“El conformista”

 

Bertolucci señala en la película el precario significado y alcance que tiene la autonomía ética e intelectual, frente al inmenso poder de la obediencia acrítica y la “entrega” de aquellos sujetos, dispuestos a todo por cumplir con los mandatos e instrucciones de los jefes y caudillos, aceptando irrestrictamente la anormal “normalidad” impuesta por el fascismo.

 
Julio César Carrión Castro
 
Universidad del Tolima
 
 

Astucia, disciplina y obediencia

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define Conformismo, conformista: De conforme… Práctica de quien fácilmente se adapta a cualquier circunstancia de carácter público o privado.

La película “El conformista” de Bernardo Bertolucci, del año 1970, basada en la novela del mismo nombre de Alberto Moravia –1951–, nos ilustra acerca del comportamiento de un individuo, Marcello Clereci –representado en el film por el actor Jean Louis Trintignant–, profesor universitario que, en los años treinta del pasado siglo, en el período de ascenso de Benito Mussolini y el fascismo en Italia, convenientemente se hace militante fascista, a fin de sobrevivir en un medio que, política, social y culturalmente repudiaba ya de manera abierta y mayoritaria, todas las expresiones de autonomía intelectual y, por supuesto, el pensamiento crítico, las ideas socialistas y la democracia.

Con el propósito de congraciarse con las autoridades y con los grupos paramilitares y de policía secreta encargados de mantener, tanto la “pureza” conceptual y teórica, como la disciplina de los fasci italiani di combattimento y demás seguidores del Partido Nacional, Marcelo acepta –habiendo sido previamente militante socialista, como el propio Duce Benito Mussolini– el encargo de asesinar a Luca Quadri, su antiguo respetado profesor, que se encuentra exiliado en París a cuenta de la persecución fascista.

En el lenguaje eufemístico y melifluo empleado por el fascismo, simplemente se trataría de controlar las actividades molestas de ese profesor que desde el exterior continuaba incitando a la rebeldía y al levantamiento popular contra el “orden” establecido, se trataba de una persona estorbosa que no entendió que con el fascismo en el poder, “se terminó el tiempo de la reflexión y que ahora es el tiempo de actuar”.

Bertolucci señala en la película el precario significado y alcance que tiene la autonomía ética e intelectual, frente al inmenso poder de la obediencia acrítica y la “entrega” de aquellos sujetos, dispuestos a todo por cumplir con los mandatos e instrucciones de los jefes y caudillos, aceptando irrestrictamente la anormal “normalidad” impuesta por el fascismo. Se pregunta por qué la gente colabora con ese poder que les niega, les despoja y les oprime y, desoladamente, concluye que muy pocos lo hacen por convicción o fe en las tesis o argumentos del fascismo -muy escasos e insignificantes por cierto-, otros lo hacen por temor, pero la inmensa mayoría lo hace por ambición, buscando beneficios personales y dinero. Entonces anteponen nociones como “nación”, “patria” o “partido” a los intereses sociales, familiares o sentimentales.

Para el fascista, carente de reflexiones políticas sustentadas en la solidaridad, el análisis intelectual, o en la ética, como hemos dicho, el crimen no es más que un paso en su carrera oportunista por trepar; pierde todo asomo de autonomía, de individualidad y de dignidad, aferrado a la obediencia y a la disciplina al partido y a los jefes, asumiendo que está protegido con una especie de “inmunidad de rebaño”, (para decirlo en ese tan socorrido lenguaje de hoy), que entiende como patriotismo, lo cual significa estar dispuesto incluso hasta ofrecer la vida para evitar que “el enemigo” triunfe. Porque el fascista cree que siempre se está en guerra, contra los enemigos del “orden”, del Estado, de la religión, de las tradiciones, de la propiedad, etc. Ya se trate de subversivos o de académicos, da lo mismo, hay que pelear, contra los socialistas, los comunistas o los “castrochavistas”, hay que pelear siempre…Al fascista le son indispensables las armas, disparar, si no lo hace él, por cobardía o “recato”, en todo caso que otros lo hagan.

El sistema fascista clásico, tanto como la contemporánea democracia fascista, claramente expresan, como lo señala la cinta, la tremenda validez de la alegoría de la caverna expuesta por Platón en el libro VII de La Republica, en que la auténtica realidad es velada o encubierta por una serie de sombras que simulan ser lo cierto, lo objetivo, la “verdad”, con la complacencia y beneplácito de los gobernantes y sus súbditos.

La teatralidad de los regímenes fascistas se capta no sólo en todas esas sombras y reflejos fatuos con que nos agobian: Libertad, igualdad, Estado de derecho, democracia; en toda esa mitología argumental melodramática que genera la mayor credibilidad entre las masas, sino, en la promoción de esos caracteres hipócritas y acomodaticios que, permiten que la mentalidad criminal sea prohijada y aceptada como un simple acontecimiento pasajero de los hombres de bien que, en todo caso, seguirán acatando el “orden establecido”, sea cual fuere, y continuarán siendo sumisos, bien adaptados, conformistas…

Edición 727 – Semana del 1º al 7 de mayo de 2021
   
 
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