Fernando Dorado
  Activista Social
 
   
 

Me cuentan que en el pueblo guambiano (que algunos llaman “misak”, que quiere decir “gente”) ya no se reconoce el “Consejo de Taitas”.

Entre la alianza de los 6 pueblos, en Norteamérica, o Confederación Iroquesa (cayuga, mohawk, oneida, onondaga, seneca y tuscarora), existía un consejo de ancianos y otra de ancianas. Además, existía un jefe civil y otro militar para épocas de guerra. Funcionaban asambleas comunitarias que por lo general resolvían todos los problemas por consenso.

Cuando surgía un problema de difícil solución, se reunía el consejo de ancianos. Si éste no podía resolverlo, le correspondía al consejo de ancianas.

Benjamín Franklin y Thomas Jefferson aprendieron mucho de estos pueblos y tomaron varias ideas para construir sus instituciones democráticas.

Es bueno entender que esa forma de gobierno fue construida a lo largo de siglos, lo fueron mejorando con base en la experiencia, la construcción colectiva, evaluando los errores y resolviendo problemas. Si surgía una situación que no contemplaban sus normas (su Constitución tenía 117 artículos), buscaban la forma de modificar la Ley.

Para ellos la Ley era sagrada porque propiamente no existían clases sociales y las normas respondían a un interés genuinamente colectivo.

En Colombia creemos que primero hay que modificar la Ley (Asamblea Constituyente) y que ésta tiene la facultad milagrosa de cambiar la realidad.

Desde que se fundó esta precaria república heredamos ese “chip” legalista que después se volvió “leguleyista”. En menos de 200 años de existencia como nación hemos tenido 5 Constituciones y más de 20 reformas constitucionales importantes.

Aquí hay una tasa de 355 abogados por cada 100.000 habitantes, una de las más altas del mundo. Hay más abogados que ingenieros, médicos o economistas.

Nos gusta el pleito, la demanda y la trampa. Por eso tenemos leyes para todo. Y lo más grave, todos procuramos encontrar la mejor forma de violar la ley porque el sistema judicial –a pesar de tanta norma- es uno de los más ineficientes y corruptos del planeta.

Lástima, los guambianos no saben lo que están perdiendo. Ellos tenían una especie de gobierno conformado por los más sabios. Era uno de los ideales de Platón.

Edición 477 – Semana del 18 de Diciembre al 21 de Enero de 2016

   
 
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