¿Por qué perdió Andrés Arauz?

 

Si analizamos las tendencias de los votos en primera vuelta, la campaña de Arauz tenía todas las de ganar, siempre que lograra concertar una estrategia de gobierno que convocara e incluyera a las fuerzas que representaron el mayoritario voto antineoliberal. Por eso decimos que no ganó Lasso, sino que perdió Arauz (y el “correísmo”).

 
Marcelo Caruso Azcárate
 
Analista político
 
 

Mientras que en Bolivia el movimiento indígena definió el triunfo del candidato progresista y de izquierda, en Ecuador, con su llamado al voto nulo (16,2%) facilitó el triunfo del candidato continuista neoliberal. La votación real de Arauz fue del 39% de los votos emitidos, 7 puntos arriba de la primera vuelta, mientras que la de Lasso con el 43%, estuvo 23 puntos por encima de los alcanzados en la primera ronda. ¿Qué fue lo que electoralmente definió esta derrota del llamado “correísmo”, que implica un retraso en los planes integracionistas de la izquierda en América Latina?

Hay que aceptar que, si analizamos las tendencias de los votos en primera vuelta, la campaña de Arauz tenía todas las de ganar, siempre que lograra concertar una estrategia de gobierno que convocara e incluyera a las fuerzas que representaron el mayoritario voto antineoliberal. Por eso decimos que no ganó Lasso, sino que perdió Arauz (y el “correísmo”), quien comenzó la segunda campaña con más de 12 puntos de diferencia a su favor.

El problema, convertido en conflicto, entre el “correísmo” y los indígenas y movimientos sociales ambientalistas y de género, venía de antes y, en lugar de transformarse en un diálogo autocrítico y constructivo, se escaló al punto en que salieron a luz los intereses originarios. Que Correa persiguió a Yaku y que este hacía lo imposible para provocarlo, fue un choque de egos que no permitía desentrañar los intereses ocultos. Aclarando también, que la composición cultural y política de los liderazgos del movimiento indígena de Ecuador está fraccionada, permeada por el clientelismo y por autoritarismos como el que revela Yaku en su occidental versión del indigenismo ambiental.

Yaku siguió acusando al “correísmo” de los actos del gobierno traicionero de Moreno, si bien comenzó negociando con él y con la embajada de EE. UU., y luego, frenando una movilización de masas que lo tenía derrocado. Todo a cambio de que le permitirían llegar a la segunda vuelta electoral, sin entender que la traición a los acuerdos es una condición de clase en la burguesía. No obstante, pactó con Lasso cargos parlamentarios y en su futuro gobierno, a cambio de llamar al voto nulo de la corriente indígena y de jóvenes, de la cual podían llegar los votos que le faltaban a Arauz.

La campaña de Arauz continuó la segunda vuelta sin cambios en su discurso, sin mostrar independencia para negociar, que en el futuro implicaba gobernar, y colocando la figura Correa (que tenía una imagen negativa del 50%) como su futuro asesor. Cada vez que Correa enviaba un video donde hacía énfasis en su perseguida figura –y secundarizaba la de Arauz–, este caía puntos en las encuestas. También fue evidente que fueron más los intentos de ganar votos del centro–derecha, que es válido, que los de abrir un diálogo con esa corrientes sociales e indígenas que critican con razón los vaivenes de la errada política ambiental, etnocultural y desarrollista del gobierno de Correa, el cual comenzó con una radical y valiente propuesta de cuestionar la deuda externa, para terminar, permitiendo la explotación petrolera en el Amazonas a cambio de carreteras de gran nivel. Una mención merece la confusión en la izquierda tradicional, mientras que el Partido Comunista de Ecuador abiertamente apoyó a Arauz, el frente de Izquierda Unida no lo apoyó y dejó a sus bases en “libertad de opción”.

Mientras que Lasso, inteligentemente orientado para aprovechar los lados flacos del “correísmo”, organizó encuentros de pantalla para “escuchar” a supuestos representantes de estos sectores sociales alternativos, y frente a un pueblo cansado del discurso de confrontación personalizado, llamó al Encuentro y a la acción conjunta, atrayendo votos de sectores del centro político.

La conclusión que aflora, es que la responsabilidad de continuidad de un proyecto antimperialista y popular, está en los y las valiosos liderazgos del llamado “correísmo”, para persistir en sus esfuerzos de construirse como un proyecto político de izquierda que, sin negarlo, vaya más allá del líder que los agrupó inicialmente, para lo cual deberá continuar formando políticamente a sus militantes y renovar sus liderazgos, para mantener con propuestas transformadoras las acciones de lucha de esa base social acumulada. Esto debería ir acompañado de un reencuentro con las organizaciones sociales y los pueblos indígenas que, seguramente, se realizará inicialmente en las crecientes movilizaciones que responderán a la anunciada “traición” de Lasso a sus promesas de salida progresista de la crisis, y que pueden llevar al derrumbe de su frágil gobierno de coalición.

Un tropezón no es caída, si se aprende a caminar.

Edición 725 – Semana del 17 al 23 de abril de 2021
   
 
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