El valle del agua

 
 
 

Medellín y varios municipios están asentados en el valle del río Aburrá o Medellín. Y ese río, el dueño del valle, es alimentado por miles de quebradas de corta vida e impredecibles caudales ante la estrechez del valle. El río Medellín pues, no es solo ese que corre atravesando su valle sino también todos esos veleidosos afluentes directos e indirectos.

  Álvaro González Uribe
 
Abogado, periodista y escritor – @alvarogonzalezu
 
 

Medellín, Aburrá… Por lo general un valle toma su nombre del río que lo cruza. Digamos que entonces el valle es del río y tiene su razón de existir por ese río que le presta su nombre. En otras palabras, esa conformación geológica llamada valle no existiría sin el río que la atraviesa.

Y sigamos fluyendo: Un río es una corriente de agua con cierto recorrido, caudal e identidad. Pero un río no conserva el mismo caudal con que nace, de lo contrario sería siempre un riachuelo. Un río, para que sea tal, necesita alimentarse en su viaje por otros caudales: riachuelos, quebradas, lluvias y otros ríos, hasta convertirse en mar. Al fin y al cabo, el mar son todos los ríos y todas las lluvias juntos. El agua es una sola en el planeta y sin solución de continuidad así algunas parezcan separadas y en diferentes formas: ríos, lagos, nieves, humedales, nubes, hielos y mar. Hasta nosotros estamos en esa cadena.

Un río, entonces, es parte de esa agua planetaria y no existe solo y aislado, tanto porque forma más aguas, como porque está formado por otras aguas. Su zona de influencia se llama cuenca, o gran cuenca para ser más claros, como el agua.

Medellín y varios municipios están asentados en el valle del río Aburrá o Medellín. Y ese río, el dueño del valle, es alimentado por miles de quebradas de corta vida e impredecibles caudales ante la estrechez del valle. El río Medellín pues, no es solo ese que corre atravesando su valle sino también todos esos veleidosos afluentes directos e indirectos. Es toda una intrincada telaraña de agua que baja de las montañas y no solo del alto de San Miguel desde donde se considera su nacimiento oficial. Esas quebradas son parte del río. Medellín es agua que se desliza por sus montañas, Medellín es agua por todas partes. ¿No es esa una inmensa riqueza?

Pero esas aguas son un estorbo para muchos, pues sobre ellas y los espacios de amortiguación que requieren para latir no se puede construir. ¿Estorbo?, ¡qué va!: arrinconamos, encajonamos, forzamos, desplazamos, cubrimos o hasta matamos esas aguas. El “desarrollo” de Medellín ha sido su endurecimiento. “Hórmigon Valley”.

¿Resultado? Hacemos agua. Y lodo y de todo. Claro, lo fácil es echarle la culpa a don cambio-climático, que obvio tiene que ver, y mucho, pero no es solo eso, o mejor, es eso como producto de nuestro desprecio por las quebradas.

Nos enorgullecemos de nuestra previsión por haber reservado la franja por donde corre el río Medellín para usarla como eje estructurante de la ciudad, del valle. Y eso estuvo bien. Por allí van grandes vías para automóviles, el Metro, quizás el tren de cercanías y hasta dicen que drones por encima e incluso alumbrados navideños. Es la espina dorsal de la ciudad.

Felicitaciones. Pero se nos olvidó y sigue olvidando lo que expresé arriba: El río no es solo esa corriente de agua que atraviesa el valle, el rio son todas sus quebradas y conducciones superficiales y subterráneas afluentes. Primero lo aprisionamos abajo, contra natura lo enderezamos, y luego y de a poco encarcelamos linealmente sus extremidades. A todos les arrebatamos su posibilidad de respirar, de ser ellos, de bailar su ritmo natural.

Nuestro flamante Metro se mueve la mayor parte del tiempo aprovechando la milenaria ruta principal del río. Qué bien. Pero resulta que para ello no tuvimos –no tenemos– en cuenta algo: ¡el río! No es posible tener un Metro sano sin un río sano cuando éste es su base, su ruta, su compañero inseparable en la línea más importante cuyo colapso infarta las demás rutas. Y un río sano es imposible sin sus afluentes sanos. El río empieza en el alto de san Miguel, pero también en todos los nacimientos de todas las quebradas que lo nutren. Entonces el Metro también empieza allí.

Y eso para solo mirar las graves consecuencias de ciudad que traen las suspensiones del Metro. También ese maltrato a las quebradas causa inundaciones, deslizamientos, tragedias.

Medellín es un valle de agua. Y atropellamos sus aguas. Y ya somos distrito, sí, pero distrito de riesgo. ¿Hay un plan? No, no lo hay. Que llueva que llueva que el alcalde está en la cueva. Y mientras tanto esas aguas reclaman su trono y señorío, nos gritan que ellas mandan, que irrespetamos sus ciclos naturales, que sus caminos responden a la infalible ley de la gravedad, que ellas no son quienes se nos abalanzan sino nosotros sobre ellas, que la avalancha somos nosotros.

Y que la primavera no era eterna.

Edición 805 – Semana del 26 de noviembre al 2 de diciembre de 2022
   
 
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