Rodolfo Hernández, el ingeniero procaz que quiere ser presidente de Colombia

 
 
 

Rodolfo Hernández, ingeniero de profesión, ha conseguido crear una imagen de viejito chistoso en TikTok e Instagram, conectando con el país farandulero, camandulero y superficial que finge que nada pasa mientras pasa de todo. Por eso, sus apariciones en bañador con actrices, influencers, y modelos, emulando a Hugh Hefner, en lugar de indignar, divierten a un amplio espectro de la sociedad.

 
Felipe Pineda Ruiz1
 
 

“Soy feliz echando plomo (bala), me encanta que suene” le decía recientemente entre risas Cecilia Suárez de Hernández, madre del candidato Rodolfo Hernández a Vicky Dávila, la directora de Semana, una especie de Daily Mirror criollo que se ha convertido en el principal aparato propagandístico de la derecha colombiana en esta coyuntura presidencial colmada de escándalos y pocas propuestas.

Hernández, quien por su etiqueta de “polémico empresario” es comparable con Donald Trump, o con el excéntrico ex presidente de Ecuador y ex propietario del Barcelona de Guayaquil, Abdalá Bucarám, ha hecho de la incorrección política su principal arma para catapultarse ante una opinión pública volátil, amnésica, y ávida de candidatos disruptivos que bailen al ritmo de la inmediatez escandalosa de las redes sociales.

Rodolfo Hernández, ingeniero de profesión, ha conseguido crear una imagen de viejito chistoso en TikTok e Instagram, conectando con el país farandulero, camandulero y superficial que finge que nada pasa mientras pasa de todo. Por eso, sus apariciones en bañador con actrices, influencers, y modelos, emulando a Hugh Hefner, en lugar de indignar, divierten a un amplio espectro de la sociedad.

Por su rol de promotor inmobiliario Rodolfo Hernández podría compararse a Luis Carlos Sarmiento Angulo, principal constructor de Colombia, o a Florentino Pérez, uno de los desarrolladores más prominentes de España. Por el tamaño de su emporio, su origen provincial, y su tono ramplón, es más preciso equiparar al ex Alcalde de Bucaramanga con Jesús Gil y Gil, ex presidente del Atlético de Madrid y ex Alcalde de la turística Marbella, célebre en Colombia por decir “Al negro le corto la cabeza” en referencia al colombiano Adolfo ‘El Tren’ Valencia por su flojo rendimiento en el campo tras un partido de su equipo ante el Logroñés.

La “anticorrupción” de Rodolfo Hernández

En momentos donde la sociedad expresa su hastío con la guerra y la corrupción el ingeniero Hernández, quien a su vez es el candidato del presidente Iván Duque y de Álvaro Uribe, repite al pie de la letra como mantra todo lo que quiere escuchar esa Colombia de la región andina donde triunfó el NO a la paz en el plebiscito de 2016. La región andina no solo es el área más poblada y montañosa del país sino el epicentro de la guerra ininterrumpida entre guerrillas, ejército, y paramilitares, que ha tenido lugar entre 1948 al presente.

Pero la irrupción de un candidato tan procaz como Rodolfo Hernández no es una mera coincidencia.

Hernández, producto de marketing político que emula la demagogia punitiva y anticorrupción de Nayib Bukele, Luis Lacalle Pou, y José Antonio Kast, no solo sedujo a sufragantes uribistas sino a un amplio sector de electores antiuribistas de centro que habitan en las principales ciudades del país. Aproximadamente un tercio de sus electores en primera vuelta (2 millones), que votaron en el pasado por el SÍ en el plebiscito por la paz, y por candidatos como Sergio Fajardo, Humberto de la Calle y Claudia López, fueron seducidos por la frase repetida, como Paracetamol en farmacia, por el ex alcalde de Bucaramanga una y mil veces ante cualquier pregunta “el problema no es ese, el problema es que los políticos corruptos se roban el dinero”.

Pero el candidato anticorrupción Hernández está imputado por la Fiscalía General de la Nación por corrupción.

El caso de “Vitalogic”, que involucra a Rodolfo Hernández en la celebración indebida de un contrato de consultoría que buscaba implementar nuevas tecnologías para el manejo de las basuras en el relleno sanitario de El Carrasco, tiene al ingeniero inmerso en un juicio que comenzará formalmente el 21 de julio, dos semanas antes de la posesión presidencial.

La marca registrada del ingeniero Hernández

No es un secreto para nadie que el tono disonante, altivo, y vulgar del advenedizo Rodolfo Hernández, hasta hace un año desconocido por la opinión pública, caló en un amplio sector de la sociedad cansado de la hipocresía de los postulantes políticamente correctos, al desafiar las formas tradicionales de comunicar en la política nacional. El único problema es que su aparición, en esta contienda presidencial, vació totalmente de contenidos a una campaña inédita en la que el mismo candidato decidió no asistir a debates con sus rivales respaldado por sus 6 millones de electores y por los 5 millones de Federico Gutiérrez, tercero en la primera vuelta quien fue postulado por toda la derecha tradicional, incluido el presidente Iván Duque.

Por su parte Gustavo Petro, su contendor, logró 8.5 millones de votos y desde mayo 30 se ha visto abocado a remontar una diferencia que parecía imposible, pero que, al día de hoy según todas las encuestas, lo ubica en empate técnico con el excéntrico Hernández.

Paradójicamente las múltiples entrevistas que el candidato de la Liga Anticorrupción ha dado a diferentes medios de comunicación durante la contienda presidencial, y las decenas de audios y videos que circulan por las redes sociales, han terminado por desvelar la verdadera cara del insolente Hernández, quien amenaza con dispararle a una persona, compara frecuentemente a las prostitutas con los políticos, asegura que las “venezolanas son fábricas de hacer chinitos (hijos)”, y dice que “las mujeres deberían estar en la cocina criando a los hijos y no en la vida política”. Esto último, la forma despectiva en la que se refiere a las mujeres ha terminado por indignar a múltiples colectivos y organizaciones feministas creando un divorcio entre Hernández y los dos millones de electores y electoras antiuribistas que votaron por él en primera vuelta.

Rodolfo Hernández, los orígenes de un gamonal regional a la sombra

“Financio los edificios que hago y cojo las hipotecas, esa es la vaca de leche. Imagínese 15 años un hombrecito pagándome intereses, eso es una delicia” es uno de los apartes de las cientos de conversaciones que antiguos colaboradores, y personas que han realizado negocios con Rodolfo Hernández, han filtrado a la opinión pública.

Hernández, ingeniero de 77 años y ex alcalde de Bucaramanga, la quinta ciudad del país, ha acumulado una fortuna cercana a los 100 millones de dólares construyendo viviendas de interés social durante los últimos 30 años, en el área metropolitana de esta ciudad, ubicada al oriente del país. Pero ¿cómo ha logrado posicionarse como un actor relevante en esta modalidad inmobiliaria que depende en gran parte de subsidios públicos?

Todo se remonta a la década de los 70, cuando Hernández decide lanzarse al concejo de Piedecuesta, ciudad aledaña a Bucaramanga, desde donde empieza a tejer influencias políticas para apalancar los negocios de su empresa Hernández Gómez y Compañía (HGC). Después de un periodo de receso en la actividad pública, el ingeniero Rodolfo vuelve a ejercer cargos públicos en 1995 para ser destituido por la Procuraduría Provincial de Santander por firmar contratos para HGC siendo concejal.

Este traspiés no detuvo el voraz apetito de Hernández de utilizar el poder político para impulsar su emprendimiento urbanístico privado con dineros públicos. De hecho, durante 20 años (1995 – 2015), el ingeniero Hernández encuentra en la financiación de campañas por todo el departamento de Santander como la manera de amasar su cuantiosa fortuna.

Los pobres, las “vacas de leche” que más detesta el ingeniero

“A mí me hicieron rico los pobres” y “tener a pobres consumiendo es el mejor negocio” son dos de las frases que mejor ejemplifican la relación utilitarista que el ingeniero Hernández ha tenido con las clases menos favorecidas. Con ellas se hizo millonario en Bucaramanga y sus alrededores, con ellas logro la Alcaldía en 2015, después de engañar a 20.000 familias con promesas de subsidios de vivienda que nunca fueron entregadas.

Es tan despectivo el vínculo del excéntrico empresario Hernández con las personas humildes de Colombia, que no solo los ha utilizado por casi 50 años para sus fines, sino que planea acabar con la entidad que otorga los subsidios estatales a millones de familias (Prosperidad Social) y con su programa bandera, denominado “Familias en Acción”.

En resumidas cuentas, el viejito hilarante de TikTok, que dice “limpiarse el culo con la ley”, resulto un granuja peligroso no solo para los desdichados de Colombia sino para sus instituciones, las cuales corren peligro de desmoronarse en caso de que Hernández se imponga en la segunda vuelta presidencial, el próximo domingo 19 de junio.

1 Investigador social del Centro de Estudios Sindicales y Populares (Cesipor), publicista, investigador social, director del Laboratorio de Innovación Política Somos Ciudadanos.

Edición 782 – Semana del 18 al 24 de junio de 2022
   
 
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