Ricardo Jaramillo Rincón
  Corporación Viva la Ciudadanía
 
   
 

El 13 de noviembre de 1985, un lahar sepultó al municipio de Armero con aproximadamente 20.000 de sus habitantes. Terminaba una semana que comenzó el 6 de noviembre con la toma por parte de un comando armado del M-19 del Palacio de Justicia y con la posterior retoma a cargo del Ejército Nacional.

Publicaciones Semana editó el libro 1985. La semana que cambió a Colombia, en el cual nueve escritores narran día por día lo ocurrido. Sin embargo, estamos lejos de una versión definitiva.

Desde el 5 de noviembre varios edificios ubicados en la Plaza de Bolívar de Bogotá están exhibiendo imágenes alusivas a los treinta años de la toma y la retoma del Palacio de Justicia.

Un pendón sobre una de las columnas del nuevo Palacio de Justicia muestra a los magistrados que fallecieron durante la retoma, encabezados por Alfonso Reyes Echandía, y, en un recuadro más pequeño, hace referencia a once personas que salieron vivas del Palacio y luego fueron víctimas de desaparición forzada.

Dentro de este listado brillaba por su ausencia la foto de Irma Franco Pineda, guerrillera del M-19 que participó en la toma del Palacio. Como señala la Corte Interamericana de Derechos Humanos, “[…] tenía 28 años en 1985 y era estudiante de Derecho. El 6 de noviembre de 1985 se encontraba en el Palacio de Justicia, como parte del M-19. En los momentos finales de la retoma se encontraba en el baño entre el segundo y tercer piso, donde cambió su ropa por la de una persona que había fallecido y salió con un grupo de rehenes. En la Casa del Florero fue identificada por varios sobrevivientes como miembro del M-19, por lo que fue considerada como sospechosa por las autoridades estatales. En virtud de lo anterior, fue conducida al segundo piso de la Casa del Florero y, según el celador de la Casa del Florero, “entre las siete y ocho de la noche del […]  [de noviembre], en estrictas medidas de seguridad” “fue embarcada en un campero”, sin que hasta el momento se conozca su paradero.”1

Paradójicamente, ella es la única víctima de desaparición forzada reconocida por el Coronel (r) Luis Alfonso Plazas Vega2

En el costado occidental de la Plaza de Bolívar, otro pendón colgado en el Palacio Liévano, sede de la Alcaldía Mayor de Bogotá, exhibe fotos de Carlos Augusto Rodríguez Vera, Irma Franco Pineda, Cristina del Pilar Guarín Cortés, David Suspes Celis, Bernardo Beltrán Hernández, Héctor Jaime Beltrán Fuentes, Gloria Stella Lizarazo Figueroa, Luz Mary Portela León, Norma Constanza Esguerra Forero, Lucy Amparo Oviedo Bonilla, Gloria Anzola de Lanao, Ana Rosa Castiblanco Torres, Carlos Horacio Urán Rojas, Yolanda Santodomingo Albericci, Eduardo Matson Ospino, Orlando Quijano y José Vicente Rubiano, junto con la leyenda “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”.

Por último, el Museo de la Independencia – Casa del Florero, que fue utilizado como centro de operaciones por parte del Ejército durante la retoma, tiene sobre sus paredes las siluetas de unas personas dirigidas por un militar hacia su interior.

A menos de trecientos metros de distancia hay tres visiones, tres versiones de un hecho que ocurrió hace treinta años pero que todavía no ha sido plenamente asumido por la sociedad colombiana.

En el panel Justicia, terminación del conflicto y refrendación de los acuerdos, adelantado el 11 de noviembre en el Museo Casa de la Memoria de Medellín, dentro del marco de la VII Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales, Leopoldo Múnera habló acerca de las exigencias de la memoria:

a) No es inmediata ni instantánea, requiere la existencia de complicidades.

b) No es simétrica, no todos recordamos lo mismo ni nos situamos desde la misma posición.

c) Es susceptible de ser encuadrada en metarelatos oficiales, lo cual la puede aislar.

d) Corre el riesgo de reducirse a ser el testimonio de lo monstruoso, ¿dónde queda lo humano?

En el contexto de las negociaciones de La Habana, cuando se conocen algunos elementos acerca del Sistema Integral de Verdad, Justicia y Reparación, con un acuerdo sobre la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición y con un acuerdo sobre personas dadas por desaparecidas, las reflexiones acerca de la memoria son cada vez más relevantes. La política de la verdad debe contener unas políticas de las memorias de manera que el tránsito hacia una sociedad sin conflicto armado interno se produzca en condiciones que permitan la construcción de relatos diversos y colectivos acerca de lo ocurrido, que respeten y promuevan el ejercicio de derechos por parte de las víctimas y que sean herramientas para la no repetición.

Mientras esto no ocurra, continuaremos en disputa acerca de las memorias.

Nota: El rostro de la tragedia de Armero es Omayra Sánchez, una niña que falleció luego de permanecer tres días atrapada entre los escombros de lo que fue su casa. La foto más famosa, tomada por Frank Fournier, la muestra con el agua hasta el cuello. Recordémosla alegre y viva, esa también es una memoria en disputa.

1 CIDH, Caso Rodríguez Vera y otros (Desaparecidos del Palacio de Justicia) vs. Colombia. Excepciones preliminares, fondo, reparaciones y costas. 14 de noviembre de 2014.

2 “A Irma Franco la desaparecieron integrantes del Ejército: Coronel (r) Plazas Vega” http://www.elespectador.com/noticias/judicial/irma-franco-desaparecieron-integrantes-del-ejercito-cor-articulo-594060, consultado el 13 de noviembre de 2015.

Edición 472 – Semana del 13 de al 19 de noviembre de 2015

   
 
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