Bienvenida la comisión interamericana de derechos humanos

 
 
 

Por fin, pudo llegar la Comisión Interamericana de DD.HH. y fue recibida por centenares de manifestantes donde sobresalían, jóvenes, estudiantes, trabajadores, maestros, desempleados, mujeres de diversas ONG, representantes minga indígena, comunidades afrodescendientes, campesinos etc.

 
Alonso Ojeda Awad
 
Exembajador de Colombia
 
 

Frente al descuadernamiento que vive el país con la ausencia de gobierno, la pavorosa cifra de violaciones de los Derechos Humanos y una comunidad Internacional que nos mira sorprendidos, se impuso la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) con el fin de ayudar a encontrar mecanismos que nos conduzca al cese de este impresionante arrasamiento del “Estado social de Derecho” que ya va a cumplir dos meses y no se ve una solución posible, en medio de esta catástrofe social vivida.

Resultó muy extraño que el mismo gobierno de Duque tratara afanosamente de imponer unos tiempos de visita a la CIDH. Este hecho bochornoso solo se le presentó a la Comisión frente a la visita a Venezuela y Nicaragua. Se daba por descontado que Colombia brindaría todas las posibilidades cuando fueran solicitadas. No ocurrió así, se pretendía que solo cuando Duque, Fiscalía, y Defensoría del Pueblo, hubiesen borrado todos los pésimos comportamientos testimoniales en DD.HH. de la policía Nacional, iban a autorizar la visita. Fue necesario, en Washington, que a la vicepresidenta y canciller colombiana le hablaran claro los senadores demócratas de los EE.UU. para cambiar su actitud y decidirse a actuar inmediatamente.

Por fin, pudo llegar la Comisión Interamericana de DD.HH. y fue recibida por centenares de manifestantes donde sobresalían, jóvenes, estudiantes, trabajadores, maestros, desempleados, mujeres de diversas ONG, representantes de la minga indígena, comunidades afrodescendientes, campesinos etc., quienes estaban repartidos en el largo camino que desde el aeropuerto internacional El Dorado llegaba hasta el Hotel Tequendama, dispuesto para el alojamiento y sitio de trabajo de los integrantes de la Comisión. En esta forma solidaria le manifestaban su complacencia a la Comisión por venir al país y preocuparse por los Derechos Humanos de toda la población.

Nosotros estamos esperanzados que el gobierno de Duque acogerá las serias recomendaciones hechas por la Comisión y a las cuales se refiere el sacerdote jesuita Francisco de Roux, en los siguientes términos: “No maten más, paren la generación de tanto dolor y muerte y protejan a los Defensores de Derechos Humanos”. Detengan la estigmatización de la protesta: nace del grito masivo de la inconformidad, del hambre y del desespero de tantos jóvenes frustrados y olvidados por un Estado indolente e irresponsable.

Rechazamos las expresiones de vandalismo, pero sabemos que surgen como resultado de un modelo económico profundamente desigual que genera por sus cuatro costados: desempleo, hambre, miseria absoluta y desesperación. A los jóvenes los acompañamos en su valiente actitud de rechazar las injusticias, madre de todo el caos existente.

Estamos con el respetado sacerdote jesuita Francisco de Roux, en reclamar un nuevo pacto social que permita crear un nuevo país, lejos de la explotación inmisericorde de miles de colombianas y colombianos y juntos, caminemos a cimentar una Democracia mas profunda e incluyente, donde se asegure un mejor futuro para las presentes generaciones.

Edición 733 – Semana del 12 al 18 de junio de 2021
   
 
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