Todos a la calle

 

Fui a la zona céntrica de la ciudad, a Medellín. Allí ronda la multitud, donde se concentra la pobreza que sale al rebusque, haciendo pesos con que comer, allí mucha densidad, dicen los informes oficiales, es donde se concentra más el covid-19 y su propagación.

 
Mauricio Castaño H.
 
Historiador – Colombiakrítica
 
 

La sensación es de libertad al volver a tu vida normal. La verdad uno se siente comprimido cuando se le reduce el espacio, cuando sólo tienes cuatro paredes por donde sólo debes moverte, cuando no puedes salir a la calle ni parque porque ya no te pertenecen. Puede sonar extraño, pero es cierto, la sensación de estar libre, de poder respirar tranquilo te pone en otra dimensión que es libertaria o mucho mejor existencial. Y esto sucede en paralelo a todo lo infundado y sobre dimensionado, a nuestro juicio, de los cuidados para prevenir el contagio del covid-19. Pero a la larga, como se ha dicho en muchos espacios y en este mismo blog, es otro virus más, como el de una gripe, con solo una diferencia: no se tiene antídoto para contrarrestar. Y todo por la negligencia estatal y empresarial de la multimillonaria farmacéutica que sólo ve negocio en la salud: la OMS el 80% pertenece a los privados. Hace tres años los gobiernos fueron advertidos sobre lo que se veía venir, pero se hicieron de oídos sordos. Pero bueno, aquí estamos, la vida sigue, tiene que continuar y el pan hay que conseguir, algo habrá de haber sobre la mesa. ¡A trabajar hermanos!

Fui a la zona céntrica de la ciudad, a Medellín. Allí ronda la multitud, donde se concentra la pobreza que sale al rebusque, haciendo pesos con que comer, allí mucha densidad, dicen los informes oficiales, es donde se concentra más el covid-19 y su propagación. Por las calles van y vienen las gentes abriéndose paso ante tanto ventero informal, todo sigue igual, ningún susto propagado, todo tan normal, la gente riendo, conversando, el alcohólico en su mundo extendió de ensoñación, en fin, todo igual, sólo lo diferente es el uso generalizado del tapabocas, sólo algunos cuantos que no quieren tapar los encantos de su rostro hacen caso omiso. Esta misma tranquilidad de incredulidad ante tanta restricción se vive en muchos lados, la gente sin tapabocas haciendo deporte, en las peluquerías la gente riendo a carcajadas por el chiste contado por la abuela peliteñida; en la tienda el borracho abraza y dice querer a todos, en la tienda de ropas dejan pasar sin tanta bobada o la mínima para parecer estar cumpliendo protocolos normativos, y así en un largo etcétera.

Veo todo esto y pienso en la sabiduría de la vida. Los datos son reveladores: el viviente sapiens, el humano tiene tan sólo el 5% de factor humano, lo demás es composición común a las otras especies. Esto dice de la alerta en vano o por lo menos las medidas desproporcionadas para enfrentar el virus. Pero bueno por el momento sólo queremos resaltar dos cosas. Sea la primera una apreciación formada de la mucha información alternativa que pone en evidencia lo negligente e insolidario estatal y del mundo de mercado con su lógica egoísta del sálvese quien pueda, sólo pone sus ojos dónde está la especulación. Se abre entonces la guerra por la vacuna, qué laboratorio tiene los dientes más filosos, quien es más mafioso para doblegar a los Estados, para someter a su competencia, Qirinus dominando Júpiter, lo económico se impone ante el poder. A propósito, para ejemplificar, la prensa informa que Rusia la tiene de forma gratuita, pero está chocando con aquellos intereses.

El otro aspecto es existencial, y con lo dicho en renglones arriba, ese ser que se proyecta en el espacio como lo sugiere su etimología, sub jeto, nuestro ser por debajo, doblegado o que se exterioriza en las cosas, nuestra casa es el pequeño universo que nos devela en lo que somos, tanto los objetos como su disposición espacial nos develan en lo que somos. Esto para decir también nos exteriorizamos en el mundo que está afuera: soy la calle, el parque, la gente que pasa y con la que me identifico o me diferencio, todo eso soy, pero que me duele cuando me lo niegan, porqué tengo que pagar los platos rotos quebrados por otros, cuando tengo que asumir la ineficiencia estatal obediente del gran empresariado. La vida sigue, la calle nos espera, esperemos no la vuelvan a restringir, estaban felices controlando a la población, metiendo miedo.

Edición 697 – Semana del 29 de agosto al 4 de septiembre de 2020
   
 
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