Escuchar al Papa Francisco

 
 
 

Ya están advertidos los explotadores de turno y los malos gobiernos que amasan riquezas quitándole el pan a los niños y a las familias con profundas dificultades de subsistencia. La voz sagrada de su Santidad el Papa Francisco seguirá tronando en el mundo exigiendo justicia social para los humildes y desheredados de la tierra.

 
Alonso Ojeda Awad
 
Exembajador de Colombia
 
 

Su Santidad el Papa Francisco es el líder indiscutible que reclaman los pueblos del mundo ante el caos y el desbarajuste pavoroso que vive nuestra desorientada humanidad. Son tantos los problemas: El hambre galopante que asfixia, la miseria que corroe las estructuras sociales, la ignorancia asesina, la destrucción inmisericorde de “nuestra casa Común”, que solo un hombre, bueno y comprensivo como él, puede ayudar a detener la mano criminal de un sistema económico y social depravado como es el Neoliberalismo o Neoconservadurismo, como lo llaman los estudiosos de las universidades.

No se hizo esperar el Santo Padre, en el cuarto “Encuentro Mundial de los Movimientos Populares”, su Santidad levantó su autorizada voz para clamar angustiosamente por los pobres, los desheredados de la tierra que apenas sobreviven en medio de su angustia y soledad, para clamar, de nuevo, por el deteriorado y agónico medioambiente.

Levantó la voz para pedir “un salario universal, con el fin que cada persona en este mundo pueda acceder a los mas elementales bienes de la vida”. Es imposible sobrevivir en esta manigua capitalista sin tener al menos un salario mínimo asegurado y cuánta razón humanística tiene su Santidad al sentir el hambre de los pobres que les corroe sus entrañas. No paró su Santidad allí: Pidió “la reducción de la jornada laboral” para aumentar las posibilidades de trabajo para más ciudadanos en el mundo y tiempo para que todos puedan recrearse con sus familias y sus semejantes.

Mas adelante fue contundente, al expresar con todo su coraje, cuando dijo: “Este sistema con su lógica implacable de la ganancia está escapando a todo dominio humano. Es hora de frenar la locomotora, una locomotora descontrolada (enloquecida) que nos está llevando al abismo. Todavía estamos a tiempo de parar”. Y hay que parar esta destrucción generada por seres ambiciosos, egoístas que se ríen de las miserias que acompañan a los campesinos, a los indígenas, a los negros, pobres y desamparados de todo el mundo.

Fue clamoroso cuando recabó sobre la necesidad de cambiar el actual sistema socio-económico y pidió a gobiernos, políticos, empresas y jerarcas religiosos que ayuden en este objetivo, al tiempo que exigió “la liberación de las patentes de las vacunas, la condonación de la opresiva deuda externa de los países pobres y el cese de la destrucción de bosques, humedales, selvas y montañas por parte de las transnacionales extractivas de nuestros recursos, en ríos y mares, lo mismo que cese la intoxicación de alimentos y de los pueblos”.

Posteriormente fue muy claro cuando les pidió a los políticos y a los gobiernos que “trabajen por el bien común, se cuiden de escuchar solo a las elites económicas y sean servidores de los pueblos que claman por tierra, techo, trabajo y una vida buena” … y a los jerarcas religiosos “que nunca usen el nombre de Dios para fomentar guerras o golpes de Estado”.

Ya están advertidos los explotadores de turno y los malos gobiernos que amasan riquezas quitándole el pan a los niños y a las familias con profundas dificultades de subsistencia. La voz sagrada de su Santidad seguirá tronando en el mundo exigiendo justicia social para los humildes y desheredados de la tierra.

Edición 752 – Semana del 23 al 29 de octubre de 2021
   
 
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