Alberto Ramos Garbiras1
   
 
   
 

Con el paso de los años, poco a poco, sobre todo después de la caída del muro de Berlín (1989), en medio del unilateralismo (preponderancia de EEUU en las decisiones de política internacional), en la medida que se consolidaban los bloques internacionales de países (ONU, OEA, OUA, UE…) y se multiplicaban los bloques económicos regionales, también las bases societales se fueron organizando y reproduciendo hasta formar la sociedad civil global, vista como la organización transcontinental de los ciudadanos militantes de una causa social, excluyendo de esta categórica a los apáticos. En este contexto los movimientos sociales son las principales columnas de la sociedad civil global porque son más sólidos, con propósitos de más largo alcance y consolidan más rápido los nexos transestatales que las ONG, sin restarles importancia.

Comprender como los ciudadanos de varios países interconectados por las comunicaciones modernas se fue organizando para reaccionar coetáneamente o en cadena y formar redes por propósitos e intereses afines: el caso de Green Peace sirve de ejemplo. Paralelamente se forman ONG en otras áreas y se alinean cada vez que una coyuntura internacional los motiva a reaccionar, o por una decisión de un bloque de estados o por una medida que los afecta en el área a la que pertenecen.

Los movimientos sociales Nacionales y los Internacionales han ido creciendo a medida que los gobiernos se perpetúan en algunos países como expresión del monopolio mono o bipartidista de las elites nacionales; se apoderan del aparato del Estado y solo atienden principalmente a sus redes clientelares adscritas a los partidos políticos con los cuales dominan y detectan el poder. Los movimientos sociales se organizan y crecen como instrumento de reacción y medio de acción para llevar a cabo las reclamaciones. Y como forma o manera de actuar con mayor enjundia para enfrentar los rechazos, logrando concesiones o presionando para que cedan. A nivel internacional es igual, en la medida que los países ricos desconocen a vastos sectores poblacionales, estos se organizan en movimientos sociales o en ONG para enfrentar esos poderes.

“Hoy en día prolifera el lenguaje utilizado para describir los actores no estatales en la política global: los movimientos sociales globales, las ONG internacionales (ONGI), las redes de abogacía transnacional, las organizaciones de sociedad civil, por nombrar solo algunos. Utilizo el término de sociedad civil global, para describir el proceso global mediante el cual los individuos debaten, influyen y negocian un contrato o serie de contratos sociales con los centros de autoridad política y económica. Es decir, la sociedad civil global incluye todas aquellas organizaciones, formales e informales, a las que los ciudadanos pueden unirse y mediante los que toman decisiones pueden oír sus voces”. (Kaldor, 2005)

Los movimientos sociales crecen en la misma medida que aparecen problemáticas serias irresueltas que albergan a varios grupos poblacionales que se identifiquen con las mismas aspiraciones y necesidades. Que están por fuera de los partidos políticos y las agendas institucionales para resolver. O que estando mencionados los temas en planes de desarrollo y documentos oficiales, no tienen quien los impulse desde las entrañas de ellos. Por esa razón sus reclamaciones son contenciosas. Uno podría decir frente a las viejas organizaciones sindicales como asociación desde adentro (la fábrica o la empresa) y hacia afuera (las federaciones sindicales) que, los movimientos sociales son la versión ampliada y abierta de los viejos sindicatos pero aglutinando miembros y adeptos en todo el territorio nacional a quienes se encuentran identificados con las propuestas ambientalistas o feministas, para citar solo dos clases de movimientos sociales.

Los nuevos movimientos sociales acuden al reclamo en espacios abiertos (calles, plazas, explanadas para el acampamiento, los plantones…), aunque la promoción, incitación y convocatoria sea virtual, a través de las redes sociales, confrontan a las autoridades nacionales o internacionales y no se dejan encasillar en los partidos políticos o utilizar por estos, aunque puedan ser aliados transitorios en ciertas coyunturas. Las acciones políticas de los movimientos sociales no son electoreras, pero puede ocurrir que por separado algunos o varios en ramas de sus miembros, acudan a las elecciones para apoyar algún candidato que enarbole en el programa de gobierno un tema a fin a la lucha que emprenden. El comportamiento de estos movimientos sociales no es partidista, ni pretenden asemejarse a los partidos políticos pero la praxis política los lleva a pactos transitorios con alguno de los partidos políticos de oposición o las formaciones políticas de izquierda que se enfrentan a las hegemonías nacionales. En una evolución de los hechos un movimiento social se puede transformar en partido político como ocurrió con PODEMOS en España o Syrisa en Grecia, atrayendo más adeptos por el programa que exhiban hasta conquistar el aparato del Estado nacional o en ciudades con alcaldías populares, pero esa no es la regla común.

Los nuevos movimientos sociales reclaman la paz, respeto a los Derechos Humanos, libertad sexual, medidas contra el calentamiento global, exigen decisiones para acabar con la pobreza, confrontar a la banca mundial por las deudas que agobian a muchos países, critican las agresiones a las soberanías nacionales, requieren la profundización de la Democracia, no incitan a la violencia en sus programas ni en los procedimientos para actuar; mirándolo más objetivamente, pueden servir de contención a la subversión o al desenlace de guerras internas, si son atendidas sus reclamaciones. Al contrario sino se corrigen las políticas públicas que ellos señalan o si son reprimidos con fuerza pueden ellos generar factores de violencia de otros actores que si se arman, canalizan la política armada o de anarquistas que acuden al terrorismo.

Mary Kaldor, investigadora de la Universidad de Sussex (Reino Unido), hace una clara diferenciación entre viejos y nuevos movimientos sociales, apoyándose en tres autores, Alain Touraine, Alberto Melucci y Claus Offe. “La literatura sobre los movimientos sociales tiende a hacer la distinción entre viejos y nuevos. Los viejos suelen ser de carácter obrero, o para la autodeterminación, como los movimientos nacionales del siglo XIX o los anticoloniales. Eran movimientos de masas que se dirigían al Estado y se organizaban jerárquicamente, con sus comités ejecutivos, presidentes y secretarios generales. Utilizaban el repertorio moderno de protesta: peticiones, manifestaciones y huelgas. Los nuevos movimientos sociales suelen considerarse descendientes de las revoluciones estudiantiles de 1968, les preocupan temas nuevos: los derechos humanos, la paridad entre sexos, el medio ambiente o la paz. Especialistas en Tics (tecnologías de la información y las comunicaciones), o profesionales vinculados al ámbito asistencial (médicos, conferencistas, trabajadores sociales), ocupaciones generadas por el postindustrialismo y el Estado del bienestar. Son pioneros de nuevas formas de organización horizontal y nuevas formas de protesta que utilizan los medios de comunicación, especialmente la televisión. Mientras los viejos movimientos aspiraban a persuadir a los estados para que actuaran y, en el proceso, ayudaban a fortalecerlos, los nuevos están mucho más preocupados por la autonomía individual, por la resistencia a la intromisión del Estado en la vida cotidiana. Claus offe sostiene que los nuevos movimientos representan una demanda de democracia radical. Entre las principales innovaciones de los nuevos movimientos, en contraste con el movimiento obrero, se encuentra una ideología crítica con la modernidad y el progreso, estructuras organizativas descentralizadas y participativas, una defensa de la solidaridad interpersonal contra las grandes burocracias y la reclamación de espacios autónomos más que ventajas materiales”. (Kaldor, 2005)

Las redes cívicas transnacionales conforman los vasos comunicantes entre países y continentes para enmarañar la comunicación global entre organizaciones no gubernamentales internacionales (ONGI), los movimientos sociales, con sectores sociales, más organizaciones locales, ciudadanos y otros. Las redes cívicas transnacionales son el resultado del uso electrónico en todas las modalidades (celular, fax, email, Twitter, whatsAapp, telefonía fija, aeromensajería, antenas parabólicas, televisión interconectada, el uso del espectro electromagnético etc. Los defensores de los derechos humanos, del medio ambiente, las feministas, los LGTBI (…), encuentran la forma de intercambiar opiniones, fijar criterios, convocar, promover, conocer los hechos y reclamaciones concretas, es decir retroalimentarse para impulsar acciones, alentar la creación de normativas internacionales, y hasta servir de insumos a los tratados internacionales. Poco a poco estos últimos veinte años las campañas contra el uso de minas antipersona y el activismo para fomentar acciones que sirvan a la adecuación del cambio climático se han vehiculado a través de redes cívicas transnacionales como parte de la sociedad civil global.

Las protestas globales son acciones de rechazo colectivo de la sociedad civil global. En muchos casos particulares se protesta por las condiciones infra económicas en cada país motivadas por las redes sociales, pero se entrelazan con los problemas de otras latitudes que sirven de ejemplo para incentivar la protesta. El debate público de esos problemas y su difusión, alimentan la comprensión de esas carencias y su relación con las clases dominantes estatales. Mirando la diferencia de partidos hegemónicos en cada sociedad donde ha brotado la protesta social que se globaliza, el común denominador de los rebeldes es la exclusión que los ha llevado a una situación precaria, se ha venido configurando entonces un precariado mundial. Quienes tienen necesidades represadas, no resueltas y sin posibilidades de resolver por los dirigentes de los países donde viven, van actuando a través de protestas, marchas, movimientos espontáneos, estas protestas se ven en muchos países, traspasan las fronteras, la transfronterización del precariado enciende la chispa, aumenta el número de seguidores ocupantes en cada estado de los espacios públicos para asentarse, instalarse como los indignados del 15-M en España o los ocupas en Wall strett.

Las protestas masivas de indignados de los últimos cinco años no solo envuelven serias reclamaciones sociales sino que reflejan los conflictos urbanos. Son estas protestas otro laboratorio para la ciencia política porque permiten observar y analizar las crisis en las ciudades y desde ellas las peticiones colectivas del cambio.

Las protestas masivas sirven para corregir las desviaciones del poder o para defenestrar a quien está en el poder; depende de la coyuntura política, la intensidad de la protesta, su impacto y de la corrección, o no, de la desviación del poder. Las protestas digitales masivas de indignados son una deriva de la vieja desobediencia civil.

Kaldor Mery. “La sociedad civil global”. Una respuesta a la guerra. Libro publicado por TusQuets Editores, primera edición enero del 2005.Barcelona, España, año 2005.

1 Magister en ciencia política, Universidad Javeriana; PhD en Política Latinoamericana, Universidad Nacional UNED de Madrid; profesor de derecho internacional, universidad Libre, Cali.

Edición 476 – Semana del 11 al 17 de Diciembre de 2015
   
 
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