde el punto de vista financiero pues no dispone de un flujo de caja desde la ACNUR para atender con raciones adecuadas la alimentación de los refugiaos, teniendo que improvisar para armar una bolsa mendicante a fin de reunir los recursos para las ayudas humanitarias. 120 millones de dólares en el año 2015 invertidos en protección, campamentos, alimentación y aportes a las zonas donde los reciben. Todo esto se podría evitar si funcionara la autoridad multilateral mundial, si frenaran los desangres y excesos cometidos por gobernantes violadores del derecho internacional público, si funcionara la Justicia Penal Internacional, y si evitaran las inequidades que trae la pobreza. Quedan también cuestionados y en vilo, además de ACNUR, otros organismos de la ONU como la FAO y la UNICEF.

Los refugiados por la guerra si tienen derecho al asilo político. Esta doble condición hace que la figura del asilo se salga del molde tradicional, siempre ha sido concedido con trámites individuales. Debe ajustarse este instrumento jurídico de protección de la libertad y la integridad personal, no se trata en estos casos de migrantes comunes/voluntarios, ni migrantes económicos, sino de expulsados por la violencia incontenible.

El Derecho Internacional es incumplido como ocurre con el Derecho Interno en varios países: una burla a las normas. Coincidencialmente hace un año la ONU a través de una comisión especializada procedió a glosar, codificar y organizar todas las normas sobre deportaciones, o sea, la expulsión de personas de un país, otra denominación es destierro, y cuando todo estaba claro para aplicarse, Venezuela incumple los procedimientos que permiten la expulsión de extranjeros.

Deportados desde Venezuela

La guardia Venezolana no cumplió la normativa internacional de deportaciones en lo tocante a varios derechos humanos protegidos; la dignidad, el trato a las personas en situación de vulnerabilidad, el trámite sobre la propiedad de los expulsados, y la expulsión de manera colectiva, no proceden, porque violan el debido proceso; las expulsiones o deportaciones se pueden hacer, uno por uno. La deportación masiva tiene otra lectura. Y enmarca retaliaciones por razones anteriores entre países limítrofes, un nacionalismo del otro lado para avivar una imagen decaída, manipulación de la información para justificar atropellos, viejas rencillas acumuladas que desatan la iracundia del gobernante intemperante; deportaciones como cortina de humo para tapar la crisis económica que padece Venezuela por errores en el manejo de la economía.

Le tocara al gobierno colombiano rediseñar su política de fronteras con Venezuela para evitar ser avasallados y quedarse indefensa ante estos actos desmedidos que cometan y remite la memoria a los países más agresivos que han ejecutado deportaciones crueles en la historia de la humanidad. A éxodos forzados practicados con actos de violencia.

La Constitución Colombiana tiene un articulado que extractado y mirado en bloque como los artículos 9, 93, 224, 225, 226, 227, 241 # 10, 189 # 2, 35, 30, 289 y el preámbulo instan con prelación a fortalecer las relaciones con América Latina y el Caribe, el 289 es importantísimo, permite fortalecer bioregiones y proteger ecosistemas en política de fronteras, y la Ley 191 de 1995 fue expedida para ello. Pero frente a los actos vandálicos de deportaciones no se puede permanecer inmóvil, hay que reaccionar ante los organismos internacionales, como lo hizo el Fiscal general ante la Corte Penal internacional.

La denuncia ante la C.P.I debe documentarse de manera minuciosa porque no es solo el doloroso hecho de las expulsiones masivas ahorcajadas, sin previo aviso, sino la clase de permanecía que tenían los deportados. Si había obtenido los permisos y es estatus de residentes, la deportación abrupta se configura como delito de Lesa Humanidad, de otra forma no.

El mundo está asistiendo a muchas formas de expulsiones, deportaciones, acosos, persecuciones contra poblaciones que consideran incómodas., contra inmigrantes hambrientos, contra grupos humanos desprotegidos por desposesión de la tierra, contra etnias por racismo y xenofobia, contra sectores por apoyar rebeldes que se han alzado para combatir dictaduras…

El problema es muy grave porque esos deportados colombianos desde el Táchira eran refugiados sin estatus, habían huido de Colombia por el fuego cruzado entre Ejército y guerrilla, otros entre guerrillas y paramilitares. O sea eran desplazados internos y se convirtieron en refugiados forzados y ahora los devuelven como expulsados a la brava sin los trámites de una deportación. Una degradación doble sin que ninguno de los dos países los haya ayudado y sin que ningún organismo multilateral los oriente ni ayude: ni la ONU, ni la OEA ni UNASUR.

Lo que falta es agotar la vía diplomática practicando los mecanismos de solución pacifica de los conflictos: el acercamiento de las cancillerías fue un primer paso, los buenos oficios entre las cabezas de los organismos multilaterales (CELAC y UNASUR), las iniciativas de países amigos, la mediación, la investigación, el arbitramento, etc. Pero todo parecerá inútil porque la táctica de Maduro es enrarecer más el clima de tensión para poder vencer en las elecciones de diciembre donde no la tiene fácil, o cancelarlas.

Se trata de una crisis binacional en su peor momento para ambos mandatarios. Venezuela por un colapso económico ante la caída del ingreso petrolero y la inseguridad interna incontrolable. Colombia por su conflicto armado irresuelto y los intentos de desbaratarlo por las fuerzas de derecha. Ambas presidencias con la credibilidad cuestionada. Dos países con flujo de migraciones voluntarias por sus problemas aumentados, más los desplazados de la guerra, los pobres desesperados, los excluidos, los NN vivos, en un reflujo de migrantes sin destino. Y ahora las deportaciones masivas de personas que han buscado refugio.

Bibliografía

Abad Tallada José María, novela, “La fábrica de los juguetes prodigiosos”, libro publicado e, Madrid, España, mayo 2015.

Friedman Thomas L.Muros, fronteras, un domo y refugiados”. Columna de prensa publicada en el periódico El Espectador, Bogotá, septiembre 12 del año 2015.

García Villegas Mauricio. “Las fronteras están en crisis”. Columna publicada en el periódico El Espectador, Bogotá, septiembre 4 de 2015.

1 Politólogo de la Universidad Javeriana. PhD en Política latinoamericana, Universidad nacional UNED de Madrid, España. Profesor de derecho Internacional, Universidad Libre.

Edición 466 – Semana del 2 al 8 de octubre de 2015
   
 
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