Socorro Corrales Carvajal
  Corporación de mujeres Ecofeministas
 
   
 

Este 25 de noviembre pazarte por el Cauca

Mientras desbordamos territorios vedados, hemos movilizado con-ciencias ciudadanas por la exigibilidad de la Paz como derecho envolvente y transformador de mentalidades, imaginarios y decisiones sobre lo que somos y hacemos las mujeres en lo público y lo privado por salvaguardar el Planeta del que somos p(arte) al desmilitarizar el cuerpo y el alma, la sociedad.

En 1996 cuando del Cauca partimos mujeres en tres buses a encontrarnos con más mujeres en Mutatá en la Primera movilización de la Ruta Pacífica, el entusiasmo y la esperanza por la negociación del conflicto armado era, y sigue siendo, el clamor, máxime cuando sentimos hoy que los Diálogos en la Habana entre el gobierno y las FARC avanzan por buen camino. Diálogos por los que a través de 19 años las mujeres no hemos dejado de invocar y de aportar organizada y concertadamente con argumentación, sensibilización y creatividad para que la negociación política del conflicto armado cierre por fin la impudicia con la que ha actuado la guerra que reafirma y extiende el patriarcado en el cuerpo y vida de las mujeres de todas las edades, etnias y territorios.

De la Primera gran movilización de mujeres contra la guerra que ha dejado en Colombia tantas y tantas víctimas, todavía palpita en mi corazón la euforia con la que las mujeres nos alistábamos para solidarizarnos con un pueblo que de la geografía de Colombia poco o nada conocíamos: Mutatá, un pueblo como tantos en los que los actores armados violaban las mujeres. Un sitio en el que el poder de las armas intimida y expropia el cuerpo individual, biológico y también el cuerpo cultural que hace posible la convivencia. Las armas rompen las esferas de la intimidad y de la solidaridad; es una equivocación pensar que entre más armas mayor seguridad.

Fueron días de intensa preparación para que en las comunidades que recorríamos en el Cauca, las reuniones que impulsamos y por los programas de radio supieran a qué nos íbamos por las carreteras de Colombia, por qué decidimos crear un Movimiento de mujeres contra la guerra que varias organizaciones a nivel nacional llamamos Ruta pacífica cuyo símbolo fueron las mariposas amarillas y el lema “Las mujeres no parimos hijas e hijos para la guerra”, símbolos y lemas que seguimos recreando y ampliando. Un movimiento que se agiganta con la unión de esfuerzos locales e internacionales, con resurgir de arengas, expresiones y formaciones diversas que hacen honor a la espiral de la biodiversidad del Planeta que nos alimenta por un mundo mejor. Una mándala de ensoñaciones que va y viene en fractales de memorias activas, dinámicas, sensitivas en el debate público para exigir el desarme como condición singular de pacifismo, de justicia social y de salud emocional y cultural, como summum contra el sexismo, racismo, xenofobia y homofobia.

Este agite de ilusiones, demandas, aprendizajes y lenguajes verbales orales y escritos, de energía cósmica: Derroche de música, colores, fotografías, danzas al re-correr rincones de Colombia cada 25 de noviembre, no ha sido solo en el Cauca, ha sido en 9 departamentos a la vez. Departamentos en los que hemos tejido alianzas, acuerdos e iniciativas para aportar y soñar una Colombia en Paz, un país, una sociedad en la que las mujeres podamos vivir con tranquilidad estemos donde estemos amemos a quien amemos, sin temor a ser violentadas, discriminadas y hasta ridiculizadas. Alianzas que nos han posibilitado Foros, debates, investigaciones como la Comisión de la Verdad de las mujeres, conciertos, Diplomados, convenios con las instituciones, Encuentros regionales de Paz. Una serie de eventos formativos de escucha atenta, de pensamiento crítico y propositivo, andamiaje teórico práctico que evidencia que la Participación, Acción e investigación son constructos sociales de biodesafíos y bioaprendizajes que ponemos andar con el corazón en el que habita la razón de lo que somos: Seres propensos a demandar para crear y actuar con responsabilidad.

El recuerdo de aquella madrugada de 1996 sigue latente con las bendiciones, recomendaciones, temores y esperanzas con las que las familias nos despedían: Que fueron a misa antes de salir de sus veredas o barrios, los alimentos que juntaron, los rituales comunitarios de buenas energías, los abrazos, sollozos y preguntas brotaban por doquier en quienes no se subieron a los buses porque no cabían, pero si se subieron a la puesta por la paz desde las mujeres y por las mujeres. Insistimos e insistiremos que los efectos del conflicto armado  es descomunal y afecta de manera particular a la mujeres que lo han padecido de cerca y han sido forzadas a asumir la soledad del amor, del cuidado de sus familias y garantizar la supervivencia económica ante el horror del enfrentamiento armado.

Este Pazharemos continuo y organizado de las mujeres en estos 19 años en los que tantas y tantas organizaciones de mujeres han unido sus voces, sus recursos, sus propuestas en torno a la necesidad de parar la guerra y no solo resistirnos a este miseria humana que destruye. Este proceso de pregonar la paz ha significado y dejado un cúmulo de reflexiones para movilizar ideas, desestructurar dogmas, generar con-ciencias ciudadanas emancipatorias, y comprender que los feminismos son contribuciones histórico-políticas y estéticas para desmilitarizar el cuerpo, el alma las sociedades, para descolonizarnos espiritual, cognitiva y cultural-mente al disponernos a la reconciliación y la convivencia no sexista que jamás será sinónimo de aniquilar las diferencias de pensamiento, cosmovisiones y actuaciones. Será sinónimo de respeto, de reconocimiento y de actuación mancomunada por el Buen vivir, Bien-estar individual y colectivo que nos permita alentar más y mejores formas de comunidad y convivencia para cosechar territorios libres de violencias que discriminan y desdibujan el ingenio humano.

Por este transitar socioemocional y estético hemos entendido la transcendencia de las subjetividades que es experiencia encarnada y redimensionada en la construcción de las utopías y en estas utopías la transformación de los ideales e imaginarios sobre lo que implica la dimensión política del cuerpo como territorio de paz. Es así que hemos caminado con nuestras biografías y geografías en nuestras espaldas con mochilas repletas de hilos y cintas de múltiples colores, semillas, agujas para tejer y promover pedagogía cotidiana para la paz sentipensante de mujeres diversas, plurales, en dialogo intergeneracional e interhistórico como fuente de la que emanan renovados discursos en los que el sexismo, racismo y homofobia pierdan cada vez más su abuso de poder. Cuerpos pintados y exaltados que pregonan la biodiversidad étnica, lingüística cultural de la que se precia Colombia como país multidiverso y biodiverso.

En este noviembre de 2015 en el que conmemoraremos un año más de luchas contra las violencias de género, el Cauca espera a más de 5000 mujeres para que un hecho sin precedentes en la historia de Colombia, refrendemos simbólica y masivamente la paz que tanto hemos soñado y necesitado. PAZ a la que le hemos trabajado con tesón y fervor desde la Biodiversidad cultural y emocional que somos. Recibiremos en Popayán a todas las mujeres y hombres, organizaciones, instituciones, cooperación internacional, medios de comunicación, academia, a todas las personas que han comprendido que la mejor in-versión social para el presente y futuro es la negociación política para sellar nuevos pactos y referentes de democracia, de libertad, de existencia para reconstruir el tejido social que somos y que ha sido expropiado por las múltiples violencias exacerbadas en el conflicto amado.

Bienvenido entonces el Acuerdo de La Habana con sus avances y retos. Un acuerdo esperado desde que la guerra empezó, desde que las mujeres alzamos banderas por el cese al fuego. Sabemos que el Acuerdo que se firme finalmente en la Habana no es la Paz, lo comprenderemos más a cabalidad cuando el silencio de los fúsiles y de todos los artefactos militares dejen oír las voces, las historias, las iniciativas que se tejen desde todos los rincones de Colombia por la paz con justicia social, con equidad y transformaciones a todos los niveles. Por esta necesidad vital de negociación política que haga posible la paz, exhortamos también al ELN a seguir en conversaciones con el gobierno y llegar otro Acuerdo de paz.

Las mujeres somos actoras y pactantes de paz. Estamos preparadas y nos seguiremos preparando para agenciar e invertir, estemos donde estemos, por la paz estable y duradera que impida a toda costa la repetición de la barbarie y la inclemencia de las guerras. La Paz es el Derecho envolvente de todos los derechos que hemos construido, exigido y protegido para vivir con dignidad.

Un concierto multimilisonoro retumbará en Popayán para ofrendar la alegría de volvernos a encontrar en otra plaza pública que escucha a las mujeres, que nos haga brindar en el Por-venir de la PAZ en aras de Eliminar todas las formas de violencias contra las mujeres.

¡¡¡PazArte por el Cauca será tu contribución a una región especial de pluralidad étnica, lingüística y organizativa que ha hecho historia de resistencias para defender territorios físicos y emocionales!!!

Edición 473 – Semana del 20 de al 26 de noviembre de 2015
   
 
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