Donald Trump: ¿De la pandemia al pandemónium?

 

Aunque también el paisaje puede ser más apocalíptico y la pandemia convertirse en un pandemónium internacional, al extremo que impida la celebración de la elección presidencial el próximo 3 de noviembre. Entonces Trump aprovecharía dicha circunstancia para prorrogar en forma indefinida su mandato.

 
Hernando Llano Ángel
 
Profesor Departamento de Ciencia Jurídica y Política,
Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales – Universidad Javeriana
 
 

¡America first!

Hay que reconocer que Trump cumple sus promesas electorales. Estados Unidos, como nación, tiene hoy, 19 de abril de 2020, el más alto número de personas contagiadas por Covid-19 (732.197) y de víctimas mortales (superó las 40.000) en el mundo1. Esas macabras cifras expresan el significado exacto de ¡AMERICA FIRST! Y lo más grave está por venir, pues con el entusiasta apoyo de sus seguidores pronto abrirá la economía y con ella también la caja del pandemónium. Sin duda, la prioridad de Trump es la economía, los negocios y su poder presidencial, no la salud pública y mucho menos la vida, pues tiene la certeza de que su reelección depende más de la disminución del desempleo, que del aumento del contagio por Covid-19 y su relativa baja letalidad. Porque el número de desempleados asciende más rápidamente que el de contagiados. Al 16 de abril era de 22 millones de desempleados, frente apenas 732.197 contagiados. Y el mayor logro de Trump, hasta la llegada del “virus chino”, había sido disminuir el desempleo a un porcentaje insignificante. El menor en los últimos 25 años, en abril de 2019 era del 3.6% por ciento. Con la llegada del virus, que no ingenuamente denomina Trump el “virus chino”, su proeza económica quedó reducida a cenizas. Hoy el porcentaje de desempleados está próximo al 18%, cerca de 22 millones, el más alto en los últimos veinticinco años.2 Por lo tanto, su apuesta macabra puede plantearse en cifras sencillas: poco importan cien mil o más víctimas mortales, con tal de disminuir en unos cuantos millones el crecimiento del desempleo y reactivar la economía. A fin de cuentas, los muertos no votan –al menos hasta ahora-- en los Estados Unidos,  mientras los vivos decidirán su triunfo o derrota en las urnas. Aunque también la cifra de víctimas mortales puede cobrarle una derrota desde ultratumba. Quizá por ello busca convertir a China en el chivo expiatorio de la pandemia. Una pesadilla cruel y despiadada parece desvelar todas las noches a Trump, sueña con un campo lleno de tumbas y unas urnas semivacías de votos. Todos los días despierta sobresaltado. Tal parece que el paisaje de las próximas elecciones presidenciales discurrirá entre tumbas y urnas. De un lado, una interminable fila de féretros, casi oficialmente despreciada y, del otro, una diezmada e indecisa fila de votantes, sofocando con el tapabocas en su rostro el miedo y la esperanza en que transcurren sus vidas, como nos acontece a todos.

¿Otro pandemónium internacional?

Aunque también el paisaje puede ser más apocalíptico y la pandemia convertirse en un pandemónium internacional, al extremo que impida la celebración de la elección presidencial el próximo 3 de noviembre. Entonces Trump aprovecharía dicha circunstancia para prorrogar en forma indefinida su mandato. Incluso parece estar preparando dicho escenario al insinuar que China es responsable de la creación de la covid-19 en un laboratorio en la ciudad de Wuhan y que, de comprobarse semejante invención mefistofélica, ello tendría graves consecuencias, según su último anuncio público. Así las cosas, el planeta se convertiría en un auténtico pandemónium, pues la capital del “Mundo libre” combatiría sin tregua, incluso con armas más devastadoras que la Covid-19, a la capital del infierno, la China comunista. Este escenario, más propio de una película de Hollywood sobre el fin del mundo, parece tan descabellado y absurdo como el de otra pésima producción llamada “la guerra contra el terrorismo”, que aún no termina y que comenzó con la ocupación de Irak, supuestamente para evitar que el demonio de Sadam Husein utilizará armas de destrucción masiva y biológicas contra el mundo libre. Hoy, todo el mundo sabe que esa fue una abominable y mortífera mentira, adobada con la codicia por el petróleo de empresas norteamericanas3 y el control geopolítico y militar del medio oriente, producto del concierto para delinquir urdido por las Agencias de inteligencia y seguridad norteamericanas. Todo lo anterior, con la actuación de mediocres actores de reparto como George W Bush y Dick Cheney, quienes abrieron una vez más la caja de pandora del complejo industrial-militar, quintaesencia del poder imperial norteamericano. Y esa gesta por la “libertad y la democracia” contra la tiranía de Husein, terminó engendrando el pandemónium del Estado Islámico, que convirtió a Europa y el “mundo libre” en un lugar cada vez más inseguro e infernal, con atentados mortales en calles, plazas, salas de concierto, iglesias, mezquitas, sinagogas y millones de migrantes huyéndole a la muerte y el hambre. Hoy, cientos de miles siguen buscando desesperadamente refugio en Europa, cuando la muerte no los asalta y sepulta en el fondo del mediterráneo.

Jinetes del Apocalipsis

Desde entonces los jinetes del apocalipsis galopan de nuevo sobre la tierra: guerras de conquista, muerte, hambre y peste. ¿Será que estamos ad portas de otra guerra contra el “imperio del mal”? En tal caso, tendríamos que reconocer que el virus más devastador y mortal está enquistado en la simbiosis tanática del poder político con el económico y militar. Sobre todo, cuando lo ejercen hombres dominados por la paranoia de la soberbia y la codicia, como sucede con Trump, cuyo horizonte de humanidad se agota en el mercado, el consumo  hedonista y el nacionalismo racista e imperial de electores incautos que todavía creen en consignas tan pueriles como AMERICA FIRST. Hoy están pagando con muerte, dolor, desolación, desempleo y hambre semejante soberbia ignorante y chauvinista. ¿Hasta cuándo seguirán creyendo en ese estilo de vida y cuánto les llevará reconocer a dichos electores que su nación ya entró en un eclipse irreversible? Pero no solo a ellos, sino sobre todo a quienes todavía viven y mueren deslumbrados por el “sueño americano”, ya convertido en un pandemónium planetario. Valdría la pena que todos tuviéramos en cuenta esta admonición de Antonio Gramsci, en una encrucijada histórica dominada por líderes nacionalista y racistas con aires mesiánicos, parecidos a los que hoy pregona Trump: “El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”.

Depende de todos nosotros que tan claro u oscuro sea ese nuevo mundo y los monstruos que lo pretenden dominar. Por lo pronto, va siendo hora de que reflexionemos y cambiemos, si de verdad queremos seguir viviendo en libertad, sin miedo incluso a infectar o ser infectados por nuestros seres más queridos. La vida y menos la libertad pueden ser confinadas, vigiladas y controladas indefinidamente. No pueden quedar reducidas al estrecho, aséptico, seguro y limitado mundo familiar. Precisamos con urgencia del amplio, diverso, hermoso, incierto y generoso mundo terrenal, tanto como del plural y conflictivo espacio público, junto al regulado y disputado del mercado, para seguir siendo humanos.

Edición 679 – Semana del 25 de abril al 1º de mayo de 2020
   
 
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