La OTAN y la seguridad europea

 
 
 

“La Cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte – OTAN celebrada en Madrid, culminó con un acuerdo para reforzar las capacidades de la Alianza. Para ello, los representantes de los países miembros coincidieron en la necesidad de incrementar el gasto y las inversiones en defensa y seguridad”.

 
Alberto Ramos Garbiras1
 
 

Terminó hace 2 días la Cumbre de la OTAN en Madrid donde se trataron temas como el incremento de la solidaridad continental, los desequilibrios territoriales y el problema de la globalización sin gobernanza, la inseguridad creciente y las amenazas ecológicas, las migraciones en ascenso y el rebrote de la carrera armamentista. Sobre la inseguridad por la agresión rusa, la alarma se había disparado en Gales desde el año 2014 por la invasión a Crimea. La página digital theconversation.com, expuso que, “Una de las principales diferencias del Concepto Estratégico de Madrid será el reconocimiento de Rusia como enemigo, algo que ya hizo la OTAN en la Cumbre de Bruselas de 2021. El concepto estratégico de Madrid nacerá de la voluntad del Secretario General por modernizar la Alianza, voluntad que ha sabido superar los vetos de algunos líderes como Donald Trump, quien hizo todo lo posible por frenarlo”.

La Unión Europea (UE) es un ente territorial continental y multilateral para tener un mercado transnacional ampliado, una moneda común, buscaron facilitar los intercambios comerciales, tecnológicos, científicos, para disminuir barreras aduaneras y lograr mayor efectividad en las transacciones y operaciones comerciales, ampliar las ciudadanías de la mancomunidad y volver plurales las nacionalidades con al tratado Schengen; son muchos los beneficios logrados desde que comenzaron a agregarse países después de la catástrofe de la segunda guerra mundial, donde Europa al ser destruida, y casi mendicante se fue recuperado por el Plan Marshall; vino la Conferencia del Acero y el Carbón, en Roma, y todos los intentos diplomáticos de agregación que gradualmente conformaron la comunidad europea, hoy es la Unión Europea UE, de 27 miembros ante la salida de Gran Bretaña, en el 2020 por el Brexit del 2016, un error de cálculo por la polarización de las derechas que motivaron esta votación.

La página web www.ceoe.es anunció que, “La Cumbre de la OTAN celebrada en Madrid culminó con un acuerdo para reforzar las capacidades de la Alianza. Para ello, los representantes de los países miembros coincidieron en la necesidad de incrementar el gasto y las inversiones en defensa y seguridad. La reunión ha supuesto también la firma de un importante acuerdo para impulsar un fondo de innovación destinado a potenciar la competitividad tecnológica en este ámbito (…) una cumbre trascendental para definir la nueva estrategia de la Alianza para los próximos años y afrontar los desafíos de seguridad surgidos tras la invasión rusa de Ucrania y la irrupción de China como potencia militar global”.

La Unión Europea (UE) requiere de un federalismo continental que lleve a la defensa confederada: La defensa común. El mayor avance hacia la defensa comunitaria lo plasmaron en el Tratado de Lisboa (2007) que entró en vigor en el 2009, pero la defensa común aprobada remite a la Carta de las Naciones Unidas (ONU), al tratado de Maastricht y al tratado de París. El Tratado de Lisboa es una readaptación de dos tratados, modificó el Tratado de Maastricht (1992), conocido en versión actualizada como el Tratado de la Unión Europea (2007), y el Tratado de Roma (1957). O sea, en la práctica no hay un dispositivo inmediato para la defensa común, todo se remite a los aportes de contingentes militares de los países miembros que están solo en el papel, como el ejército mismo de la ONU (Carta de San Francisco 1945), otro papel como diría Ferdinand Lasalle, así, quedaron maniatados por el Consejo de Seguridad, en virtud del derecho al veto de cualquiera de los 5 miembros de carácter permanente, entonces son dos ejércitos nominales o meramente concebidos. Los 140.000 hombres desplegados, el 80% son norteamericanos, entre el Mar Negro y el Báltico, y los aviones y barcos, también, por ende, la UE está expósita si se tratara de fuerzas propias.

La Unión Europea no tiene un ejército propio, real y activo, depende de otras naciones coaligadas y depende de la OTAN, donde 21 de sus miembros hacen parte de ella para la seguridad colectiva y exterior. Esto se traduce en dependencia e inseguridad porque la defensa no está asegurada ante la eventualidad de un ataque súbito o inminente. Y ante la OTAN están, por ende, bajo la égida de los EE. UU. que después de ser los salvadores de Europa por su participación efectiva en la segunda guerra mundial, siguen siendo la sombrilla de protección para los europeos.

Pablo Simón, un investigador de la Universidad Carlos III de Madrid, dice que Norberto Bobbio, se inclinaba por los buenos arreglos y las buenas instituciones. Bobbio, ese gran jurista, profesor y senador italiano, criticaba el pacifismo pasivo, o sea la idea de que el progreso y la evolución humana, per se, llevarían al abandono de la violencia, logrando de suyo una sociedad civilizada y en paz (puro racionalismo ilustrado). Y hoy con la invasión de Rusia a Ucrania, estamos percibiendo que el pacifismo pasivo no es suficiente, los mismos suecos y los finlandeses, dos culturas indiscutibles, quieren ingresar a la OTAN porque no ven en firme, ni garantizada la seguridad frente a la arremetida rusa para recuperar territorios que le permitan el proyecto de un mercado común euroasíatico y la Federación Rusa busca tener certeza que las bases militares atlantistas no se le van a acercar más hacia el este. La misma UE no tiene garantizada la seguridad por no haberse constituido bajo la manera federalista que fue el anhelo Kantiano, el filósofo de Konisberg, hoy kaliningrado.

Norberto Bobbio, creyó que el federalismo europeo era un antídoto para conseguir la paz. El federalismo divide el poder, da más participación, va contra la centralización de los recursos y no es compatible con el concepto del soberano que nació con los Estados-nación. Bobbio consideró que el federalismo al expandirse entre diferentes unidades políticas limita la autonomía de los estados que lo integran para hacerse la guerra entre sí. Y al mismo tiempo persuade o demuestra a los otros estados que respeten la Federación al evidenciar o mostrar las fortalezas de la unidad.

La Unión Europea (UE) tiene la apariencia de una Federación pero no funciona el federalismo, son países en una unidad territorial continental, contiene propósitos valiosos e importantes que le dan muchas fortalezas en el contexto de la globalización, pero para que funcione el Federalismo se debe renunciar a la soberanía absoluta de cada Estado (y hacer más cesión de soberanías parciales), como se hace desde hace mucho tiempo para permitir empresas transnacionales en la producción, o se viene haciendo para aceptar las decisiones (Resoluciones) de la ONU, etc., entonces, declinando unas porciones de la soberanía estatal, se cede parte del monopolio de la fuerza pública de cada Estado, y se crea un aparato de fuerza para la Federación, dándole cuerpo y forma al tratado de Lisboa, así se pueden desactivar preventivamente las guerras.

EE. UU. no hace parte del territorio europeo, pero lidera la OTAN, y los EE. UU. tienen desde el principio su propia Federación (es un Estado Federal) porque son 51 estados anexados a una forma de orden territorial con su propia fuerza militar de defensa interna, lo que explica que posean el mayor ejército del mundo. De otro lado, la ONU es un organismo multilateral supranacional y supra-continental, reúne cerca de 193 países de manera multilateral y tiene su aparato de fuerza en la carta fundacional o constitución mundial pero que no es operativo sin la aceptación del Consejo de Seguridad (de otro lado, tiene cascos azules con carácter humanitario y hospitalario), estos cascos azules no son un aparato militar de combate, por ello se apoya en la OTAN; pero la ONU al cubrir varios países en 5 continentes, no se asimila al Federalismo funcional que requiere de estados sobre un mismo territorio homogéneo para interactuar y socorrerse; entonces la ONU tiene es otra clase de unidad y, además, debe atender con suficiencia los excesos que se cometan en otras latitudes contra los derechos humanos por ser estos patrimonio de la humanidad (y no lo hace con efectividad), y debería atender los problemas globales como el terrorismo global, el cambio climático, las pandemias con la OMS, y otros asuntos globales, para eso tienen los recursos de todos los países que pagan por la membresía, y no logran controlar integralmente ninguno de los problemas, de allí el desorden mundial. La UE si pudiera redefinirse para tener un federalismo efectivo y cumplir con los anhelos de teóricos como Sain-Simon y Agustín Thierry, o los lineamientos del manifiesto de Ventotene. De esta manera vemos en la UE, hasta ahora, a un federalismo incompleto que no garantiza la seguridad común.

Hay quienes argumentan que la OTAN debió haberse quedado operando solo en los límites que tenía cuando cesó el Pacto de Varsovia después de la caída del muro de Berlín; se afirma que a Gorvachov se le prometió que la OTAN no se extendería hacia el este. Indudablemente el mayor recelo de Rusia es la permanencia de EE. UU. y su liderazgo dentro de la OTAN sin ser un Estado europeo que ya cumplió su papel de cooperación con Europa para librar al continente del totalitarismo nazista, como también lo hizo Rusia en la segunda guerra mundial. Pero Europa no ha cortado nunca el cordón umbilical con los EE. UU, como los cooperadores y salvadores. Entonces hoy la defensa común continental que debería ser meramente federal se refundió con la multilateralidad y combinado con el crecimiento de las armas nucleares, de los estados nucleares formados en la postguerra, se excedió la disuasión, aumentando la amenaza latente. En esas circunstancias de expansión de la OTAN hacia el este, muchos se preguntan, ¿se trata de seguridad o de provocación?

Desde el 24 de febrero con la invasión de Rusia a Ucrania se plantean muchos interrogantes para la UE, la ONU, los EE. UU., también sobre la funcionalidad del derecho internacional y del orden mundial. Los efectos se están viendo en la economía y las relaciones internacionales. La seguridad mundial tiene expectativas nefastas porque un mal desencadenamiento puede detonar una guerra nuclear. Pero en lo inmediato la UE ha tenido momentos difíciles ante las reiteradas solicitudes de Ucrania para que lo incorporen a la OTAN o al menos solicitando la zona de exclusión aérea a fin de evitar los bombardeos con sus letales consecuencias (zona de exclusión que la OTAN si aplicó en Libia); luego ante la negativa, han pedido sanciones económicas contra Rusia (que ya se están practicando) y solicitaron armas defensivas que también se les ha proporcionado; con la respuesta hosca de Rusia sobre una intervención indirecta y amenazas veladas. Y una actitud retadora por el ingreso de Suecia y Finlandia que se anunció el 30 de junio de 2022, para aplicar el ingreso rápido y fluido que había anunciado Jens Stoltenberg, de esta manera esos dos países quedaran cobijados o protegidos por el artículo 5 del del Tratado de Washington (1949), o estatuto/OTAN.

En esta coyuntura la UE ha sentido y comprobado que la defensa común es deficiente. La entrega de armas a Ucrania como cooperación, de todas maneras, crea una clase de intervención que sin ser operaciones directas o in situ, se podría calificar como una proxy-guerra, en otras palabras, guerra por delegación, y se asemeja a las guerras de baja intensidad durante la guerra fría. El ministro Lavrov, expresó que esos cargamentos donados son objetivos de ataque. Esto explica el bombardeo reciente a bodegas en Kiev, cuando ya la guerra de invasión estaba solo concentrada en la región del Dombas.

1 Especialización en derecho constitucional, Universidad Libre; Magister en ciencia política de la Universidad Javeriana; PhD en Realidad Política Latinoamericana, Universidad Nacional (UNED) de Madrid España; ha sido profesor de ciencia política en la Universidad Libre y la Universidad Santiago de Cali. Profesor de las asignaturas derechos humanos y derecho internacional, también asumió la cátedra de paz, en la Universidad Libre.

Edición 784 – Semana del 2 al 8 de julio de 2022
   
 
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