La antipolítica de las
emociones y la pobreza

 
 
 

Me niego a creer que los acerca de 6 millones de colombianos que votaron por Hernández, hayan estado movidos por su comprensible desprecio hacia una clase política que los ha sumido en la desesperanza y la ignorancia. Conviene que esos millones no vuelvan a incurrir en el error de confundir la política con los negociados de los políticos corruptos que rechazan con razón y que castigaron en las urnas.

 
Hernando Llano Ángel
 
Profesor Departamento de Ciencia Jurídica y Política – Calicanto
 
 

Los casi 6 millones de votos1 arañados por el ingenioso Rodolfo Hernández en esta primera vuelta presidencial son profundamente emocionales y expresan el repudio y el hastío que sienten sus seguidores contra la clase política y sus protagonistas. Unos protagonistas a los que no les creen ya nada y condenan en forma irrevocable como corruptos y ladrones. Tal es el mantra milagroso de campaña que querían escuchar y les repitió en forma obsesiva Hernández. Esos millones de colombianos están cansados de la pelea interminable entre Petristas y Uribistas. No quieren saber nada más de política porque ella solo les significa sangre, corrupción, inseguridad y frustraciones. Por eso el ingenioso Hernández no se presentó a los debates finales con Petro, Fico y Fajardo. Pasó de agache por las redes sociales y pregonó en cuña televisiva, con tono paternal, lo que deseaban escuchar millones de ingenuos seguidores: “Si me elijen, yo sí puedo gobernar, porque si gana Petro, Uribe no lo deja gobernar y si gana Fico, Petro tampoco lo permitiría. En cambio, yo les aseguro que acabo con esa ladronera, les quito las camionetas a los congresistas y les doy oportunidades y empleo a todos ustedes”. Un mensaje elemental que convocó la rabia y el desprecio que sus votantes sienten por los políticos y la política, entendida ésta como una actividad que no los deja trabajar, ni vivir tranquilos. Más bien significa todo lo contrario, la política les amarga la vida, los grava con impuestos, les impone obligaciones y requisitos incumplibles para sus actividades informales y laborales, en fin, no contribuye en nada a mejorar su calidad de vida cotidiana. Sin duda, Hernández cabalga exitosamente con sus oportunistas e inescrupulosos asesores sobre dicha realidad que anida en la mente de millones de colombianos: la política es la actividad más deplorable y despreciable que existe, porque es la apropiación y depredación de los bienes e intereses públicos en beneficio de los políticos profesionales y sus facciones, autodenominadas “partidos políticos”, convertidas en verdaderas asociaciones para delinquir. En otras palabras, politiqueros dedicados a la expropiación de lo que nos pertenece y afecta a todos –la vida pública y el Estado– en beneficio de unas minorías codiciosas e inescrupulosas que se hacer reelegir periódicamente. Y el ingenioso Hernández logró presentarse ante esos millones de electores como el héroe impoluto que acabará con esa peste. Entonces ya no hay argumento alguno para persuadirlos de lo contrario, pues emocional y visceralmente creen en él como en un Mesías que hará milagros una vez llegue a la Casa de Nariño. ¡Cómo si la política y gobernar dependiera tan solo de la voluntad presidencial! La pregunta es ¿Con quién y para quienes gobernaría este Trump tropical que desprecia a casi todos los políticos y los considera ladrones, incompetentes y mentirosos? Si en privado pondera a Uribe y valora su apoyo, ¿Ahora lo despreciará públicamente? ¿Cómo hará para sostener un debate con Gustavo Petro, más allá de recurrir a los insultos y la descalificación? De ganar, ¿Quiénes integraran un gabinete con un Presidente que ignora dónde queda Vichada y admira a Hitler como un “gran pensador alemán”? En fin, aquellos que se mofaban de Pedro Castillo como presidente del Perú, ahora se apresuran a pedir el voto por Rodolfo Hernández y apelan a sembrar el miedo, pregonando que si no lo hacen entonces sus familias corren peligro, las libertades desaparecerán y la democracia colapsará. Olvidan los de Equipo Colombia, el Centro Democrático, el Partido Liberal, Partido de la U, Partido Conservador, Cambio Radical y demás facciones del establecimiento político que el miedo nunca es inocente y tras Hernández esconden su incompetencia, irresponsabilidad y corrupción. Justamente ese tinglado que Álvaro Gómez Hurtado (Q.E.P.D) llamaba el régimen de corrupción y complicidades es el que ha catapultado a las puertas de la Casa de Nariño a un hombre que no conoce la geografía del país y confunde a Einstein con Hitler.

¿Segunda vuelta explosiva?

El voto de sus seguidores se convierte así en un acto de fe incontrovertible y quien ose ponerlo en duda es un hereje o, aún peor, un corrupto politiquero o un mamerto. No importa que quienes ahora salgan apoyarlo, como Fico y Lara, ayer lo señalaran de ser un oportunista por apropiarse de la bandera de la anticorrupción, no obstante estar bajo investigación judicial por el oscuro contrato con Vitalogic2 cuando era alcalde de Bucaramanga. Un contrato donde aparecía de por medio el interés de su hijo. Pero ahora el Equipo Colombia eliminado busca persuadir a sus cinco millones y medio de electores para que voten el 19 de junio por el ingeniero, apelando a la emoción más peligrosa y mortal que existe en la política, el miedo, y les dicen que: “Gustavo Petro no le conviene a Colombia, consideramos que esa opción sería un peligro para la democracia del país (...) Los invito a que cuidemos al país y votemos por Rodolfo”. Así preparan el coctel más explosivo que pueda existir para la segunda vuelta: la irracionalidad de las emociones antipolíticas, tras las cuales está el odio y el desprecio generalizado contra todos los políticos corruptos, excepto el “impoluto” y sub júdice Hernández, mezclado con el miedo contra el candidato que representa a más del 40% de los colombianos y es estigmatizado como una amenaza para la democracia y las familias de los demás colombianos. Sin duda, un escenario indeseable, donde tienden a predominar las emociones, los prejuicios, odios y miedos, que son los peores consejeros para la toma de decisiones cruciales como la del 19 de junio y mucho más para la existencia de la democracia, cuyo sustento vital es la deliberación racional y la confianza entre ciudadanos y gobernantes.

Emocionalidad Vs Racionalidad

Frente a semejante emocionalidad, inmune totalmente a la racionalidad, sumada al miedo y la desconfianza insalvable entre los electores, poco importa que Hernández haya realizado afirmaciones tan reveladoras y descalificadoras  como las siguientes, que se encuentran circulando en vídeo por las redes sociales3: “Yo cojo las hipotecas que esa es la vaca de leche, imagínese 15 años un hombrecito pagándome intereses, una delicia”, para referirse a los programas de vivienda popular que adelantó con su firma constructora y son la fuente de su riqueza actual4. Un candidato que en una entrevista respondió: “Yo soy seguidor de un gran pensador alemán, Adolfo Hitler” y luego reconoce que fue un lapsus y eso le puede pasar a cualquiera. Que desprecia la inteligencia de las mujeres en la vida política y las confina al trabajo doméstico: “Es bueno que ella haga los comentarios y me apoye desde la casa, la mujer metida en el gobierno a la gente no le gusta” y, para terminar, considera que la pobreza es lo mejor para los empresarios: “Necesitamos es que los empresarios entiendan que el mejor negocio es tener gente pobre con capacidad de consumo, todo lo que más se pueda, porque los pobres consumen toda la plata del mes”. Para no mencionar sus insultos, apenas audibles y casi imposibles de transcribir por su procacidad y emotividad. Me niego a creer que esta selección de sandeces represente acerca de 6 millones de colombianos que votaron por Hernández, movidos por su comprensible desprecio hacia una clase política que los ha sumido en la desesperanza y la ignorancia. Conviene en que esos millones no vuelvan a incurrir en el error de confundir la política con los negociados de los políticos corruptos que rechazan con razón y castigaron el pasado domingo en las urnas. Pero si eso sucede en la segunda vuelta, es bueno advertirles que ese tipo de lapsus y errores suelen convertirse rápidamente en horrores y que su rectificación se paga con vidas humanas. Vidas sacrificadas en el altar de las ganancias que acrecienta la riqueza de los mismos de siempre con el trabajo de los pobres que “consumen toda la plata del mes”, como les aconseja el ingenioso ingeniero Hernández a sus amigos empresarios.

Edición 780 – Semana del 4 al 10 de junio de 2022
   
 
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