Mapa de riesgo electoral de Bogotá Senado - Cámara de Representantes
Febrero 18 de 2026
Según el Mapa de Riesgo Electoral 2026 elaborado por la Misión de Observación Electoral (MOE) – Regional Bogotá, hay 315 de 901 puestos de votación (34 %) con algún nivel de riesgo para las próximas elecciones al Congreso, de los cuales 36 puestos de votación se clasificaron en riesgo extremo, 130 en riesgo alto y 149 en riesgo medio. El riesgo, sin embargo, no está distribuido de manera homogénea.
Bogotá es una ciudad donde la mayoría de las personas habilitadas para votar no lo hace. En las elecciones legislativas de 2022, solo el 44 % del censo participó en la elección de Cámara de Representantes (2.819.975 votantes) y el 45,95 % en la elección de Senado (2.742.293 votantes). Es decir, más de la mitad del electorado bogotano se abstuvo, una realidad estructural que sirve de telón de fondo para entender los riesgos electorales que hoy se concentran en determinadas localidades de la ciudad.
Para la coordinación de la MOE en Bogotá, “las mayores alertas se concentran en el sur, suroccidente y algunos sectores del centro de la ciudad. Sumapaz presenta una situación extrema: el 100 % de sus puestos de votación está en riesgo. Le siguen Ciudad Bolívar y Santa Fe, donde tres de cada cuatro puestos presentan atipicidades. También superan el 50 % Usme, San Cristóbal, Bosa y Chapinero”. En estas localidades se repite un patrón preocupante: baja participación electoral atípica, acompañada de votos nulos elevados y tarjetones no marcados, señales que, sostenidas en el tiempo, revelan problemas más profundos que una simple irregularidad aislada.
El análisis por variables refuerza la alerta. La baja participación es el principal factor que “jala” el riesgo extremo en territorios como Ciudad Bolívar, Bosa y Santa Fe. Aunque en localidades grandes como Kennedy, Suba y Engativá el porcentaje de puestos en riesgo es menor, el número absoluto sigue siendo significativo, lo que indica que el problema no desaparece, solo se dispersa.
A este panorama se suma un elemento que agrava el escenario electoral: la violencia política. El asesinato de Miguel Uribe, candidato a la Presidencia de la República, constituye un hecho de enorme gravedad que pone en evidencia la fragilidad de las garantías para quienes hacen política, incluso en la capital del país.
La elección en Bogotá es especialmente compleja por la densidad inédita de candidaturas que confluyen en la ciudad. En la actual contienda hay 247 aspirantes a la Cámara de Representantes, a lo que se suma la campaña al Senado: con base en el comportamiento de 2022, al menos 112 candidatos al Senado harán campaña en Bogotá, una cifra conservadora si se tiene en cuenta que 177 aspirantes al Senado obtuvieron más de 1.000 votos en la capital en la última elección. Esta superposición de campañas nacionales y locales convierte a Bogotá en el escenario electoral más disputado del país.
Este volumen de candidaturas también incrementa los riesgos. De los 247 aspirantes a la Cámara, 238 nunca han sido representantes, lo que implica menor experiencia política y esquemas de seguridad más frágiles. En un contexto marcado por riesgos electorales territoriales y por hechos recientes de violencia política, esta combinación vuelve a los candidatos —especialmente a los nuevos— más vulnerables y plantea un desafío mayor para las autoridades encargadas de garantizar condiciones mínimas de seguridad y competencia democrática.
En este escenario, las recomendaciones son claras y urgentes: la Registraduría Distrital debe reforzar la capacitación de jurados, la pedagogía electoral y los controles diferenciados en puestos con antecedentes de votos nulos y baja participación; la Alcaldía de Bogotá debe asumir la participación electoral como una política pública territorializada, especialmente en las localidades donde históricamente se vota menos; y la Fuerza Pública debe diseñar un esquema de seguridad electoral focalizado, que proteja no solo la jornada de votación, sino también a los candidatos —en especial a los nuevos— y la logística previa y posterior al día electoral, en los territorios identificados como de mayor riesgo.
El mapa de riesgo electoral reconoce la sólida institucionalidad que rodea el proceso electoral en Bogotá, sin embargo sí deja una advertencia clara: en Bogotá, el derecho al voto y a la participación política no se ejerce con las mismas garantías en todos los territorios. Ignorar estas señales sería normalizar una democracia desigual justo en la ciudad que concentra uno de los electorados más grandes y decisivos del país.