A cuatro años de la paz neoliberal,
constituyente subalterna y paz democrática

 

Estas notas pretenden ser de utilidad para afilar nuestras cogitaciones, argumentos, divergencias y coincidencias entre quienes participan de la construcción del bloque social alternativo, a partir del cual se construye el sujeto político plural al que nos venimos refiriendo como la multitud subalterna que busca la autonomía, y para lo cual tiene que reclamar la democracia, esto es, su potencia constituyente y destituyente.

 
Miguel Ángel Herrera Zgaib, PhD
 
Profesor asociado, Ciencia Política, presidente IGS – Colombia
 
 

Fernando y contertulios, la determinación en última instancia por la economía, o la infraestructura económica y social, es uno de esos “clichés” que nos permiten hablar de la paz neoliberal que ya está sobre la mesa de operaciones de cara a la próxima elección presidencial, que ya tiene varios candidatos revoloteando.

Quienes ocupan los primeros lugares, en su orden, según lo registró la encuesta realizada por la firma Invamer, correspondiente a 19 – 22 de noviembre, es como sigue: En primer lugar, está Gustavo Petro, 25,9%, Sergio Fajardo, 20,5%, Marta Lucía Ramírez, 18,7%. Luego siguen Juan Manuel Galán, 7,2%, Humberto De la Calle, 7%, Alejandro Char, 5,5%, y voto blanco: 3,9%. Igualmente, la encuesta de Invamer señala que Petro lidera la intención general del voto. En todo caso, se establece en gracia de hipótesis, que, si la elección ocurriera el domingo siguiente a la publicación, el puntero perdería, porque Fajardo obtendría 45,1% y el segundo sería Petro: 39,7 %.

La misma encuesta establecía que el 36% de los votantes potenciales se inclina a la derecha, mientras que el centro comprende el 30,2%, y la izquierda está en el 16%. Estas son las cifras que ayudan en la coyuntura a calibrar el estado de las fuerzas políticas que se expresan, o podrían hacerlo votando en las próximas elecciones presidenciales. Pero, démosle ahora un vistazo a los dos bloques sociales y políticos enfrentados en materia de paz. Uno es el bloque reaccionario y de derecha, el otro, el que conforman la oposición progresista, la izquierda y los independientes. Desarrollando una perspectiva de acuerdo con lo vivido y experimentado en los cuatro años recién cumplidos.

Hoy tenemos un colofón desalentador, el nuevo dedazo del presidente Iván Duque, quien escogió como uno de los siete magistrados para la Comisión Nacional Disciplinaria Judicial, al ex contralor de Bogotá, Juan Carlos Granados Becerra, quien no tuvo en cuenta ninguno de los antecedentes, que lo señalan como probable responsable de actuaciones administrativas y penales.

Duque permitió recordar, con esta y otras actuaciones, guardadas diferencias, lo que su maestro sub júdice señalaba, cuando los congresistas eran procesados y condenados por su relación con la criminalidad reinante, y en particular, con el llamado fenómeno de la para-república.

Pues, bien, a hoy, el régimen para-presidencial no se desmonta, sino que se refuerza. A esa cita no le falta el actual presidente y la coalición gobernante, que no le interesa la paz, la verdad, y sí, garantizar los intereses de la minoría que gobierna y manda la parada en materia del capital enfrentado al trabajo. En el entretanto fortalecen las trincheras y casamatas en la guerra de posiciones por la hegemonía en la sociedad civil.

Mostrar las cartas

De otra parte, con independencia de si se dice o no, la reflexión de Hardt y Negri, que plantea una relación antagónica entre guerra y democracia parece ser el otro, sobre el que se estructura este pensamiento, y la exhortación del artículo remitido a los jóvenes. Ninguno de los dos me fastidia, por el contrario, reconozco alguna validez analítica en ellos. Pero las lecturas que se desprenden de su implementación son, y pueden ser diversas.

Ahora bien. La mundialización, o la globalización capitalista es un tercer ingrediente, que algunos leen en clave imperialista y otros califican como era imperial, y, por supuesto, no es lo mismo, lo que al respecto dice David Harvey, en el primer caso; y Negri en el segundo, y cómo estas interpretaciones obran en el entendimiento de los procesos políticos nacionales, y en concreto, para no ir mas lejos, el de Colombia. Y, por supuesto, lo internacional y/o global, donde disputan China y Estados Unidos, que en este tiempo de pandemia dan como ganador relativo al peculiar socialismo chino.

Precisemos los términos

En las actuales condiciones de Colombia, para adelantar una acción autónoma de los subalternos, del nuevo y viejo proletariado, del precariado, de las multitudes, del pueblo organizado y los independientes de diversa procedencia, se requiere construir un pensamiento propio que le corresponda a lo nuevo que viene despuntando en Colombia, al menos, desde el año 2010. No parece serlo el que precisa hablar de una paz neoliberal como un credo, y reclama con realismo ajustarse a ella, o persignarse, y tratar de hacer exactamente lo contrario, al insistir en la paz de los sepulcros que es el dictum de la paz reaccionaria, cuyos principales voceros son el expresidente sub júdice y su Sancho en negativo.

Tampoco lo es que tal sea, o haya sido “el camino de Santiago” de las Farc – EP, de lo que hablan las disidencias, la Nueva Marquetalia, para señalar que la Farc, el partido de hoy, porque fueron derrotadas políticamente por la estrategia militar que compartió con éxito relativo el binomio Uribe Santos, con la “generosa” asesoría del gobierno bipartidista estadounidense, tan dispuesto a cuidar su “patio trasero”, aunque ahora más que nunca cambió para el menos pacífico de los océanos.

Entonces, ¿cuándo fue derrotada la insurgencia subalterna? hace catorce años?, ¿en San Vicente del Caguán?, o en noviembre de 2016, cuando se les forzó a firmar la paz de La Habana, con una segunda vuelta, en el teatro Colón, después de pasar por las horcas caudinas del congreso sujeto a las representaciones del capital financiero, los terratenientes y la iglesia cesárea.

El asunto de la paz neoliberal, o de otro cuño es el fruto “dulce o amargo” de las fuerzas neoliberales, con sus dos alas, partido de la U, y Centro Democrático. Presentes en todo momento de la negociación de la paz, como los cancerberos de la tragedia de la guerra. Enfrentadas con las vocerías de las Farc – EP, en dos que tres alas, que eran el polo más visible de los subalternos a raíz de sus éxitos político militares de los años noventa. Pero, antes y ahora ¿qué papel juega el resto de la sociedad, las organizaciones civiles y políticas que se mueven y animan la sociedad civil, de las que hacen parte iniciativas como “Somos Ciudadanos”, “Pazelavoz”, Mujeres por la Paz, Pazeando y otras tantas formaciones sociales, académicas que no han renunciado a darle, primero que todo, entidad e identidad a la paz subalterna, haciendo efectivo el cumplimiento del primero de los seis puntos del Acuerdo, que dote de real contenido a la reforma agraria que beneficia a los campesinos pobres, a los pobres del campo tantas veces ninguneados, y manoseados por el bipartidismo y sus variantes posacuerdo del Frente Nacional?

Una acción estratégica alternativa

En la presente coyuntura de pandemia sanitaria y económica, con un decrecimiento para Colombia, que puede llegar a ser superior al 8%, y con un polo económico global que no mira más hacia el Polo, sino hacia el Pacífico. Pienso que conviene identificar, al menos, los proyectos de paz puestos en la palestra, y de los cuales he hablado, cuando menos desde el año 2016. La que Fernando Dorado, y varios más también llaman la “paz neoliberal”, que aún sigue teniendo pretensiones hegemónicas, de dominar y dirigir a los subalternos insurgentes, en su mayoría desarmados, en un acto que el ala más radical de las ex Farc, califican ahora, de modo abierto, una traición propiciada en La Habana por Timo y Lozada.

Una paz que, por esa vía, también podía arrastrar al resto de las fuerzas sociales, y sus expresiones más dispuestas a las reformas de corte progresista, que conducen a fórmulas diversas de democratización capitalista que tienen varias modalidades pasando por Venezuela, Brasil y Bolivia, con propuesta de capitalismo andino-amazónico, cuya vocería intelectual y política principal proviene del binomio Evo Morales y Álvaro García Linera, ahora sujeto, es muy probable, a necesarias correcciones.

La otra paz es la Paz Subalterna, la del grueso de las Farc – EP que va más allá de la agenda pactada, y de su “conversión” mayoritaria. Una guerrilla que aceptó desarmarse, que acaba de cumplir cuatro años en el pasado mes de noviembre. Porque su militancia de base, y sus cuadros medios insisten en las potencialidades de lo firmado, en la medida en que su dirigencia dentro y fuera de Colombia, recordaba primero el momento del “refrendo” de los acuerdos; que resultó comprometido. Porque la agenda de discusiones no era un asunto abierto, sino sujeto a las mayorías reaccionarias y de derecha que tenían asiento en el Congreso.

El gobierno del tahúr Santos y la mayoría del Congreso jugaron, se sacaron de la manga la carta del referendo, que quedó reforzada por el respectivo espaldarazo constitucional y viene implementándose a marchas forzadas. Así que sólo queda, y en parte se ejercita, la acción extracongreso, con las movilizaciones de signo diverso que vienen ocurriendo en Colombia, con posterioridad a lo acordado en la paz neoliberal firmada y validada por el poder judicial.

Sin embargo, para decirlo de un modo contemporáneo, la paz firmada, sus seis puntos, en recuerdo del analista del discurso político, Ernesto Laclau, la culminación de la agenda neoliberal tiene como remate una suerte de significante vacío o significante flotante, porque incorpora, al menos tres asuntos de especial relevancia, la reforma agraria, la participación en los cuerpos de representación, parcialmente cumplida, y el hacer de la JEP y la Comisión de la Verdad. El sentido de su “progresismo”, garantizado por la movilización social y los triunfos electorales de la oposición con orientación de izquierda, que está por verse, le definirán el carácter definitivo de la paz leída desde el bloque social subalterno y sus efectivos alcances. El equivalente general de este ejercicio no puede ser otro, que establecer la igualdad social en buena medida, rompiendo la vértebra principal a la propiedad privada, que aparece resguarda por el Código Civil vigente desde 1883, y por las mayorías bipartidistas lideradas por el CD, con su reparto posfrentenacionalista de las demás ramas del poder público, y los órganos de control.

Por supuesto que esto no ocurrirá por arte de birlibirloque, sino que tendrá y tiene sus agenciamientos concretos. Han sido bien importantes los grandes avances de la coalición electoral que se probó en 2018, con la divisa de la Colombia Humana. Lo fue también el ejercicio de los votantes contrarios a la corrupción, que superaron los guarismos depositados en la elección del presidente Iván Duque, que vivió el primer quiebre de su legitimidad, que, claro, pasó de agache; y trató de ocultar su derrota poniendo al decálogo de la consulta que no triunfó, como tampoco pasó con el plebiscito, por pequeñas diferencias, que le dieron el triunfo a coaliciones minoritarias, en manos del congreso corrupto y correa de transmisión del bloque dominante. Pero, sobre todo, en el conjunto de movilizaciones del año 2019, que condujeron a la extraordinaria manifestación del 21 de noviembre de 2019, donde la joven generación mostró su potencial constituyente.

De ahí que se desprende la tercera opción, que corresponde a la movilización contra la muerte, contra la tanato-política, y el aplazamiento indefinido de “la igualdad real y efectiva”. Esta es la que denomino Paz Democrática. Es una paz que reclama como mecanismo para su concreción la constituyente, y que para que en efecto sea eficaz no puede no ser una constituyente social. A esta se refiere, en concreto, la abstracción “justicia social”. El sujeto prevalente, determinante en últimas, para avanzar en el sentido político de su concreción es la pluralidad constituyente de los grupos y clases subalternas, de la verdadera democracia.

De ahí que hable de Constituyente Subalterna, y de ella hace parte, sin exclusiones la insurgencia subalterna que insiste en hacer la paz, y sigue siendo ignorada, bajo el primado del “evangelio del apocalipsis” con sus expresiones más inmediatas, siendo hasta hoy la voz destemplada, sin legitimidad del presidente de la anti-paz, que sigue echando cuentos y repartiendo culpas con el ganador del nobel de paz.

Hablo de Constituyente Subalterna para distinguir al sujeto colectivo que disputa en democracia una guerra de posiciones sin armas, en todos los ámbitos de la sociedad civil. En el entretanto el bloque dominante aplica la fórmula de la revolución pasiva con sus peores tácticas, el transformismo y la liquidación de sus adversarios (enemigos), mediante la destrucción individual y masiva esa transición de la paz neoliberal a la paz de los subalternos, que es compleja, en todos sus aspectos: político, moral, intelectual y, por supuesto, económico.

Estas notas pretenden ser de utilidad para afilar nuestras cogitaciones, argumentos, divergencias y coincidencias entre quienes participan de la construcción del bloque social alternativo, a partir del cual se construye el sujeto político plural al que nos venimos refiriendo como la multitud subalterna que busca la autonomía, y para lo cual tiene que reclamar la democracia, esto es, su potencia constituyente y destituyente.

Edición 711 – Semana del 5 al 11 de diciembre de 2020
   
 
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