Bienvenidos a Sodoma

 
 
 

“Sodoma es un trabajo de investigación llevado a cabo sobre el terreno durante cuatro años, en Italia y en más de treinta países. La mayor parte de la información que contiene este libro es, por lo tanto, de primera mano, recopilada personalmente por el autor sobre el terreno (no se realizó ninguna entrevista por teléfono o por correo electrónico) …”

  Julio César Carrión Castro
 
Politólogo
 
 

-Fragmentos de la obra “Sodoma poder y escándalo en el Vaticano” de Frédéric Martel-

En todos los casos, estas colusiones políticas y sexuales dan sentido a una frase célebre atribuida a Oscar Wilde: «Todo trata de sexo, excepto el sexo. El sexo trata del poder»

El escritor e investigador francés Frédéric Martel publicó en el año 2019 su libro “Sodoma poder y escándalo en el Vaticano”, en el que hace un detallado recuento de las escandalosas vidas, deshonestas y hasta criminales –pero habilidosamente ocultas y veladas por la inveterada aplicación de un doble racero moral por parte de los clérigos y por las propias estructuras del poder del Vaticano–. Muestra el autor, con muchos ejemplos, las conductas licenciosas, disolutas, corruptas, depravadas que, tanto histórica como contemporáneamente, han llevado muchísimos prelados y dignatarios de la iglesia católica en el mundo entero; nos enseña cómo la homosexualidad pervertida, organiza y ordena todas las relaciones de ese, al parecer, omnímodo poder. Nos dice que: “El Vaticano tiene una de las comunidades gay más numerosas del mundo”. Señala que el papa vive en Sodoma, amenazado, atacado y criticado desde todos los flancos. Y aclara que, afirmar que Francisco está “entre los lobos”, no es un postulado del todo cierto o exacto: “está entre las Locas”

Como el propio autor lo ha manifestado: “Sodoma es un trabajo de investigación llevado a cabo sobre el terreno durante cuatro años, en Italia y en más de treinta países. Se realizaron un total de 1.500 entrevistas, con 41 cardenales, 52 obispos y monsignori, 45 nuncios apostólicos, secretarios de nunciaturas o embajadores extranjeros, 11 guardias suizos y más de doscientos sacerdotes católicos y seminaristas. La mayor parte de la información que contiene este libro es, por lo tanto, de primera mano, recopilada personalmente por el autor sobre el terreno (no se realizó ninguna entrevista por teléfono o por correo electrónico) … Es imposible realizar una investigación de este tipo en solitario. Para llevarla a cabo, he dispuesto de un equipo que incluye a más de 80 colaboradores, traductores, asesores e investigadores repartidos por todo el mundo…”

A continuación, pretendo presentar, un pequeño muestrario, una muy somera visión de este magnífico libro, brevísimos fragmentos de esta enjundiosa obra, en las palabras de su propio autor.

Las reglas de sodoma

“Tengo curas que me pagan solo para dormir conmigo. Hablan de amor, de historias de amor. Tienen una ternura delirante. ¡Parecen modistillas! Me reprochan que les beso mal, y esos besos parecen importantes para ellos. Luego están los que quieren “salvarme”. Los curas siempre quieren ayudarnos, “sacarnos de la calle” …
Un prostituto de Roma.

La obra de Martel nos muestra el itinerario de una corrupta institución, enraizada totalmente en la corrupción y el crimen, reitera que no se trata de “algunas manzanas podridas”, de “ovejas negras”, o “de peces malos en la red de Pedro” (como dijo Joseph Ratzinger, el expapa Benedicto XVI), que alteran, tergiversan o modifican unos principios, tesis o valores “universales”, sino de una sistemática orientación, de una institución que, a lo largo de toda su historia, se ha sostenido gracias a la violencia institucional y a la más mezquina corruptela. Presenta el autor, en más de 630 páginas, un detallado panorama de las condiciones políticas, históricas, sociales y culturales que han hecho viable la constitución de un organismo tan profundamente fijado e instituido, desde un homosexualismo basado en el abuso, la perversión, la pederastia; detalla cómo, efectivamente, existen una serie de reglas, códigos y normas de sumisión, acatamiento y continuidad, que desbordan los simplemente establecido para una secta o facción, reglas que superan los lazos meramente religiosos y confesionales.

Reglas de pertenencia que el autor resume en estos fundamentales puntos:

Primera regla de Sodoma: Durante mucho tiempo el sacerdocio ha sido la escapatoria ideal para los jóvenes homosexuales. La homosexualidad es una de las claves de su vocación. (Pág. 27)

Segunda regla de Sodoma: La homosexualidad se extiende a medida que se acerca al sanctasanctórum; conforme se asciende en la jerarquía católica, la proporción de homosexuales aumenta. En el colegio cardenalicio y en el Vaticano culmina el proceso de selección: la homosexualidad es la regla y la heterosexualidad la excepción. (Pág. 29)

Tercera regla de Sodoma: Cuanto más vehemente es un prelado contra los gais, cuanto más fuerte es su obsesión homófoba, más posibilidades existen de que no sea sincero y de que su vehemencia nos oculte algo. (Pág. 56)

Cuarta regla de Sodoma: Cuanto más progay es un prelado, es menos susceptible de ser gay; cuanto más homófobo es, hay más probabilidad de que sea homosexual. (Pág. 64)

Quinta regla: En la santa sede los rumores, las difamaciones, los arreglos de cuentas, la venganza y el acoso sexual son frecuentes. La cuestión gay es uno de los principales motores de estas intrigas. (Pág.85)

Sexta regla: y una de las más esenciales de este libro: En la mayoría de los casos de abusos sexuales aparecen sacerdotes u obispos que han protegido a los agresores debido a su propia homosexualidad y por miedo a que esta saliera a relucir si estallaba el escándalo. La cultura del secreto, que era necesaria para guardar silencio sobre la fuerte prevalencia de la homosexualidad en la Iglesia, ha propiciado el ocultamiento de los abusos sexuales y la actuación de los depredadores. (Pág. 117)

Séptima regla de Sodoma, que se verifica casi siempre: Los cardenales, los obispos y los curas más gay-friendly, y los que hablan poco de la cuestión homosexual, generalmente son heterosexuales. (Pág. 151)

Octava regla de Sodoma: Una regla sociológica destacable. Descubrí que la presencia de curas en busca de prostitutos en Roma es un negocio bien montado, una pequeña industria… muchos prelados, incluyendo obispos y cardenales, cuyos nombres se conocen…En la prostitución romana entre los curas y los Escorts árabes se acoplan dos miserias: la frustración sexual abismal de los curas católicos hace eco con la restricción del islam, que pone trabas a los actos heterosexuales de los jóvenes musulmanes fuera del matrimonio. (Pág.157)

En toda Europa la despenalización de la homosexualidad, la proliferación de bares y saunas, las apps para móviles, las leyes sobre el matrimonio homosexual y la socialización de los gais tienden a reducir el mercado de la prostitución masculina callejera. Con una excepción: Roma. La explicación es muy sencilla: los curas mantienen activo este mercado cada vez más anacrónico en los tiempos de Internet. Y por motivos de anonimato buscan sobre todo migrantes.

Novena regla de Sodoma: Por lo general los homófilos del Vaticano evolucionan desde la castidad hacia la homosexualidad; los homosexuales nunca hacen el camino inverso para volverse homófilos. (Pág. 202)

(Utilizo aquí la palabra “gay” a propósito, con un anacronismo deliberado. Aunque deben preferirse las palabras propias de cada época –y por eso utilizo los conceptos de “homofilia”, “amistad amorosa” e “inclinaciones” cuando hace falta–, a veces también hay que llamar a las cosas por su nombre. Durante demasiado tiempo, en los libros de texto, se ha escrito que Rimbaud y Verlaine eran “amigos” o “compañeros” y todavía hoy leo en los Museos Vaticanos referencias a Antínoo como “favorito” del emperador Adriano, cuando se trataba de su amante. El uso anacrónico de la palabra “gay” es aquí políticamente fecundo.

Décima regla de Sodoma: Los sacerdotes y teólogos homosexuales son mucho más propensos a imponer el celibato que sus correligionarios heterosexuales. Se obstinan en hacer cumplir esta consigna de castidad, pese a que es intrínsecamente antinatural. (Pág. 210).

Los más fervientes partidarios del voto de castidad son, por tanto, los más sospechosos…

Undécima regla de Sodoma: La mayoría de los nuncios son homosexuales, pero su diplomacia es esencialmente homófoba. Denuncian lo que son. En cuanto a los cardenales, obispos y sacerdotes, ¡cuanto más viajeros, más sospechosos acaban siendo!

(Son muchos los nuncios o sacerdotes que me han descrito su turismo sexual sobre el terreno.) (Pág. 358).

Duodécima regla de Sodoma: Quienes propagan rumores sobre la homosexualidad de un cardenal o un prelado suelen ser homosexuales disimulados que atacan a sus adversarios liberales. Dichos rumores son las principales armas usadas en el Vaticano por unos gais contra otros. (Pág. 451).

Decimotercera regla de Sodoma: En el transcurso de mi investigación, he descubierto en el seno del clero relaciones amorosas auténticas …Acostarse con el secretario privado es un modelo omnipresente en la historia del Vaticano. Es un gran clásico de la santa sede: los amantes-secretarios son tan numerosos, la tendencia está tan arraigada que hasta podríamos convertirla en una nueva regla sociológica: No busquéis quiénes son los compañeros de los cardenales y de los obispos; preguntad a sus secretarios, a sus asistentes o a sus protegidos, y por su reacción conoceréis la verdad… (Pág. 613).

¿Acaso no afirmaba Nietzsche que “el matrimonio [ha de ser] considerado como una larga conversación”? Apareándose con un asistente, los prelados acaban construyendo relaciones duraderas, cuyos vínculos son tanto el trabajo como los sentimientos. Eso puede explicar su larga duración, ya que también son relaciones de poder. Muchos cardenales deben su éxito sexual a su posición: han sabido alimentar y alentar la ambición de sus favoritos.

Decimocuarta y última regla de Sodoma –y de este libro–: Es una lógica ya analizada por el escritor francés Marcel Proust, en cuanto a los amores homosexuales, y en ella me inspiro: A menudo nos equivocamos respecto a los amores de los sacerdotes y al número de personas con las que tienen relaciones, “porque equivocadamente interpretamos amistades como enredos, lo que es un error por adición”, pero también porque cuesta imaginar amistades como enredos, que es otro tipo de error, en este caso por sustracción. (Pág. 615).

El autor al concluir su obra considera pertinente establecer esta aclaración: “El mundo que he descrito en este libro no es el mío. Yo no soy católico. Ni siquiera soy creyente, aunque sé muy bien cuál es la importancia de la cultura católica en mi vida y en la historia de mi país, un poco en el sentido en que Chateaubriand habla del «genio del cristianismo». Tampoco soy anticlerical y, además, este libro no va contra el catolicismo, sino que, en primer lugar y, ante todo, pese a lo que pueda pensarse, es una crítica algo especial a la comunidad gay, una crítica a mi propia comunidad…” (Pág,621).

Todas estas reglas y códigos psicosociales –como de logia o sociedad secreta–, exigidos dentro de la comunidad clerical del Vaticano, y presentados de manera cruda y descarnada por Martel, constituyen una especie de certificación de una permanente “minoría de edad” en los dependientes de estos grupos de poder, por el abuso institucionalizado de la iglesia.

Como lo previera Sigmund Freud, al establecer que todos los fenómenos religiosos tienen total correspondencia con los síntomas neuróticos, que encubren lo reprimido con delirios e ilusiones. Delirios que, en medio una terrible impotencia, frente a las exigencias de la vida y del principio de la realidad, logran, paradójicamente, armonizar los sentimientos de temor, consuelo y esperanza, haciendo para los creyentes y adeptos, necesaria y permanente la imagen de un padre todopoderoso: Dios.

“Freud afirma que el predominio de la vida imaginativa y de la ilusión sustentada por el deseo insatisfecho es un fenómeno característico de las neurosis siendo el autoerotismo y período de latencia los factores que provocan un estacionamiento del desarrollo psíquico de las pulsiones sexuales reteniéndolas aún por mucho tiempo bajo el dominio del principio del placer. Este predominio de la imaginación también se manifiesta en la actividad anímica de la masa cuando la prueba de realidad sucumbe a la poderosa energía afectiva de los deseos. La masa, organizada como un psiquismo primitivo, quiere ilusiones y no la verdad siguiendo la tendencia característica de no distinguir entre lo real y lo irreal”.
María Cristina Moritz.

Algunas ideas de Freud acerca de la religión

Desde sus orígenes el judeocristianismo, y sus más diversas corrientes herederas, han tenido una actitud de desprecio y de persecución contra del homosexualismo, prevalidos del supuesto de que las relaciones sexuales –por mandato divino y ley natural– han sido establecidas para la procreación, entre el hombre y la mujer y, exclusivamente, bajo la disposición y bendición -sacramental- del matrimonio.

En el Antiguo Testamento se dice que en castigo por actos sexuales contrarios al mandato divino: “Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego” –Génesis 19:20-24. En Levítico 20:13, se dice: “Si alguien se acuesta con un hombre como si se acostara con una mujer, se condenará a muerte a los dos, y serán responsables de su propia muerte, pues cometieron un acto infame”.

Así mismo, en el Nuevo Testamento es muy clara la condena a la homosexualidad. Pablo de Tarso –algo así como el gerente general de la propuesta cristiana– es muy preciso es sus distintas Epístolas: “Dios los ha abandonado a pasiones vergonzosas. Incluso sus mujeres han cambiado las relaciones naturales por las que van contra naturaleza; y, de la misma manera, los hombres han dejado sus relaciones naturales con la mujer y arden en malos deseos los unos por los otros. Hombres con hombres cometen actos vergonzosos y sufren en su propio cuerpo el castigo de su perversión”, se lee en la Epístola a los romanos, 1:26-27. En la Primera Epístola a los corintos 6:9-10: “…ni hombres que acuestan con hombres, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios”. En la Epístola a Judas, 1:7-8, dice: “como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquellos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas, por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno, sirven de ejemplo. Igualmente, éstos, a pesar de todo, alucinados en sus delirios, manchan la carne, desprecian al Señorío e injurian a las Glorias”.

Lo cierto es que la Iglesia católica, El Vaticano, y todas sus instituciones ideológicas y doctrinales, establecidas para el manejo de las masas de seguidores y creyentes, hipócrita y farisaicamente, siempre se ha pronunciado de manera oficial en contra de los gay y de los homosexuales en general, despreciándolos, acusándolos de pervertidos, persiguiéndolos, injuriándolos, amenazándolos con el fuego eterno y negándoles, sistemáticamente, el ilusorio cielo, pero ocultando, eso sí, la terrible verdad que siempre los ha acompañado y que, de una forma aclaratoria, valerosa y útil, Frédéric Martel nos devela en este admirable libro.

Edición 805 – Semana del 26 de noviembre al 2 de diciembre de 2022
   
 
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