La vejez como riesgo, logro y regalo de la vida

 
Siendo el envejecimiento tanto un logro como un riesgo, lo correcto es cuidar el logro, incrementarlo y reducir las escandalosas inequidades aún existentes: si usted nació en Malí su esperanza de vida es de 58 años, si es japonés, es de 84. Y, sin desconocer el riesgo financiero, construir y defender alternativas a las fórmulas desalmadas del economicismo del Fondo Monetario Internacional.
 
Saúl Franco
 
Médico social
 
 

Para el Fondo Monetario Internacional, FMI, envejecer es un riesgo financiero. Para la humanidad, que entre 1950 y 2010 logró incrementar en 22 años la esperanza de vida al nacer (pasó de 48 a 70 años), es un logro enorme.

Hace dos semanas la directora del FMI, Christine Lagarde, desempolvó el informe “La estabilidad financiera mundial” producido hace 4 años por un equipo técnico de dicho Fondo. El documento reconoce que “Vivir hoy más años es un hecho muy positivo que ha mejorado el bienestar individual. Pero la prolongación de la esperanza de vida acarrea costos financieros”. Define el riesgo financiero como “las implicaciones financieras de que la gente viva más de lo esperado”. Y formula a continuación sus tres propuestas: aumentar la edad de la pensión, aumentar los aportes, y reducir las futuras mesadas –¡qué tal el remedio!-. Advierte, finalmente, que se debe actuar ya. Que es lo que trata de impulsar la señora Lagarde.

Desde algunos sectores académicos se viene hablando de “envejecimiento productivo”, en el sentido de dar mayor participación a las personas mayores en actividades remuneradas y en labores sociales y familiares que les den satisfacción, ingresos y eleven su autoestima. Es importante la productividad, siempre y cuando contribuya a la felicidad. Pero si se planteara el dilema entre productividad y felicidad en la vejez, optaría sin duda por la felicidad, a la que considero la máxima expresión de la salud y la meta superior de la sociedad y las personas.

Siendo el envejecimiento tanto un logro como un riesgo, lo correcto es cuidar el logro, incrementarlo y reducir las escandalosas inequidades aún existentes: si usted nació en Malí su esperanza de vida es de 58 años, si es japonés, es de 84. Y, sin desconocer el riesgo financiero, construir y defender alternativas a las fórmulas desalmadas del economicismo del FMI.

Superando los riesgos y los estimativos mundiales de esperanza de vida, todavía vive en Italia la mujer más anciana del mundo: Emma Morano. Si lo logra, cumplirá 117 años el 29 de noviembre. A más de su longevidad, de haber transitado por los últimos tres siglos, de su lucidez y serenidad frente a la muerte, llama la atención en las crónicas sobre ella su inaceptable pobreza. Vive en un segundo piso, sin ascensor, sin baño, a merced de la caridad pública. Mientras en Harvard estudian su ADN y siguen desfilando por su casa periodistas de todo el mundo, valdría la pena que su caso contribuyera a pensar más a nivel global en las condiciones del envejecimiento y en políticas sociales, ojalá diferentes a las del FMI, para hacer digno y feliz el envejecimiento.

A miles de kilómetros de la anciana centenaria, pero a sólo 17 años de diferencia de edad, mi Madre cumplirá esta semana en Medellín sus 99 años, superando también con creces la esperanza de vida en Colombia: 83 años para las mujeres. A más de producir en su juventud a sus 10 hijos –gracias por siempre, Mamá- fue productiva social y familiarmente hasta entrados sus noventa. Y desde cuando las sombras de la vejez empezaron a nublar su inteligencia y su memoria envidiables, produce apaciblemente un cariño abundante que nos mantiene productivos a todos. Jamás sentimos su costo financiero.

Claro que es duro y riesgoso envejecer. A propósito, en la próxima columna me referiré al reciente estudio sobre el envejecimiento en Colombia. Pero la dureza y el nivel del riesgo dependen de cómo pudo vivir uno antes, qué enfermedades lo aquejan, qué familia conformó y qué sistema de seguridad social lo cobijó o desprotegió en su país. Tengo la suerte, poco frecuente, de poder decir que la vejez de mi Madre ha sido feliz y que en ella no se concretó el riesgo financiero que pregona intencionadamente el FMI. Que inclusive, más que un logro o un riesgo, su vejez sigue siendo un regalo maravilloso de la vida. Ojalá muchos otros, en muchos países, pudieran vivir y decir lo mismo.

Edición 496 – Semana del 27 de Mayo al 2 de Junio de 2016
   
 
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