Presidente y minsalud, entren en razón

 

Ha llegado el momento de que el presidente Iván Duque abandone su sectarismo, componga la relación con Cuba e importe sus vacunas, para que termine de inmunizar este año a toda nuestra población. Y, además, para que esté en capacidad de volver a vacunarla en un tiempo, pues no se sabe aún cuánto durará la inmunidad generada por las vacunas.

 
Patricia Lara Salive
 
Escritora, periodista y activista por la paz – Tomado de El Espectador
 
 

Ahora que el coronavirus en Colombia se torna angustioso, hay demoras en los envíos de la vacuna Sinovac y EE. UU. recomienda suspender la vacuna de Johnson & Johnson —como ocurre en Alemania con la de AstraZeneca para menores de 60 años—, ha llegado el momento de que el presidente Iván Duque abandone su sectarismo, componga la relación con Cuba e importe sus vacunas, para que termine de inmunizar este año a toda nuestra población. Y, además, para que esté en capacidad de volver a vacunarla en un tiempo, pues no se sabe aún cuánto durará la inmunidad generada por las vacunas.

El presidente debe pensar que lo que importa no es que la vacuna sea “castrochavista”, sino que salve vidas de colombianos y, de paso, que salve la economía, pues esta no terminará de recuperarse mientras haya gente que tema salir de su casa. Ese miedo solo desaparecerá cuando la población entera esté vacunada. A decir verdad, nuestras perspectivas no son tan halagüeñas como las pinta Duque, quien ha dicho que al final del año habrá vacunado a 35 millones de colombianos. La realidad epidemiológica es que terminar esta etapa de vacunación en Colombia demorará 687 días —casi dos años—, según calcula el portal Timetoherd.com, que tiene en cuenta variables como la disponibilidad y producción de vacunas, las compras realizadas y la capacidad de los países.

Pero miremos qué puede ofrecernos Cuba: por una parte, el envío, a un precio razonable, probablemente en el próximo semestre, de un gran número de vacunas Soberana 02 y Abdala, que pronto terminarán la fase III de ensayo clínico y ya están en ensayo de intervención poblacional controlado, lo que significa que superaron la etapa del placebo y están siendo aplicadas al personal médico de primera línea y a los científicos. (La meta de Cuba es producir este año 100 millones de vacunas, inmunizar a toda la población y a los turistas, y exportar vacunas a países que han manifestado interés). La Soberana Plus entró en fase II y sería ideal para aplicarla a niños, mayores de 80 años y convalecientes de Covid-19, para que estos aumenten su respuesta inmunológica. Y la Mambisa y la Soberana 01 están en fase I.

Pero lo más interesante es que Cuba puede transferir a Colombia, en muy poco tiempo, la tecnología para montar su propia producción de vacunas en la fase final, a partir del ingrediente farmacéutico que le suministraría la isla, como se hará en Irán y Venezuela, que pronto empezará a producir dos millones mensuales de dosis.

Además, las vacunas cubanas tienen la ventaja de que se pueden almacenar en neveras a una temperatura que oscila entre 2 °C y 8 °C, lo cual reduce los costos y complicaciones logísticas.

Ahora, hay que decir que ese desarrollo de las vacunas cubanas no es gratuito pues, debido al bloqueo económico, Fidel Castro se empeñó en convertir la isla en una potencia biotecnológica. Por eso inventaron vacunas contra la meningitis b, la hepatitis b, la Haemophilus influenzae tipo b y, según The New York Times, fabrican ocho de las 12 vacunas que se les aplican a los niños.

Así que es muy urgente que el ministro de Salud, Fernando Ruiz, ahora se llene de paciencia y valor, y convenza al presidente de que deje la pendejada, se acerque a Cuba y haga una buena negociación para que nos venda las vacunas contra el Covid-19 que vamos a necesitar por muchos años.

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Edición 725 – Semana del 17 al 23 de abril de 2021
   
 
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