Álvaro González Uribe
  Abogado, escritor y columnista – @alvarogonzalezu
 
   
 

Aún estoy vivo porque escribo luego existo. Aún usted está vivo porque lee luego existe. Estamos vivos. Pero de milagro... Aquello del milagro de la vida toma una nueva concepción en Colombia porque nacemos a la vida desde el vientre materno y luego nacemos a la vida cada día o cada segundo. Vivimos naciendo en cada paso que damos.

En Colombia todos somos sobrevivientes. Me refiero a las muertes por homicidio, pues aunque los índices han bajado siguen siendo de los más altos del mundo.

Es que en este país lo matan a uno porque sí y porque no y por si acaso y porque qué vaina nos equivocamos con ese man.

No sé si los amenazados tienen más suerte que los asesinados sin amenazas, pues pensaría uno que los primeros al menos tienen oportunidad de esconderse, de salir del país, de conseguir escoltas y carro blindado, o hasta de pedir disculpas o quedarse callados o pagar según el caso.

Digo que pensaría porque a veces una amenaza es estar ya medio muerto en vida. Deja una sensación extraña: uno siente que ya está en una lista de alguien, en la mira de un arma, o que la foto de uno está por ahí arrugada en el bolsillo de un sicario. La calidad de vida desciende hasta uno de sus peores puntos: la corta expectativa de la misma vida. ¿Habrá mañana para mí?

En Colombia lo amenazan a uno por cualquier cosa como también lo matan por cualquier cosa. ¿Cuántas amenazas se vuelven realidad? No todas terminan en muerte, pero la amenaza de por sí es ya una realidad tan terrible que sé de amenazados tan amenazados que prefieren que esa muerte anunciada llegue de una vez. Colombia amenaza salvaje.

Las víctimas de nuestras guerras se clasifican como asesinados, desaparecidos, desplazados y otros. Pero falta la categoría de amenazados.

-¿Hablo con el doctor Álvaro González?
-Sí señor, cuénteme…
-Le damos hasta el viernes para que se valla de aquí o si no lo matamos h. p…
-No entiendo, ¿qué dice?
-Ya le advertimos h. p…
-Riiiiin…

Me colgaron. Ese breve diálogo se me quedó grabado para siempre. Era un teléfono de mesa porque aún no existían celulares. Primero no entendí bien; no alcancé a dimensionar esa llamada pese a que en esa época me había correspondido ser el coordinador en Antioquia de un movimiento cuyos integrantes empezaban a caer poco a poco por orden de Pablo Escobar. Hasta que mataron a Galán en 1989.

Yo tenía como 26 años. A esa edad uno se burla de la muerte. Además, ya sabía que sí había nacido para semilla: tenía una hija pequeña. (Por el paso del tiempo quizá trastoque años y fechas de esta anécdota, pero lo importante es la sensación que quiero describir).

Pero me asusté, claro. Me aconsejaron esconderme. Lo hice solo cuatro días porque debía trabajar. Nunca volvieron esas amenazas contra mí, pero ya asomaba una niebla de amenaza general, no solo contra muchos galanistas, sino contra todo el país por las bombas cotidianas que empezaron a destrozar ciudadanos sin distingos políticos.

Con el tiempo até cabos aunque sin precisión ante la vertiginosidad de los hechos de aquellos tiempos oscuros: El Espectador -qué paradoja- había publicado un comunicado donde yo desmentía en mi calidad de coordinador del Nuevo Liberalismo de Antioquia que un tal Rubén Darío Londoño Vásquez, alias La Yuca, no había sido concejal de la Estrella por el Nuevo Liberalismo como el mismo periódico lo había afirmado en una noticia. La noticia decía que Londoño había aparecido muerto con decenas de balazos en el baúl de un taxi en una loma de Envigado. Alguien me dijo -no sé si es cierto- que La Yuca era hermano medio de Popeye.

Por eso, Pascual, esas amenazas recientes contra vos me reviven aquellas épocas cuando la mafia no solo se sentía desesperada por la extradición sino que quería el poder de Colombia. Por eso, Pascual, me solidarizo con vos. Por eso, Pascual, pienso que las regiones de Colombia tienen hoy una amenaza general espantosa: la misma mafia con otras caras, los corruptos y las bacrim que con testaferros quieren afianzar el poder real que ya tienen. Sos un valiente, Pascual.

Edición 467 – Semana del 9 al 15 de octubre de 2015
   
 
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