Marlon Castañeda
  Colaborador Viva Regional Antioquia
 
   
 

El voto decisorio en las elecciones populares colombianas no ha sido el de los indecisos y mucho menos el de los abstencionistas. El voto que ha sido definitivo en la elección de concejales, alcaldes y hasta presidentes ha sido el voto cristiano. Si los preámbulos de las constituciones políticas de 1853, 1858 y 1886 permitieron a los dirigentes nacionales gobernar por mandato divino, desde la constitución de 1991 quienes aspiran a cargos de elección popular buscan la unción divina en líderes espirituales, sinagogas o simplemente articulan al discurso político el nombre de Dios.

Ernesto Samper Pizano con las banderas de la libertad religiosa y la promesa de conceder exenciones tributarias y personería jurídica a las iglesias protestantes, alcanzó la presidencia de la República en 1994. Pero el papel que jugaron las iglesias cristianas en la elección de Samper se vio empañado por el proceso ocho mil. Mientras el cartel de Cali, a espaldas de Samper, proveía financieramente la campaña, las iglesias cristianas endosaban a Samper todo su potencial electoral a cambio de recibir el mismo tratamiento tributario de la iglesia católica.

Álvaro Uribe Vélez, con su cara de seminarista ha sabido ganarse los votos del electorado cristiano. En su campaña reeleccionista no asistió a ningún debate con los demás candidatos, pero compenso su falta yendo a las iglesias cristianas a recibir unción y oración de los pastores. Los votos llegaron como el maná; se convirtió hasta ese momento, en el presidente más votado de la historia electoral colombiana.

Otro candidato presidencial que sintió el poder, pero en contra, del voto cristiano fue Antanas Mockus Šivickas. En las elecciones Presidenciales del 2010 Antanas Mockus Šivickas y Juan Manuel Santos Calderón, clasificaron a la segunda vuelta Presidencial. Antes de los resultados de la primera vuelta Presidencial, las encuestas hacían creer que Mockus tenía serias posibilidades de quedarse con la Presidencia de la República, entonces empezó la propaganda sucia dirigida desde un lugar que nunca se supo, hacia la campaña de Mockus. Se dijo que Mockus era ateo. El rumor del ateísmo de Mockus favoreció la campaña del hombre que desde su apellido pregonaba la Fe. Santos en la primera vuelta Presidencial casi que doblo en votos a Mockus. En los siguientes días Mockus afirmo en varias entrevistas que sí creía en Dios y que además profesaba el catolicismo y fue más allá, dijo que es necesario “construir sobre los elementos de la tradición católica”1. Pero si a Mockus le fue difícil hallar crédito en los cristianos católicos, en los cristianos protestantes aumento la animadversión; era el ateo o el idólatra y en cualquier lugar, no era el llamado a gobernar. En la segunda vuelta Presidencial, Santos supero a Mockus en más de cinco millones de votos.

Pastores y Pastoras no solamente han dirigido los votos de sus rebaños a las arcas de caudillos, gamonales o baronesas electorales, sino que han combinado la labor pastoral con la función pública. Las candidaturas a cargos de elección popular de pastores, pastoras y líderes espirituales de la iglesia protestante aumentan conforme ocupan un mayor número de escaños en el Congreso de la República, las Asambleas Departamentales y los Concejos Municipales.

En las últimas elecciones locales, en el día mismo de las votaciones, no fueron pocas las iglesias protestantes que en lugar de culto divino realizaron proselitismo político a favor de las candidaturas de los miembros de las respectivas congregaciones.

1 Audio. Entrevista con Juan Gossain: https://www.youtube.com/watch?v=b5UVhBKUnZ8

Edición 473 – Semana del 20 de al 26 de noviembre de 2015
   
 
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