¡Vivan nuestros ciclistas!

 
El ciclismo competitivo ha sido una actividad clave para Colombia. Nuestros escarabajos merecen toda nuestra admiración. Sus vidas sí que son dignas de ser temas de series televisivas. Ojalá por encima de las narconovelas se pongan de moda las ciclonovelas o futbolnovelas. ¡Ánimo Chavito, Nairo y Rigo!
 
Álvaro González Uribe
 
Abogado, columnista y escritor –@alvarogonzalezu
 
 

Por lo general son muchachos humildes del campo y de los pueblos aunque también los hay de las grandes ciudades. Sus historias son novelas de superación, de valor y en ocasiones heroicas. Son nuestros ciclistas colombianos que hacen vibrar a Colombia de emoción ante los espectáculos que ofrecen en las montañas de Europa, luchando pedalazo a pedalazo contra contendores que parecen gigantes a su lado.

Sus condiciones físicas, sociales, económicas y geográficas son muchas veces las mismas de otros jóvenes que siguen voluntaria o involuntariamente las vías de la violencia ¿Qué hace que tomen caminos diferentes? Entre varios, hay un ejemplo patético: Rigoberto Urán, el entonces niño cuyo padre fue asesinado por paramilitares en Urrao –Antioquia- municipio ubicado en una zona antes agobiada por la violencia en todas sus facetas. Rigo se sobrepuso y hoy es uno de nuestros orgullos en las rutas europeas, pudiendo haber tomado la ruta criminal como tantos otros crecidos en ambientes propicios.

¿Cuántos integrantes de grupos armados no hubieran podido ser grandes ciclistas? Quizá no es tarde, quizá varios de esos menores y jóvenes que hoy salen y saldrán mañana de la guerra tengan las capacidades para ello. El deporte es otra oportunidad más para mirar. Un ejemplo de prevención de la violencia por medio del deporte es la experiencia promovida por la Gobernación de Antioquia de Sergio Fajardo en “Ultimate Fresbee”. Ver en http://www.las2orillas.co/resistencia-y-triunfo-de-los-lobos-3/

Desde las primeras vueltas a Colombia cuando los escarabajos recorrían trochas y atravesaban ríos con la bicicleta al hombro, se empezó a escribir este capítulo de nuestra historia. En aquella época el país se paralizaba escuchando por radio a Carlos Arturo Rueda y más tarde a otros como Julio Arrastía y Alberto Piedrahita Pacheco. En las ciudades era obligado ir a ver llegar “los ciclistas” luego de penosas y largas etapas recorriendo medio país.

Hoy ese fervor doméstico directo no es igual, es cierto, pero sigue vigente y es más amplio ante la internacionalización de nuestros escarabajos y el avance en las comunicaciones que nos permite ver en vivo las grandes carreras europeas por TV.

Es invaluable lo que Colombia debe a estos jóvenes. Entre tantas penas ellos nos hacen olvidar los dolores e insatisfacciones y nos muestran que con disciplina y trabajo es posible triunfar. Por eso su importancia social: son un ejemplo de vida para todos.

Es que estos muchachos que hoy vemos ascender con agilidad las montañas europeas tampoco es que sean campeones porque sí. Cuando apenas vislumbra su talento, desde muy jóvenes son escogidos y con su tesón y sacrificio pasan por rigurosos entrenamientos para poder luchar con los europeos y así mostrar sus inmensas capacidades producto de haber nacido en las alturas de estas montañas de Colombia que tanto han dado; tanto bueno, tanto malo y tanto sin descifrar.

Desde “las montañas de Colombia” algunos envían sus comunicados y también en las montañas de Colombia brotan como granos de café estos campeones.

Con pena hablamos de que la guerra ha sido una especie de profesora de geografía de Colombia, pues hay decenas de lugares y pueblos de cuya existencia muchos solo han o hemos conocido por ser escenarios de masacres, tomas, secuestros o diversos tipos de actos relacionados con la guerra, tales como El Tarra, Filogringo, Tacueyó, Las Delicias, Ghengue, San Vicente del Caguán, El Salado, Patascoy, Miraflores, Bojayá, La Uribe, La Gabarra, Mapiripán, El Aro, Marquetalia, Santa Fe de Ralito, Corinto, Caicedo y muchos más a lo largo de años.

Sin embargo, ¡las paradojas de Colombia!, ya de una manera alegre y pacífica desde hace muchos años el ciclismo también ha sido profesor de geografía. Debido a las transmisiones de las carreras en nuestro país muchos colombianos han o hemos conocido la existencia de varios lugares por ser míticos sitios de paso, metas o cunas de ciclistas, como los altos del Tigre, la Mona, la Línea, Letras, Minas, el Trigo, Patios, Las Rosas, San Miguel y la Tribuna, o pueblos como Cucaita, Ramiriquí, Onzaga, Don Matías, Barichara y Marinilla, entre tantos.

El ciclismo competitivo ha sido una actividad clave para Colombia. Nuestros escarabajos merecen toda nuestra admiración. Sus vidas sí que son dignas de ser temas de series televisivas. Ojalá por encima de las narconovelas se pongan de moda las ciclonovelas o futbolnovelas. ¡Ánimo Chavito, Nairo y Rigo!

Edición 496 – Semana del 27 de Mayo al 2 de Junio de 2016
   
 
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