Federico Gutiérrez,
el “nuevo Jorgito” de Uribe

 
 
 

Uribe, con la sagacidad que le caracteriza, sabe que la figura de Zuluaga deviene desgastada y debilitada, no solo por su nulo carisma, sino por los efectos negativos que le generó en su imagen el escándalo de Odebrecht. Por ello, su real alfil para el 2022 es Federico Gutiérrez. Este será, si llegare a ser presidente de la República, su nuevo “Jorgito”.

 
Germán Ayala Osorio
 
Comunicador social-periodista y politólogo
 
 

Después de la “elección” o “designación” de Óscar Iván Zuluaga como candidato de la secta-partido, el Centro Democrático, la senadora María Fernanda Cabal exige que se publiquen los resultados de las firmas encuestadoras que participaron del proceso selectivo. Como la única y gran afectada por el resultado, Cabal siembra un manto de duda sobre el mecanismo acordado al interior de esa cofradía, para escoger su candidato único para las elecciones de 2022. María Fernanda Cabal alcanzó a soñar que sería la elegida, de ahí la enorme frustración que la embarga. Veremos hasta dónde podrá llegar con sus reclamos, cuando sabe que quien da las órdenes dentro de la cofradía del CD es su admirado y amado presidente eterno. Por el contrario, a Paloma Valencia y los otros aspirantes siempre se les vio tímidos en sus campañas y jamás creyeron en que serían elegidos.

Más allá de la pataleta de la controvertida política, en el reencauche de Zuluaga se puede advertir no solo el poder y la mano del propietario de la secta-partido, Álvaro Uribe Vélez, sino la sumisión de todos los que participaron de la consulta interna. La subordinación de unos y otros, incluyendo a la propia Cabal, hace pensar en que es verdad en que el Gran Imputado maneja esa congregación con los principios de lo que se conoce como “disciplina para perros”.

Uribe, con la sagacidad que le caracteriza, sabe que la figura de Zuluaga deviene desgastada y debilitada, no solo por su nulo carisma, sino por los efectos negativos que le generó en su imagen el escándalo de Odebrecht. Por ello, su real alfil para el 2022 es Federico Gutiérrez. Este será, si llegare a ser presidente de la República, su nuevo Jorgito. “Fico” es mal hablado, grosero, negacionista del conflicto y se opone a que los exguerrilleros de las ya extintas Farc – EP, deambulen libres por el Congreso de la República. Además, comparte con el expresidente y exsenador, la misma idea de lo que debe ser la seguridad: mano firme, lo que se traduce en violencia policial. Se suma a lo anterior que es un paisa paisa y para Uribe, eso es garantía de una férrea lealtad, lo que sin duda derivará en que el nuevo ungido obedecerá a todos los caprichos del Gran Hacendado.

En esas circunstancias, Zuluaga fungirá como un comodín-distractor, con el que Uribe pretenderá mantener el poder que le confiere ser el gran elector en Colombia. Así, la Coalición de la Experiencia viene siendo la extensión del uribismo, con todo lo que ello implica ética y moralmente. Eso no quiere decir que la Coalición de la Esperanza sea la antítesis del uribismo. En la campaña propiamente dicha, sus integrantes dirán que ellos tomarán distancia de Uribe y del uribismo, pero eso no será del todo posible por una razón fundamental: desde el 2002 Uribe dejó montada una red clientelar de servidores públicos cuya función es defender el “legado” del hoy sub judice ciudadano. Además, al interior de las fuerzas militares también opera una red de seguidores de Uribe, cuyos miembros continúan defendiendo la tesis que señala que el Acuerdo de La Habana fue una claudicación y que esa negociación mancilló el honor de los soldados que combatieron a las entonces Farc – EP.

Como en “política no hay amigos, sino intereses”, Zuluaga terminará aceptando un ministerio o una embajada, pues todo apunta a que los recursos financieros salidos de la contratación oficial por la cancelación de la Ley de Garantías, las tramoyas políticas y electorales se pondrán al servicio de la campaña presidencial de Fico. Quizás veamos en la contienda por la presidencia, a Petro enfrentando a Fico Gutiérrez. Lo único cierto es que Zuluaga no es el que dijo o dirá Uribe: es Federico Gutiérrez. El plan B del 1087985 es Alejandro Gaviria, quien no tendrá el talante para tomar distancia política del Gran Imputado. Veremos quién más estará dispuesto a ser el nuevo “Jorgito”. Ya el país no hablará más de un títere que atiende en la Casa de Nariño (o de Nari), sino de un nuevo Jorgito. Colombia avanza, ¡ajúa!

Edición 757 – Semana del 27 de noviembre al 3 de diciembre de 2021
   
 
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