Alonso Ojeda Awad
  Ex. Embajador de Colombia en Europa
 
   
 

Cuando el Presidente Juan Manuel Santos se estrechaba la mano con su adversario político Rodrigo Londoño Echeverri “Timochenko”, jefe de las Farc y la imagen se reproducía por los canales de la televisión recordé aquella tarde remota de 1964 cuando nos enteramos en la Universidad Nacional de Colombia que los sacerdotes Camilo Torres Restrepo y monseñor German Guzmán habían regresado de una entrevista con el Presidente de esa época Guillermo León Valencia donde habían ido para pedirle que no atacara militarmente a los campesinos de Marquetalia, el Pato y Guayabero, llamadas injustamente “repúblicas independientes”. El primer mandatario no prestó atención a las suplicas de los sacerdotes y a los pocos días se inició la ocupación militar a esas zonas campesinas que respondieron con organización popular dándose origen al nacimientos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – FARC-, y en medio de las noticias que llegaban de La Habana, Cuba, me pregunté cuántas muertes, destrucción, miseria, viudez y orfandad nos hubiéramos ahorrado los colombianos si se hubiese escuchado las cristianas recomendaciones de estos emblemáticos sacerdotes católicos. Pero así es la vida y la historia, y hoy con alegría, fe y esperanza nos corresponde respaldar  este esfuerzo del Presidente Santos quien, contra viento y marea, ha logrado este Acuerdo histórico con las Farc que visualiza ya el poner término final a esta larga confrontación entre colombianos, que se inició cuando el mundo estaba sumido en esa dura época conocida a como “la Guerra Fría”.

Y es un acuerdo histórico porque rompe esa lógica absurda de las armas de creer que el acto de tenerlas va a resolver en forma mágica la necesidad de construir los mecanismos políticos y democráticos, al interior de las masas populares que posibilitaría la construcción de un nuevo modelo político, social y económico. Solo la larga tarea de construcción de partido con las herramientas fundamentales que enseña la Constitución política será posible pensar, seriamente, en estas posibilidades de cambio. Por eso es bienvenido este histórico apretón de manos entre el Presidente Santos y Timochenko, fortalecido con la fraternal y decidida presencia del Presidente cubano Raúl Castro.

Ahora sí, el final de esta larga y fratricida guerra está cerca. Ya casi lo podemos tocar con nuestras manos y percibirlo con nuestro sentidos, y así lo dijo el Presidente  Santos: “Esta tarde me reuní con el comandante máximo de las Farc y acordamos una fecha límite para firmar el acuerdo final que terminará nuestro conflicto armado: Será el 23 de marzo de 2016, y acordamos además que las Farc comenzaran a dejar las  armas a más tardar a los 60 días luego de la firma del Acuerdo Final”.

La reacción internacional no se hizo esperar. Su Santidad El Papa Francisco quien tanto y decidido apoyo ha brindado a estos esfuerzos de Paz pidió a los negociadores no perder esta gran oportunidad y saludó desde los EE.UU., donde se encontraba en visita, el importante paso dado por el Presidente Santos y el máximo  dirigente guerrillero.

Pero de los apoyos más significativos que se recibieron bien vale la pena resaltar el del  enviado especial de EE.UU. Bernard Aronson que no solo manifestó la complacencia del Presidente Barack Obama y la del Secretario de Estado John Kerry, sino que salió en defensa del Acuerdo cuando manifestó a la prensa que lo pactado no conducirá a la impunidad y que el gobierno de Washington está listo para ayudar a Colombia cuando se inicie la etapa del pos-conflicto. Y remató su intervención diciendo que “Este proceso no es para castigar a la guerrilla. Es un proceso para terminar con una guerra”.

Hay que reconocer la profunda visión de Paz que acompaña al Presidente Santos. Ha sido capaz de persistir en forma tesonera, en la búsqueda de la Paz para Colombia. No ha cesado un solo momento en este empeño sobreponiéndose con dignidad a las duras e injustas palabras con las que lo tratan sus oponentes políticos del Centro Democrático,  quienes no han ahorrado momentos ni oportunidades para tratar de hundir el Proyecto de Paz. Pero el Presidente, valerosamente, contra todas las dificultades, ha llevado la Paz hasta puerto seguro. También, debemos resaltar la madurez, la persistencia y el compromiso con la sociedad colombiana de parte de las FARC que no han cejado un minuto en estos esfuerzos y con dignidad y humildad  han pedido perdón a las víctimas de sus acciones armadas.

Una nueva etapa de Paz y Reconciliación comienza abrirse paso para la sociedad colombiana. Son muchos los desafíos y los tropiezos que aun amenazan el camino de ahora en adelante, pero estamos convencidos que con fe y esperanza en ese futuro radiante que nos espera, sabremos salir adelante y superar cualquier clase de escollo.

Edición 467 – Semana del 9 al 15 de octubre de 2015
   
 
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